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OPINIÓN | Batet, alto y claro, por Esther Palomera

La familia que sufrió los estragos del incendio de verano y de la erupción del volcán de La Palma

Alberto y Cathaysa trabajan en su finca en La Palma

''La cosa empezó torcida''. Alberto*, Cathaysa* y sus dos hijos de 4 y 18 años han sufrido los estragos del incendio que tuvo lugar en agosto en El Paso y, ahora, de la erupción del volcán de La Palma. Una semana antes de que la familia firmara la compra de una vivienda en este municipio, las llamas bordearon su zona. Por suerte, no causaron daños en el interior de su vivienda, pero atrasaron todos sus planes para reformarla y entrar a vivir. Mientras trabajaban en la adecuación de su hogar, alquilaron un piso en el barrio turístico de Puerto Naos. Doce días después, tuvieron que marcharse con lo puesto porque la colada había empezado su andadura hacia el mar, amenazando todo lo que encontrara a su paso.

La lava del volcán de La Palma supera ya una anchura de 1,2 kilómetros y afecta a más de 420 hectáreas

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Ahora, el matrimonio ha tenido que adelantar por la fuerza la entrada a su nueva casa, que no tiene luz, agua, enseres, ni ducha. Hasta el momento duermen en un colchón sobre el suelo y dedican las 24 horas de su día a convertirla a toda prisa en un lugar en el que residir en paz y a acabar con los roedores. A pocos kilómetros de su vivienda sigue rugiendo el volcán y la lluvia incesante de ceniza se cuela por las ventanas. Ambos coinciden en que quedan muchas semanas de trabajo por delante y que los días ''pesan cada vez más'', pero cuentan con la solidaridad de sus amigos y del Ayuntamiento de El Paso, que está trabajando para que la familia pueda tener luz y agua. 

Desde que el volcán entró en erupción, luchan cada noche por poder dormir. A diario van a ducharse al pabellón deportivo del municipio, pero esperan con ansias el día en que puedan tener su propia ducha en casa. ''Uno echa de menos ducharse, abrigarse e ir directamente a la cama'', cuenta Cathaysa. Para ella es ''como volver a nacer'', ya que ha perdido su independencia y necesita la ayuda del resto para poder sobrellevar su día a día. Entre las entidades que forman parte de su red de apoyo está la organización World Central Kitchen, que se encarga de llevarles a su casa comida caliente para almorzar y cenar.

A las 12.30 horas del 17 de agosto, en plena ola de calor, se registró un conato de incendio en El Paso. El Cabildo de La Palma declaró el nivel 2 de alerta y el Gobierno de Canarias tomó el control sobre la emergencia. Las llamas se propagaron también por el municipio vecino de Los Llanos de Aridane, y 120 personas tuvieron que ser evacuadas. El riesgo del incendio radicó en el espacio donde se produjo, al tratarse de una zona de interfaz urbano forestal. Las llamas afectaron a 300 hectáreas, entre las que había fincas medio abandonadas.

Decenas de viviendas se vieron afectadas en verano por el incendio, según informó entonces el presidente del Cabildo insular, Mariano Hernández Zapata. Las altas temperaturas y los fuertes vientos no ayudaron entonces a la extinción del fuego, que facilitó que se reprodujera y saltara al sur de la isla. Las llamas calcinaron decenas de árboles, vehículos y también hogares, que ahora además se han visto invadidos por la ceniza.

Tan solo un mes después, La Palma tuvo que enfrentarse a la mayor catástrofe de sus últimos años, la erupción de un volcán que ha dañado cultivos, infraestructuras y más de 1.000 edificaciones. También ha desatado una oleada de solidaridad en todo el país. El Cabildo ha recibido hasta el momento 4.179.806 euros entre donaciones de particulares y empresas privadas. Ayudas que irán ''directamente a las personas afectadas por la erupción volcánica y servirán para cubrir necesidades concretas, una vez que ya se han cubierto las necesidades básicas'', han explicado.

Rodrigo* también es vecino de Puerto Naos. Aunque su casa no ha sido destruida por la colada, se ha visto obligado a convivir en un edificio familiar con 21 personas más. Entre ellas, su pareja y su hijo de siete años. Desde hace muchos años es amigo de Cathaysa y Alberto, y aunque también es víctima de la erupción, no quiere pedir ayuda. ''Para mí lo más importante son los demás. Ojalá yo pudiera tener algo más para darles, pero no puedo'', cuenta.

Todas las personas que se han visto afectadas por el volcán han perdido algo. Sin embargo, siempre coinciden en que ''hay alguien que lo está pasando peor'', incluso esta familia de El Paso que ha tenido que sobreponerse al fuego y a la lava. ''Nosotros por lo menos tenemos un techo, hay personas que ya no tienen nada".

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