“El feminismo debe barajar todas las opresiones, yo soy mujer y también soy negra”

Melinda Decker.

Ser mujer en medio de una estructura machista es difícil, pero ser mujer negra puede serlo aún más. La joven Melinda Decker tiene 24 años y es fisioterapeuta en Gran Canaria. Su compromiso con el activismo feminista es inquebrantable, por ello, se ha convertido en la representante en el Archipiélago de Afroféminas, una comunidad para las mujeres afrodescendientes que no se suma a la huelga feminista del 8M. Afroféminas considera que el parón no arropa a las “mujeres negras, oprimidas, cosificadas, olvidadas e invisibilizadas”, tal y como han subrayado en su manifiesto. Además, valora que el método de lucha, la huelga y las demandas del 8M dejan entrever las flaquezas de un “feminismo eurocéntrico”.

El colectivo reivindica la “profunda marca de la raza en el género”, ya que el racismo empuja a las mujeres racializadas a sufrir una doble discriminación, incluso triple si son migrantes. También las obliga a superar obstáculos escondidos en todos los recovecos de la sociedad, desde el educativo al laboral donde, tal y como narra Decker, suelen ocupar “trabajos menospreciados como la limpieza, los servicios o los cuidados”. Por su parte, las violencias más sutiles y cotidianas se materializan en comentarios. “Es el caso de quienes cuestionan a las hermanas con velo por llevarlo o señalan a las mujeres gitanas afirmando que viven en una cultura machista”, explica la joven grancanaria.

Sin embargo, desde su punto de vista, la situación en Canarias respecto a la inclusión difiere del resto de España, ya que la comunidad autónoma bebe de un pasado eminentemente migratorio y goza de una gran diversidad de culturas que conviven dentro de sus fronteras. A pesar de ello, Decker insiste en que aún quedan muchas cosas que trabajar. “Yo me siento canaria, he nacido y vivo aquí, pero siento desde que soy pequeña el intento de algunas personas de extranjerizarme por el color de mi piel”, confiesa.

La huella del colonialismo

Según la activista, la huella del colonialismo y de la esclavitud aún no se ha borrado. Ejemplo de ello es la hipersexualización del cuerpo de las mujeres negras, que tiene su máximo exponente en el cine y en los videoclips musicales. “Se vende la idea de que somos fogosas, de que siempre estamos predispuestas al sexo y de que somos objetos a consumo del hombre, normalmente del hombre blanco”, narra.

Por otra parte, Melinda Decker lamenta que las mujeres racializadas cuenten con menos respaldo en sus reivindicaciones por no ser prioritarias. La concentración convocada en defensa de las nueve temporeras marroquíes que denunciaron abusos laborales y sexuales en Huelva apenas tuvo repercusión, frente a otros casos como el de ‘La Manada’. Decker recuerda que las trabajadoras eran marroquíes, migrantes, obreras y tenían familias a su cargo. Además, asegura que el número de mujeres que sufrió violaciones era mucho más amplio, a pesar de que muchas de las víctimas no denunciaran por miedo a represalias. “No quiero decir que uno sea más importante que otro, pero sí que ambos merecen la misma atención”, explica.

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Publicado el
8 de marzo de 2019 - 09:16 h

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