El sinhogarismo y la vulnerabilidad de las personas mayores en la crisis sanitaria

En Aragón hay casi 18.000 plazas para ancianos en residencias geriátricas.

Efe / Gema Martínes

Santa Cruz de Tenerife —

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La crisis sanitaria del coronavirus ha puesto cara y cifras al sinhogarismo y nos pone de frente con la vulnerabilidad, asegura la coordinadora de Acción Social de Cáritas en Tenerife, Úrsula Peñate, en una entrevista a Efe.

Pero hay muchos tipos de vulnerabilidad. Está la vulnerabilidad de las familias sin ingresos, la fragilidad de las personas sin hogar, la incertidumbre de las que se han quedado desempleadas, la angustia de las que sobrevivían gracias a la economía sumergida, y el desasosiego de las que empezaban a remontar y han vuelto, de un plumazo, a la casilla de partida, recuerda Peñate.

En el caso de las personas en situación de sin hogar, Cáritas estima que solo en Tenerife unas mil personas viven repartidas en quebradas, barrancos, casas abandonadas y cuevas.

A través de la Unidad Móvil de Atención en Calle (UMAC) la organización católica atiende a 200 de esas personas con coberturas de alimentación (incluidas comidas calientes), agua potable y kits de higiene tanto en el norte (Puerto de la Cruz), como en el sur de la isla (Granadilla, Arona y Adeje).

No obstante, su objetivo es seguir ampliando su rango de acción y atención. Por este motivo han solicitado a la Subdelegación del Gobierno que ponga a disposición a la Unidad Militar de Emergencias (UME), para que los acompañen a esos asentamientos irregulares que ya tienen detectados.

En Puerto de la Cruz, además de la entrega de productos, han habilitado, en coordinación con el Ayuntamiento de la ciudad, las duchas del Lago Martiánez para que estas personas puedan ir ducharse dos veces en semana. “Antes del coronavirus lo hacían en las duchas de la playa, pero ahora están cerradas”, explica la coordinadora.

Desde hace más de 20 años, Cáritas Tenerife gestiona seis recursos alojativos. Todos ellos han sido fortalecidos a raíz del coronavirus, sobre todo a nivel de personal, y uno de los centros, que solo daba cobertura nocturna (cena, baño y cama) ha pasado a ser 24 horas, “de forma que garanticemos el confinamiento dictado por el Gobierno”, aclara Peñate.

Para hacer frente al coronavirus, la organización católica ha tenido que reestructurarse a nivel interno y técnico, aunque gracias a su extensa red de voluntariado las Cáritas parroquiales siguen abiertas y dando respuesta a quienes más lo necesitan.

“Esa es la grandeza del ser humano en estos momentos. Cuando sabe que hay otras personas que lo están pasando mal y da un paso adelante para seguir ayudando”, afirma Peñate.

En este sentido, la coordinadora reconoce que aunque el personal de Cáritas de mayor edad ya no puede estar “en primera línea”, pues forman parte del colectivo de riesgo, continúan colaborando desde sus casas en otras tareas “igual de importantes”, como la confección de mascarillas y la preparación de comidas calientes.

Incide, además, en que aunque los gastos están siendo mayores, muchas personas y algunas empresas “se han volcado” y están aportando, desde donaciones económicas hasta donaciones en especie. “Cada uno ayuda desde donde puede y como puede, pero todo junto nos está ayudando a seguir caminando”, remata.

Además de los seis centros alojativos estables, Cáritas también ha puesto en marcha tres recursos alojativos temporales de emergencia. Dos en la isla de La Palma y uno en Puerto de La Cruz, donde atienden a 18 personas.

Hay que tener en cuenta que la mayoría de las personas sin hogar tienen una mayor prevalencia de enfermedades graves o crónicas, además de peor salud a nivel general, lo que las hace más vulnerables. Más aún con edades avanzadas.

Hoy por hoy, los recursos alojativos de Cáritas en Tenerife atienden a grupos de personas de más de sesenta y cinco, setenta e incluso ochenta años.“Y ninguna persona mayor de 65 años se merece estar en un recurso alojativo para personas en situación de sin hogar. Tienen que tener acceso a otro tipo de recursos, como los sanitarios”, denuncia Peñate.

La coordinadora señala, además, que están notando un aumento claro de las solicitudes de ayuda para la cobertura de necesidades básicas. “Por eso estamos preocupados, no solo por el ahora, sino por lo que pasará mañana”, y por cuáles serán las respuestas institucionales y gubernamentales.

“¿Vamos a abrir las puertas de los pabellones y los espacios alojativos y vamos a poner a estas personas otra vez en la calle?, ¿O se van a tomar medidas reales que garanticen el derecho a una vivienda digna?”, cuestiona Peñate.

Por todo ello, Cáritas ha solicitado a la subdelegación del Gobierno la celebración de Mesas de Emergencia con la presencia de los tres niveles de Administración pública (local, autonómica y estatal), para que se concreten los pasos a dar “cuando acabe toda esta situación”.

Asimismo, reclaman al Gobierno la puesta marcha de una renta básica para las familias más vulnerables, de forma que puedan hacer una vida “lo más normalizada posible” y no tengan que vivir ni de la caridad ni de las ayudas sociales.

Desde la organización aseguran que los gobiernos deberán afrontar el impacto derivado de esta crisis desde un enfoque de derechos. El derecho a una vivienda, el derecho a unos ingresos mínimos, el derecho a estar empadronado y el derecho a una sanidad universal.

“No podemos perder la perspectiva de que el enfoque debe ser el de derechos fundamentales, porque solo así dignificamos la vida de las personas”, sentencia Úrsula Peñate.

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