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El joven acusado de asesinar a sus padres y su abuelo en Tenerife afirma que libró una lucha interna "gigantesca"

Así se ha expresado durante la apertura del juicio oral este lunes en la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife. La Fiscalía pide para él prisión permanente revisable

La Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife ha iniciado, este lunes, el juicio contra Ricardo O. (d), acusado del matar a sus padres y a su abuelo en marzo de 2018

La Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife ha iniciado, este lunes, el juicio contra Ricardo O. (d), acusado del matar a sus padres y a su abuelo en marzo de 2018 Efe

El acusado de asesinar a sus padres y a su abuelo en la madrugada del 23 de marzo de 2018 en Guaza (Arona, Tenerife), Ricardo O., ha declarado este lunes que el día de los hechos mantuvo una lucha interior “gigantesca” entre evitar la “locura” que finalmente cometió y volver a la cama, dormir y más tarde irse para no convivir de nuevo con su familia.

Durante la apertura del juicio oral este lunes en la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife, Ricardo O. ha contestado a las preguntas de la Fiscalía, la acusación particular y su defensa, se ha mostrado arrepentido pero también ha reprochado a sus padres que le obligaran a renunciar a su sueño de ser jugador de baloncesto.

Para el encausado, sus padres merecían respeto por todo lo que habían luchado a lo largo de sus vidas, y porque le ofrecieron casa, ropa, comida y estudios, pero reconoce que nunca le mostraron cariño ni amor, que le humillaban y que solo le confesaron que era adoptado en medio de una discusión y ya siendo mayor de edad.

Lamentó igualmente que sus padres trataran de cercenar toda relación sentimental que iniciaba, y que incluso le llegaran a culpar del fallecimiento de su abuela materna tras un accidente doméstico cuando él contaba 10 años.

Ha asegurado, eso sí, que siempre les quiso porque, de otro modo, no habría intentado retomar una relación cordial con ellos, como ha dicho que intentó en el 2017, año previo al de los hechos, tras una convivencia con “múltiple incidentes”.

Ricardo ha subrayado que a comienzos de aquella semana (del lunes 19 al viernes 23), sus padres ya le habían prohibido aceptar un regalo de su entonces novia dada su nacionalidad colombiana, una pareja a la que "amará hasta que se muera" pese a que no continúan juntos dada su situación, según ha dicho, y cuyos exsuegros aún le envían dinero y le visitan los fines de semana en el centro penitenciario.

Y en otra discusión posterior durante esos días previos a los hechos, el encausado ha recalcado que su madre le dijo: “Tu madre te tuvo por capricho. Si te duele, te jodes”, una frase que sigue sin entender y en torno a la cual se obsesionó, siempre según su versión de lo ocurrido.

Ricardo ha incidido en que esa noche consumió un porro para tratar de dormir, pero resultó “imposible”. Entonces se levantó “sin controlar absolutamente nada”, fue a la cocina, se enfundó unos guantes de látex, agarró un cuchillo de unos 15 centímetros de longitud, según el relato de la Fiscalía, y subió al cuarto de sus padres.

Mantuvo durante esos momentos, según ha confesado Ricardo O., una lucha interior “gigantesca” en la que barajó dar marcha atrás, acostarse, dormir, denunciarles más adelante y no convivir con ellos, y evitar así la “locura” que finalmente cometió, según ha reconocido: “ganó la otra parte”.

No reparó en si dormían o no, y su padre, el primero al que apuñaló, no llegó a incorporarse ni a despertarse. Sin embargo, la fiscal le ha recordado que el 26 de marzo del 2018 declaró que su padre sí había sentido su presencia y que incluso se incorporó: “No recuerdo haber dicho esas palabras”, ha sentenciado.

En cuanto a su madre, Ricardo O. ha dicho hoy que su madre despertó y llegó a preguntar “¿quién eres tú?”, antes de que el acusado se abalanzara sobre ella, según ha dicho, y la apuñalara.

Según el escrito de acusación de la Fiscalía, ambos sufrieron heridas en el cuello, el tórax, el abdomen o la cabeza. La madre fue degollada y también recibió una puñalada en la espalda.

Luego descendió a la planta inferior, “sin un motivo en especial, por un impulso”, se dirigió a la habitación del abuelo y le apuñaló en el pecho sin que el anciano, de 87 años, presentara defensa.

La Fiscalía pide 25 años de prisión por el asesinato de su padre, otros 25 por el de la madre, y prisión permanente revisable por el asesinato de su abuelo, que tenía una discapacidad física que Ricardo atribuyó a su edad, porque ha recordado que acudía a jugar al dominó por su cuenta a una asociación de vecinos.

Finalmente, se desnudó “asustado”, se cambió de ropa, tiró la ropa anterior en un contenedor frente al domicilio, regresó a la casa y mintió a los agentes que le atendieron tras llamar al 112, a quienes les dijo que otra persona, vestida de negro, había entrado a robar, una versión que desmintió días después, cuando confesó los hechos.

Ricardo O. ha declarado, por otro lado, que sus padres nunca lo maltrataron físicamente, que no “pusieron pegas” para que regresase a casa tras haberse independizado sin éxito, que le perdonaron que robase unos cheques, y que se preocupaban por él hasta el punto, ha dicho, de contratar a un detective privado para seguirlo.

El padre (Antonio O.) y la madre (Carmen N.) le costearon un curso académico de entre 40.000 y 45.000 euros en una universidad privada en Madrid para realizar un doble grado en ingeniería y el gasto de la residencia universitaria, todo ello en contra de su voluntad.

Porque, ha continuado Ricardo O., aunque no opuso resistencia, entendió que sus padres le impidieron cumplir su sueño de ser jugador profesional de baloncesto, aunque durante su estancia en Madrid solo llegó a competir a nivel amateur y antes, en Tenerife, no pasó de infantil.

Una vez en la isla de nuevo (2017) llegó a independizarse y vivió solo en un piso en el municipio de La Laguna, con solvencia económica por los ahorros que disponía tras haber trabajado como camarero o mecánico. También llegó a prostituirse “por probar”, lo que le reportó dinero “un par de veces”.

Antes, en torno a los 12 años, ha narrado ante los miembros del jurado que también trabajó en la finca de plátanos de su padre, cargando piñas de 60 kilos o cortando hojas desde las cinco de la tarde hasta que se ponía el sol. A los 15 años probó por primera vez el cannabis, una droga que en el momento de los hechos estaba abandonando.

“Nunca pensé que llegaría a eso. Jamás lo entendí. Si pudiera volver a atrás, obviamente no habría vuelto a casa de mis padres. Yo no me merezco esto, ni ellos tampoco”, ha concluido.

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