Qué ver en la vieja Génova: un paseo por la patria de los navegantes del norte italiano

Génova desde las alturas. La capital de Liguria tiene el casco histórico medieval más grande de Europa.

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La primera vez que fuimos a Génova nos sorprendió por dos razones: la primera es la potencia de la ciudad como centro patrimonial e histórico; y la segunda lo sucia y descuidada que estaba. Un paseo por el casco histórico era, sencillamente, un ejercicio de asombro y espanto. Afortunadamente, la última vez que tuvimos la oportunidad de caminar por las calles de este puerto mediterráneo de primer nivel pudimos ver que las cosas han mejorado mucho. Muchísimo. Aunque la patria de los navegantes más famosos del mundo sigue teniendo cierto aire de decadencia. Pero aún así, Génova es una de las grandes desconocidas de Italia. Y eso que es la base de numerosos cruceros y está a dos pasos de verdaderas joyas italianas como Cinque Terre y la espectacular costa de Liguria (donde cada ciudad y pueblo es una perla). Para los amantes de la historia, la ciudad es una verdadera puerta hacia el pasado: a tiempos en los que la República genovesa dominaba el Mediterráneo y las finanzas de media Europa. Y eso se refleja en piedra a través de palacios y grandes edificios religiosos.

El puerto es la razón de ser de la ciudad. Por eso la Linterna de Génova (Rampa della Lanterna), un impresionante faro de piedra cuyo origen se remonta a principios del siglo XII, es el icono representativo. Un lugar que merece la pena visitar. No sólo es una atalaya desde la que puede verse el gigantesco puerto sino que también es una pieza sustancial para entender dónde estamos. El mar como eje. Un mar que está presente de manera directa en otros puntos como el Galeón Neptuno (Porto Antico), la reproducción de un barco del siglo XVI, el modernísimo Acuario de Génova (Ponte Spinola) o el Museo del Mar (Calata Ansaldo De Mari, 1) dónde puedes ver maquetas, barcos, viejos mapas, divertidas simulaciones 3D… Pero el mar también es el protagonista indirecto de otros lugares como el fastuoso Palacio de Andrea Doria (Piazza del Principe, 4), la residencia palaciega donde vivió uno de los protagonistas de la famosa Batalla de Lepanto, o la modesta casa donde se supone que nació Cristóbal Colón (Via di Porta Soprana). El mar por todos lados. El mar.

Un paseo por el casco antiguo.- Hay muchas maneras de internarse en la red laberíntica de callejas que forma el casco genovés (aquí lo llaman Caruggi). Pero la más auténtica es aprovechar la visita a la casa de Cristóbal Colón para matar dos pájaros de un tiro: ver las ruinas del Claustro Medieval de San Andrea (Via di Porta Soprana, 12) y atravesar la magnífica Porta Soprana, uno de los escasos restos de la antigua muralla medieval que aún existen en la ciudad. Una vez dentro sólo queda caminar para ir descubriendo las joyas genovesas. Lo más directo es ir por la Vía de la Porta Soprana hasta la Piazza Giacomo Matteotti para empezar a disfrutar de los grandes monumentos: la Iglesia del Gesù e dei Santi Ambrogio e Andrea o el Palacio Ducal. También muy cerca de ahí nos topamos con la fantástica Catedral de San Lorenzo (Piazza San Lorenzo). Esta enorme iglesia del siglo XII es muy importante para la historia de arte universal por varias razones: la principal es que es una de las mejores muestras de la transición entre románico y gótico de toda Europa. Pero es que, además, es un lugar precioso que resalta por la alternancia de piedra blanca y negra. Otro punto monumental cercano al centro es la Plaza Raffaele de Ferrari dónde vas a encontrar algunos iconos de la expansión urbana de la ciudad en el siglo XIX vinculada al periodo posterior a la unificación italiana (como el Teatro Carlo Felice, la sede de gobierno de Liguria o las alas más modernas del Palacio Ducal). Este lugar de grandes espacios abiertos y edificios de porte monumental es un contrapunto a las estrecheces del Caruggi, que se identifica más con el urbanismo medieval. Quizás el mejor lugar para darse cuenta de lo que es el Caruggi es el entorno de la Piazza delle Vigne (está muy cerca de la Piazza San Lorenzo).

La Strada Nuova (Calle Nueva) es una sucesión de vías que va desde la Piazza Fontane Marose hasta la Porta dei Vacca, una de las torres dobles que defendían la ciudad por la banda de mar. Este lugar ejemplifica como pocos lo que supuso el comercio marítimo local durante los siglos XIV, XV y XVI. Una de estas calles es la Vía Garibaldi dónde, literalmente, se apelotonan los palacios y grandes edificios: Palazzo Pallavicini; Palazzo Cambiasso; Palazzo Spinola; Palazzo Podestá; Palazzo Galliera (con imponentes jardines colgantes); Palazzo Bianco (que alberga el Museo de Strada Nuova); Palazzo Grimaldi della Meridiana… La lista es interminable. La mayoría de las grandes casonas se suceden en las vías Garibaldi y Balbi, dónde tienes que ir a ver, sí o sí, el Palacio Real (Via Balbi, 10), antigua residencia en Génova de la casa de Savoya y hoy sede de un fastuoso museo repleto de obras de arte. Hay muchísimo que ver. La ciudad está repleta de grandes monumentos y de detalles más modestos que bien merecen la parada. A pocos pasos de grandes edificios como la Basílica de Santissima Annunziata del Vastato (Piazza della Nunziata, 4) o la enorme San Siro (Via S. Siro, 4) se encuentran los sencillos ‘edicole’, pequeños santuarios que adornan muchas esquinas del casco viejo. No somos exagerados al decir que Génova está a la altura de otras grandes ciudades monumentales de Italia.

Varios planes genoveses

Un paseo hasta Boccadasse.-  La expansión urbana de Génova se ha ido comiendo a otras poblaciones cercanas. Un ejemplo claro es el pequeño pueblo de Boccadasse, que hasta hace medio siglo era una pequeña localidad de pescadores al más puro estilo Cinque Terre. Para llegar hasta aquí, la mejor opción es tomar el bus local (línea 31 desde la Plaza de Guiseppe Verdi) y ahorrarse los más de tres kilómetros de paseo costero. El lugar es muy bonito con las típicas casas de colores a la orilla del mar y las barcas de pescadores en la playa.

Subir en el tren cremallera hasta la colina Granarolo.- Este antiguo funicular que sigue funcionando pese a tener más de 100 años encima (se inauguró en 1901) es un buen plan para pasar una tarde. El vagoncillo de madera sale desde la Estación de Príncipe hasta las alturas de Granarolo. El viaje es lindo y las vistas desde las inmediaciones de la Iglesia de Santa María son espectaculares.

Un atardecer alucinante en la Spianata Castelletto.- Este balcón sobre la bahía de Génova se encuentra justo encima de los jardines del Palazzo Galliera. Para subir la mejor opción es el ascensor que se encuentra en la Piazza del Portello. Las vistas sobre el casco histórico de la ciudad son muy bonitas y el atardecer es, sencillamente, sublime.

Caminar por el Porto Antico.- Génova se lo debe todo al puerto. Pero Génova le dio la espalda a su puerto hasta hace bien poco. La autopista elevada que lo separa de la ciudad es un buen ejemplo de ello. Aún así, hoy es posible acercarse al Porto Antico y ver que las cosas han ido cambiando en los últimos tiempos. Ya te hablamos del museo marítimo o del acuario. Se han restaurado los viejos almacenes para llenarlos de centros culturales, restaurantes y comercios. Y también se han construido nuevos iconos: unos aplaudidos por todos como la cúpula de cristal Biosfera, uno de los atractivos del acuario. Otros son más polémicos como el Bigo (Calata Cattaneo, 5), un curioso ascensor panorámico montado sobre enormes brazos. También hay hueco para la historia. El fantástico Palazzo San Giorgio (San Giorgio, 12) es la sede histórica de la autoridad portuario y a dos pasos tenemos la Porta del Molo, parte de las antiguas fortificaciones.

Un pequeño listado de museos y lugares de interés.- Como sucede en todas las ciudades italianas, hacer un listado de museos, iglesias y lugares de interés sería imposible. Aún así hay varios centros que creemos que son lo suficientemente importantes como para no pasarlos por alto: el primero es la Galería Nacional del Palazzo Spínola (Piazza di Pellicceria, 1), un magnífico palacio del siglo XVI atiborrada de obras de arte. Sólo para ver sus salones y frescos merece la pena ir a verlo. Otro punto bonito es la Loggia di Banchi (Piazza Banchi), un edificio renacentista que servía de centro de negocios para los comerciantes y financistas genoveses. Hoy forma parte del Museo de la Ciudad. Otro edificio interesante es el Castello d’Albertis (Corso Dogali, 18), una extravagancia romántica del siglo XIX que emula a las grandes casas solariegas medievales italianas. Este fue el hogar de un insigne marino local que, en sus viajes por todo el mundo, atesoró una impresionante colección de artefactos arqueológicos, antropológicos y artesanales. Hoy es un museo.

Dentro de las iglesias destacamos la pequeña Santa María del Castello (Salita di Santa Maria di Castello, 15), una preciosa iglesia románica (siglo X). Este templo formaba parte del embrión de la ciudad y se encontraba junto a un castillo del que aún pueden verse algunos rastros como la cercana Torre degli Embriaci. Este lugar está muy cerca de la Porta del Molo y es muy poco conocido por el turismo. Es un lugar precioso que merece la pena ir a ver. Otro rincón que nos encanta es la Piazza de San Giorgio. Aquí, en un espacio minúsculo, casi se tocan las iglesias de San Torpete y San Giorgio. Es un lugar impresionante.

Fotos bajo Licencia CC: VillageHero; Rob Oo; Kent Wang; Jason Chung; Fredrik Rubensson; Dennis Sylvester Hurd; ho visto nina volare; Franco Bianco

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