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Cómo se vivieron en Moncloa los primeros ataques a Irán
El 8M es para las mujeres iraníes y para las de tu barrio
OPINIÓN | 'Los NOES a las guerras, por Antonio Maestre

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Los del sí a la guerra

Abascal y Feijóo, en una imagen de archivo.

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Hace años, mi amiga Mariví escribió un libro —que nunca llegó a publicar—sobre una emisora de radio en la que había trabajado. Eran los noventa así que, para sorpresa de nadie, al dueño, un personaje de esos que solo la Ruta del Bacalao pudo alumbrar, se pasaba el día loncha arriba y loncha abajo y, claro, enfarinado hasta las cejas, la cosa solo podía salir mal. En el último capítulo, después de haber despedido dos y tres veces a toda la plantilla, la emprendía a hostias consigo mismo y acaba muriendo de la paliza. Así va la ultraderecha, que no sabe ya ni a quién ni cómo llevar la contraria. Lo último, hacerse con la bandera pacifista de John Lennon, darle un giro de 180 grados, y en nombre de la paz mundial, proponer darle una oportunidad a la guerra.

Como no podía ser menos, a la cabeza de la Santa Compaña ultra está, interpretando el sentir de la calle, la XV marquesa de Casa Fuerte —a.k.a Cayetana Álvarez de Toledo y Peralta-Ramos—. A Cayetana, como buena cayetana, a patriota no le gana nadie: y de hecho tiene pasaporte español, argentino y francés, o sea, que lo es por partida triple. Y es que, cuando en el PP necesitan a alguien que diga lo que piensa sin pensar lo que dice —para eso su padre le pagó el doctorado en Oxford— recurren a ella. Sobradita de dignidad, llora las penas de las mujeres de Irán —hasta aquí, todos de acuerdo— para que apoyemos una guerra iniciada por un tipo cuyo nombre, literalmente, sale más veces en los documentos del caso Epstein que el de Jesús en la Biblia. Que Estados Unidos haya asesinado a más de 160 niñas no le ha conmovido lo más mínimo, y eso que podrían haber acabado cosiendo camisas para Inditex, una vez que en la capital del estado persa vuelva a reír la primavera que, asegura Cayetana, por cielo, tierra y mar se espera.

La marquesa sabe que en caso de guerra, ella la verá en la tele. Por lo menos, Marta Sánchez meritó hacer la versión que firmó del himno español cuando fue a calfar a las tropas españolas en 1990, durante la guerra del Golfo. De eso. Cayetana no habla: ella adquirió la nacionalidad española en 2007, así que no lleva ni 20 años de salvapatrias. Hay algo de proustiano en su amor por la bandera, un intento de recuperar el tiempo perdido, sentimiento que alimenta los excesos de su ardor guerrero. Eso debería hacerla reflexionar. Eso, y que ni ella ni los que la rodean, morirán nunca en una guerra. Si hay que morir por España (o Francia o Argentina) se muere, pero ella no. Ese honor se lo deja a otros. Si en su casa le limpia los platos el servicio, que nadie se la imagine tomando Teherán al grito de ‘Como en Madrid’, que gritaban los de ‘la Nueve’ cuando asaltaron París para liberarla de los nazis. La guerra para los pobres, que son más, y nunca van a faltar. Un alarde de generosidad que los de su palo se podrían ahorrar.

Lo de los argumentos para defender lo indefendible es de traca, muy acorde con las fiestas josefinas que se avecinan. A la sinfonía de disparates se ha sumado —no se pierde una— Jaime de los Santos, una de las cabezas más despejadas del Partido Popular, que ha pasado de llevarle las bolsas a la señora de Rajoy a repetir, cual loro, el argumentario del PP e intentarlo pasar como ideas propias, unos alardes de sabiduría que te encuentras en la barra de cualquier bar de carretera comarcal. Mientras se rasgaba las vestiduras, EEUU hundía un barco desarmado en aguas internacionales y dejaba a los supervivientes a la deriva, en contra del derecho internacional. Pero como él es de igualdad de género, se ha alineado con la derecha internacional. Han sido 87 muertos en lo que la CNN ha calificado de un barco de guerra enemigo. No llevaba armas, pero sí malas intenciones. Con eso basta para justificar la carnicería y una guerra sin pies ni cabeza, sentido o justificación.

Afortunadamente, nos queda la prensa libre. Masih Alinejad se plantó en la rueda de prensa de Cayetana con un peinado que no veíamos desde La novia de Frankenstein, y nos explicó a los españoles lo gilipollas que somos por no estar del lado de Estados Unidos. No lo hizo por maldad, sino por nosotros, y habló desde el corazón, que es lo que más cerca está de la cartera: se ha embolsado más de 800.000 dólares por dar su opinión en Voice of America, la emisora de la CIA. No le sigo la pista, pero no me extrañaría que esté ya de la turné por las emisoras del Antiguo Régimen que salpimientan el panorama mediático de esta piel de toro que es España.

Otro a tener en cuenta es Carlos Herrera. No defrauda. Bueno, a su parroquia no, pero a Hacienda sí: dos millones de euritos se olvidó de pagar al fisco el presentador estrella de la emisora de los obispos. Según él, no apoyar el ataque de EEUU a Irán pero mandar una fragata a Chipre (territorio UE) es un contrasentido, porque había sido atacado por el régimen de los ayatolás. No participar en una guerra de agresión, pero defender de un ataque a un país aliado le parece lo mismo. Luego llegó la realidad, y todo apunta a que el misil partió de Israel. Entonces cambió de tema y dijo que en España el problema es la ocupación. Ni cotiza que el argumento de la intervención en Chipre también la han manoseado Nacho Abad, Susana Griso, Ana Rosa, Iker Giménez o Risto Mejide.

Con Rajoy no me voy a meter. No vale ni para palmero de los genocidas. Él lo que necesita es mimos y terapia. Tal y como está el panorama internacional, ser el hazmerreír de la derecha europea no se sabe si es para compadecerle o echarle cacahuete. Según el discurso que le escribieron sus asesores —que mal no deben cobrar—, la solución es la diplomacia. No voy a recordarle, aunque podría, cuando el ministro de Asuntos Exteriores de Aznar, José Manuel García-Margallo, dijo aquello: “Cuentan ustedes con el mejor embajador que puedan tener en Nueva York y en Bruselas”. Fue, mira tú qué cosas, en Teherán, en 2015, durante el foro empresarial hispano-iraní. Entonces las mujeres no parecían ser un problema si había caja que hacer. Ahora el PP pide diplomacia y se olvida de que dos días antes del ataque, EE.UU. e Irán concluyeron una tercera ronda de negociaciones en Ginebra. Negociaciones que, por cierto, no hubieran sido necesaria si Trump no hubiera roto, durante su primer mandato, el acuerdo que firmó Obama con los ayatolás.

Nadie llorará al régimen de los ayatolás, pero no es una cuestión de ignorancia sino de mala fe: invadir Irán, sin plan ni motivo, no va a salir bien. No sirvió en Afganistán, no sirvió en Irak, no sirvió en Siria, no sirvió en Libia, no sirvió en Vietnam ni en Corea ni en otros sitios de los que no me acuerdo, y no va servir ahora. Aprovecho para recordar el mítico artículo “A largo plazo, la guerra nos hará más seguros y más ricos” que, en 2014, publicó el historiador de la Universidad de Stanford, Ian Morris en The Washington Post. En el PP y Vox —no así entre muchos de sus votantes que han puesto el grito en el cielo— prefieren este delirio a la realidad.

Y no voy a dejar pasar la ocasión de cagarme, culo abierto, en el ente sionista que es, en el fondo, quién está alentando esta guerra suicida y condenada al fracaso para llevar a cabo su delirio religioso de un gran Israel que solo existe en sus delirios teológicos, y la necesidad de Netanyahu de ganar las próximas elecciones luchando con un Amalek que no es más que una leyenda de cabreros de hace 3.000 años, y que ya ha causado un genocidio en Palestina. Pero claro, los integristas religiosos, como el infierno de Sartre, son los otros. A este y a Trump es a los que hay que detener: los ayatolás son un peligro para los iranís, pero no para el mundo. Ellos son una amenaza para la humanidad. Por eso no vale decir solo `No a la guerra’, hay que gritar con orgullo que, en esta absurda guerra, estamos con Teherán. ¡Viva Irán manque pierda!

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