GUÍA DE ROMA: Los encantos de Monti y las huellas de la peligrosa Subura
Muy pocos se internan más allá de la ‘seguridad’ de Via Cavour u deja sin explorar uno de los barrios más singulares de Roma. Hoy la zona es un lugar plagado de iglesias, conventos y algunos palacios, pero durante cientos de años este fue el lugar más peligroso de toda la ciudad. La Subura era una aglomeración de domus de patricios venidos a menos y altas e insalubres insulaes (edificios de pisos) que se apelotonaban en un laberinto de callejuelas altamente peligrosas. Un barrio de muy mala reputación donde, por ejemplo, vivía la familia de un tal Cayo Julio Cesar rodeados de obreros, prostitutas, esclavos libertos y menesterosos. El primer gran golpe al barrio fue el famoso incendio del año 64 (ese que falsamente se atribuyó a Nerón) que devoró la zona sin piedad dejando espacio para los primeros edificios públicos y palacios. El paso de los siglos hizo el resto.
Casi todas las veces que nos hemos dejado caer por Roma nos hemos alojado en las inmediaciones de la Via Cavour; desde aquí, cualquier parte de la ciudad que quieras ir a ver está a menos de una hora caminando: y el propio barrio es digno de verse. O bien dedicando una jornada a ir y venir o picoteando de camino al alojamiento o a los grandes monumentos (Cavour desemboca en los Foros). El centro de Monti se articula entre la Piazza Suburra (aprovecha para comer un helado en Rim -Cavour, 72-) y la Piazza della Madonna dei Monti, donde nos encontramos los dos primeros grandes hitos del barrio: la Fuente de los Catecúmenos y la Iglesia de Santa María ai Monti, una preciosa construcción del siglo XVI con frescos y pinturas de Cristoforo Casolani, Ambrogio Buonvicino y Giacinto Gimignani.
Pero volvamos a la fuente. Este sencillo pilar se construyó a inicios del XVI como parte de un ambicioso plan del papado para reconstruir los viejos acueductos romanos. Hasta este entonces, la antigua Suburra se había ido despoblando por la falta de agua; con la restitución del servicio volvió la gente y se empezaron a construir los primeros grandes palazzos. Antes de explorar la otra parte del barrio baja por la Via Baccia hasta Tor de’Conti hasta el Arco dei Pantani, un bonito mirador poco conocido sobre el Foro de Augusto. Ahí al lado está la coqueta Iglesia de San Quirico y Santa Julita (Via Tor de' Conti, 31), una de esas joyas escondidas que casi nadie visita (es del siglo VI).
Si cruzamos al otro lado de Cavour nos encontramos con la casa de una de las familias más controvertidas de la historia de Roma. La Torre de los Borgia (Via del Fagutale, 4) es una vieja estructura de ladrillo del siglo XIII que formó parte del palacio de esta familia de origen español y dudosa reputación. Es difícil, pero trata de vencer a la tentación de pasar bajo el arco de la Escalinata de los Borgia y quédate en Cavour para ver otros puntos de interés.
En la Vía Giovanni Lamza tienes algunos de las casonas nobiliarias que se construyeron en esta zona de Roma durante la Edad Media (la Torre de los Graziani y la Torre de los Capocci -ambas en la Piazza di San Martino ai Monti-) y la pequeña Basílica dei Santi Silvestro e Martino ai Monti (Vle del Monte Oppio, 28). Esta pequeña iglesia de exterior modesto es una de las grandes joyas desconocidas de Roma. Fiarse de las apariencias en la Ciudad Eterna suele pagarse caro y este es uno de los ejemplos paradigmáticos. El edificio es una de las iglesias más antiguas de la ciudad (siglo IV) y su interior fue remodelado a inicios del siglo XVII por Paolo Naldini, el discípulo más aventajado del maestro Bernini. Fue el comienzo de una serie de reformas que nos ha dejado uno de los interiores más hermosos (y menos conocidos) de la ciudad. Ahora sí. Vuelve sobre tus pasos y pasa bajo el Arco de los Borgia.
San Pietro ai Vincoli (Piazza di San Pietro in Vincoli, 4).- Las cinco veces que hemos visitado este lugar siempre hemos estado solos. Y eso que guarda una de las obras maestras de la historia del arte universal. Estamos ante una de las basílicas más antiguas de la ciudad (siglo V) y fue uno de los primeros escenarios de la paulatina cristianización del imperio aprovechando la tradición que señala al lugar como el sitio donde fue encarcelado San Pedro antes de ser martirizado justo después del gran incendio que acabó con la Subura (Nerón ante los bulos que lo incriminaban no dudó en culpar a los cristianos).
La basílica ocupa el solar de un viejo edificio romano situado junto a las Termas de Tito dedicado al culto imperial. Con el paso de los siglos la basílica se amplía, se reforma, se modifica… Y el resultado es este complejo que permanece inalterado desde el siglo XV. El edificio es brutal; tanto la iglesia como su claustro renacentista, pero lo que nos trae hasta aquí es el Moisés de Miguel Ángel, una de las obras maestras de la escultura mundial.
El complejo arqueológico de la Colina del Oppio.- Todos los caminos llevan a ese 64 después de Cristo. El incendio de Roma despejó buena parte de la Subura y Nerón quiso aprovechar la situación para reorganizar la zona e implementar un nuevo urbanismo que impidiera nuevos incendios; y de paso hacerse un chalecito. El gran hito arqueológico de esta zona es la Domus Aurea (Vle della Domus Aurea) un enorme complejo palaciego de 50 hectáreas proyectado por Nerón y que nunca llegó a completarse. Pero lo poco que queda de ella aún impresiona. Tras la muerte de Nerón, el lugar se convirtió en una especie de monumento a la depravación y el vicio de Nerón por lo que las grandes estructuras fueron abandonadas y hasta demolidas. Lo que podemos ver hoy es apenas una parte de lo que fue el palacio más extravagante que quedó sepultada bajo las termas de Tito y, posteriormente, de Trajano.
La Estación Coloseo (Piazza del Colosseo).- En sentido estricto, todo lo que se ha encontrado en la estación de metro más histórica de Roma está en Monti, aunque se acceda desde los foros y el Coliseo. Tras casi quince años de obras la nueva estación integra los restos arqueológicos que se han encontrado en el lugar por lo que la estación es un gigantesco museo que merece la pena verse. Las estratigrafías permiten ver la evolución de la ciudad desde la antigüedad clásica a la Edad Media y muchos de los objetos encontrados nos ayudan a comprender este espacio único. Una pasada.
Fotos bajo Licencia CC: Paulo Valdivieso; Carole Raddato; Kalboz; Roger Ulrich; Paul; vanherdehaage; Adam Lusch; John Weiss; Bogdan Tapu
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