Qué ver Bonifacio: un paraíso mediterráneo francés a medio camino de La Toscana y Aragón
Plantarse frente a Bonifacio es abonarse a una jornada repleta de asombro. Estamos en el extremo sur de la isla de Córcega. La ciudad que da nombre al estrecho canal de agua que separa esa gran isla francesa de su vecina italiana de Cerdeña, ocupa un estrecho espolón de roca viva que se yergue a modo de muralla entre el mar abierto y la costa. El resultado es uno de esos paisajes mediterráneos que quitan el hipo e invitan al chapuzón aún en invierno. Bahía perfecta; puerto perfecto; situación estratégica entre las dos islas; muralla natural frente a visitas no deseadas. Y eso explica Bonifacio. Y explica una historia entre grandes imperios de la Edad Media: Génova; Aragón, la Francia napoleónica… Un verdadero quebradero de cabeza para el historiador. Una delicia para el viajero.
Para entender este espacio hay que atender a todos estos avatares históricos de los que te hablamos. El origen de la ciudad se remonta al siglo IX cuando Bonifacio II, Marqués de La Toscana, ocupó esta zona de la isla para poner un freo que pusiera fin a las incursiones musulmanas que llegaban desde Sicilia y que trataban de conquistas la isla y su vecina Cerdeña. Desde el inicio de sus días, esta fue una plaza fuerte. Y por eso cuando uno se planta en el viejo Puerto de Bonifacio (Av. Sylvère Bohn) lo que ve es un inmenso muro de piedra del que sobresalen algunos campanarios. Fortaleza casi inexpugnable. Casi.
Una iglesia rupestre en el puerto.- antes de subir a la ciudad amurallada visita la Iglesia de San Erasmo (Rue Monte Rastello, sn). La iglesia es del siglo XVIII y tiene la particularidad de tener buena parte de su estructura empotrada en la roca. Es bellísima.
Otro lugar imprescindible para explicar los avatares por los que ha pasado la plaza son las Escaleras del Rey de Aragón (acceso desde Plaza Carrega). Según la tradición esta vertiginosa escalera con una inclinación endiablada fue excavada en la roca del cantil para facilitar la conquista de la plaza por los aragoneses en el siglo XV. La realidad es siempre menos ‘romántica’ y heroica. La escala, que hay que visitar sí o sí, fue excavada por monjes franciscanos para acceder a una de las escasas fuentes de agua dulce del peñón que sostiene la ciudad.
La fantástica Ciudadela de Bonifacio.- La mejor manera de acceder al casco histórico de Bonifacio es a través de la Puerta de Francia (Rue Saint-Nicolas, 7). Desde aquí podemos ir visitando los diferentes tramos de muralla y los bastiones que construyeron los genoveses entre los siglos XII y XVI. Esta es una de las fortalezas más imponentes del Mediterráneo occidental y también sirve para entender la evolución de la arquitectura militar impulsada por la irrupción de la artillería. Los lugares más interesantes de las fortificaciones son el Bastión de l'Etendard (Rue du Corps de Garde, 8), donde se ha instalado un museo sobre la historia de la ciudad con piezas históricas muy interesantes y el Belvedere del Torreón (Plaza de Carrega), donde puedes ver una de las pocas torres medievales que sobrevivieron a las obras de mejora de los siglos XV y XVI (desde aquí se accede a las Escaleras del Rey de Aragón). Esta fortaleza es la más alta de Francia.
Un paseo por el centro de Bonifacio.- La Ciudadela de Bonifacio encierra un pequeño universo de callejuelas y placitas que es una verdadera delicia. El centro monumental de Bonifacio se encuentra en Rue Logia, donde puedes ver dos de los edificios más importantes de la población. La Iglesia de Santa María Maggiore es la gran joya histórica de la ciudad. Su fábrica data del siglo XII y muestra un exterior románico y un interior a medio camino entre el barroco y el neoclásico fruto de unas reformas en profundidad en el XVIII. Junto al templo puedes ir a visitar la Logia de Bonifacio, un gran espacio porticado donde se reunía la asamblea local. Justo en frente del pórtico está el Palais du Publicu, antiguo palacete genovés que servía como casa del gobernador.
Bonifacio es una pequeña amalgama de callejuelas retorcidas donde puedes ir descubriendo pequeñas sorpresas como la Logia del Arsenal (Plaza de Europa), un antiguo mercado porticado del siglo XV o la Iglesia de la Santa Cruz (Rue Saint-Dominique, 15), un pequeño oratorio situado en un viejo hospicio del siglo XIII donde, según la tradición, se custodia un trozo de la cruz de Cristo. Y después hay grandes espacios con un alto contenido simbólico como el Cementerio Marítimo (Qur Saint-François), un bonito camposanto situado en el extremo occidental de la ciudad en un entorno de viejos molinos, baluartes defensivos y vistas espectaculares.
Playas y calas flipantes a dos pasos de la ciudad.- Uno de los puntos fuertes del sur de Córcega son sus playas. Visitar Bonifacio tiene la ventaja de tener a tiro de media hora en coche algunos verdaderos playazos como Piantarella, Grand Sperone o Saint Antoine, que se encuentran en el extremo sur de la isla en un tramo de costa alucinante que alterna estos grandes arenales con zonas de cantil muy lindas de ver. Pero nos vamos a centrar en tres pequeñas calas que se encuentran junto a la propia ciudad y que pueden visitarse a través de preciosos senderos que se internan en un paraje dominado por el pinar mediterráneo y el cantil. La más accesible de las tres (se puede ir en coche) es la Playa de Paraguan, apenas una bahía de 150 metros de ancho de una belleza increíble. Pero esta cala encantadora es sólo el aperitivo. Las otras dos playas que te recomendamos visitar son Playa de Fazii y L'Arinella. Para llegar a estos dos puntos hay que caminar un poco. La primera de ellas es accesible desde el parking de Paraguan y para llegar a la segunda lo mejor es dejar el coche en el aparcamiento público de Bezahlter. En los dos casos estamos hablando de lugares mágicos. Pequeñas calas preciosas rodeadas de vegetación. Puro Mediterráneo.
Fotos bajo Licencia CC: @ S@ndrine; Patrick Nouhailler; Alix Cazenave; Jean François Bonachera; Timo
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