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Una guía para descubrir el país de los Cátaros

Castillos medievales, ciudades amuralladas, catedrales y atalayas son las señas de identidad del Languedoc francés, escenario de una de las ‘herejías’ más célebres de la historia europea

Los cuatro castillos de Lastours, en el País de los Cátaros (Francia).

Los cuatro castillos de Lastours, en el País de los Cátaros (Francia).

Desde la distancia, la contundente masa gris de las Murallas de Carcasona emerge sobre los viñedos afianzando su aspecto de fortaleza inexpugnable. Los muros que rodean la ciudad son, aún hoy, uno de los mejores ejemplos de ingenio militar de todos los tiempos. Las torres rematadas por conos de pizarra negra evocan, de manera inmediata, a los cuentos de hadas, pero la historia de esta imponente plaza fuerte dista mucho del ideal de cuento con final feliz. Los miles de viajeros que se acercan a esta joya medieval de la región francesa del Languedoc, llegan atraídos por uno de los episodios más violentos y, a la vez, atrayentes, de la historia gala. El Museo de la Inquisición (Dirección: Calle de San Juan, 7; Tel: (+33) 4 6871 4403; Horario: LD 10.00 – 20.00) Hace un macabro recorrido por los métodos de interrogatorio y tortura que el Santo Oficio utilizó para combatir la herejía hasta la Revolución Francesa. En cualquier lugar, no sería más que una curiosidad. Aquí es un siniestro recordatorio de la Cruzada Albigense, el conflicto armado que acabó con los cátaros. Precisamente fue este el escenario del nacimiento de la Inquisición, invento francés que entró en la Península por Aragón aunque sea famosa en el mundo entero bajo el apelativo de española. Cosas del marketing…

Carcassonna fue uno de los últimos focos de resistencia de aquellos hombres y mujeres que, durante los siglos XII y XIII, profesaron una variante mística del cristianismo que entre otros aspectos, apostaba por recuperar los valores de los primeros seguidores de Cristo. El Papado fue a por ellos. La resistencia fue heroica y la represión feroz. De aquellos tiempos convulsos quedaron castillos, atalayas, iglesias y, sobre todo, el mito de los cátaros, un imán que, más allá de las impresionantes atracciones de la región, atrae a miles de viajeros al año. La mejor manera de entrar en Carcasona es a través del Puente Viejo, un imponente paso medieval que salva El cauce del Río Aude a través de una elegante sucesión de arcadas. No es mala idea dejar el coche y empezar aquí el paseo para llegar a las puertas de la ciudad a intramuros como lo hacían los viajeros y viajeras de aquellos tiempos. Caminando por la Rue Trivalle escalamos hacia los pies de la muralla. La mejor manera de zambullirse en el laberinto de callejuelas medievales es a través de la Puerta de Narbona, aunque esto suponga dar un pequeño rodeo bajo las almenas y torreones.

Castillo Condal de Carcasona, uno de los escenarios de la guerra contra los cátaros.

Castillo Condal de Carcasona, uno de los escenarios de la guerra contra los cátaros.

En los salones del Castillo Condal (Dirección: Calle Viollet le Duc, 1; Tel (+33) 4 68117070; Horario: LD 9.30 – 17.00) se gestaron algunos de los episodios más notables de aquella guerra cruel. Sus piedras más antiguas son romanas aunque la mayor parte de lo que hoy podemos ver data de los años inmediatamente posteriores a la derrota cátara. Pero aún así es una de los mejores ejemplos de fortificación medieval del sur de Francia; que no es poco. Otro punto que no debe faltar en la visita es la Basílica de Saint Nazaire (Dirección: Plaza de Saint Nazaire sn; Tel: (+33) 4 6825 2765), un precioso templo medio románico medio gótico que guarda una curiosa representación del asedio de Tolousse y la que fuera la tumba de Simón de Montfort, jefe de la cruzada albigense y posterior vizconde de Carcasona y Béziers. Esta iglesia hermosa fue catedral hasta 1801. Año en que el templo matriz se trasladó a la gótica Saint Michel, en la Calle Voltaire, al otro lado del río Aude. En este barrio a extramuros, desprotegidos para evitar futuros problemas, se establecieron los cátaros que volvieron al lugar años después de la derrota.

Albi, capital de la herejía

Aunque Carcasona es la capital del moderno y turístico País de los Cátaros, hay que viajar al norte para conocer el escenario del origen de la corriente mística y, en consecuencia, centro espiritual del catarismo. Albi es, como su vecina, una ciudad pequeña; recoleta y encantadora. Uno de esos lugares que tanto abundan en Francia y que convierten al país galo en uno de los más agraciados por la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Hoy, la mayoría de los viajeros y viajeras que visitan el Castillo de Albi vienen atraídos por la figura del pintor impresionista Tolouse Lautrec, que nació entre estos muros. El fantástico Museo Tolouse-Lautrec recuerda su figura y su impresionante obra pictórica (Dirección: Place Sainte Cécile sn; Tel: (+33) 05 6349 5897; E-mail: servicedespublics@museetoulouselautrec.com; ver horarios). Pero más allá de los lienzos y carteles del genio local, el castillo fue escenario privilegiado del conflicto; aquí se instaló el obispado cátaro. Y dentro del propio recinto, en el Palau de la Berbie residió el inquisidor que se encargó de aplastar los resquicios de la espiritualidad cátara. Suele pasar. Del edificio hay que destacar sus impresionantes torres y, en el interior, el mayor mosaico medieval de Francia.

Panorámica de la ciudad de Albi, uno de los epicentros de la religión cátara.

Panorámica de la ciudad de Albi, uno de los epicentros de la religión cátara.

Albi, al igual que sucede con Carcasona, el casco histórico de la pequeña ciudad es un auténtico viaje a la Edad Media y las alusiones a los hechos que marcaron la región durante los siglos XII y XIII son constantes. A la Catedral de Santa Cecilia (Dirección: Boulevard Sibille, 5; Tel: (+33) 05 6343 2342; Horario: LS 9.00 – 13.00 y 14.00 – 18.30; D 9.30 – 10.45 y 14.00 – 17.45) se la conoce como la Catedral de los Cátaros. Fue construida en pleno auge de esta corriente mística del Cristianismo y cuenta como principales características, ser la mayor catedral construida con ladrillos de la Edad Media y tener el interior completamente cubierto de frescos. En los muros se puede ver la dicotomía cielo-infierno como metáfora de la propia doctrina cátara (el bien en oposición al mal). Notable es el mural del Juicio Final, un auténtico cómic medieval. El techo se pintó en el XVI y representa a la bóveda celeste. Otra visita imprescindible es la Colegiata de San Salvi (Dirección: Calle Mariès; Horario: LD 7.00 – 20.00) una de las joyas románicas del Languedoc. Su claustro es, sencillamente, impresionante.

Y después están los castillos. Una docena de fortalezas repartidas por el territorio que fueron testigos de la cruzada albigense y de la resistencia cátara. Lugares emblemáticos como la Ciudadela de Montsegur, el último reducto de resistencia que, el 16 de marzo de 1244 fue el escenario de la ejecución de los últimos líderes del catarismo. Hoy, una sencilla lápida recuerda el lugar dónde fueron quemados. A los pies de la vieja fortaleza se encuentra la Villa de Montsegur. En su coqueto Museo Arqueológico (Dirección: Rue du Village, 32; Tel: (+33) 05 6101 1027; Horario: LD 9.00 – 12.00 y 14.00 – 18.00) se hace un repaso a la influencia del catarismo en la región y los sucesos que sacudieron la zona a raíz de la cruzada papal. Lugares fuertes y poderosos como el Castillo de Peyrepertuse (Dirección: Acceso desde Duilhec; Tel: (+33) 04 6855 0502, Fax : 04.68.55.14.26, Port : 06.23.92.35.60 j.puginier@vectalia.fr) uno de los bastiones cátaros más sobresalientes. Al norte del Canal de Midi, que desde el Mediterráneo comunica Carcasona con la ciudad de Tolouse se encuentran otros enclaves fortificados como los cuatro castillos de Lastours -Cabaret, Tour Régine, Surdespine y Querthineux- (Dirección: Acceso desde Lastours; Tel: (+33) 04 6877 5602; Horario: LD 9.00 – 18.00) que sirvieron de refugio a los últimos cátaros tras la derrota o el Pueblo Fortaleza de Minerve, uno de las poblaciones medievales más hermosos de Francia y escenario de uno de los episodios más amargos de la cruzada. La calle de Los Mártires recuerdan a las 180 personas que fueron quemadas vivas por no renegar de su fe. De aquellos tiempos tristes quedan los restos de la muralla y la preciosa Iglesia Románica de Saint-Étienne, un sencillo edificio del siglo XI que fue testigo de aquellos episodios.

Frescos del Juicio Final en la catedral de Albi.

Frescos del Juicio Final en la catedral de Albi.

COMER          

En Carcasona

L'escargot (Dirección: Calle Viollet le Duc, 7; Tel: (+33) 4 6847 1255) Una buena opción para comer auténtica cocina francesa a precios no demasiado altos. En plena ciudad antigua y a dos pasos del Castillo Condal. Muy recomendable.

La Table D’Alaïs (Dirección: Rue du Plo, 32; Tel: (+33) 04 6871 6063; E-mail: contact@latabledalais.fr) Cocina francesa de calidad en pleno centro histórico. Posibilidad de comer menús degustación con una excelente relación calidad precio.

En Albi

L’Espirit du Vin (Dirección: Quai Choiseul, 11; Tel: (+33) 05 6354 6044) Impresionante alta cocina francesa. Los menús degustación son sublimes. Déjate aconsejar por el chef. Imprescindible en Albi.

En Minerve

Relais Chantovent (Dirección: Grand Rue, 17; Tel: (+33) 04 6891 1418) Un pequeño paraíso culinario en uno de los pueblos más bonitos de la zona. Gastronomía tradicional del sur de Francia y una bodega impresionante. Todo un descubrimiento.

Campiñas en los alrededores de Montsegur, en el País de los Cátaros.

Campiñas en los alrededores de Montsegur, en el País de los Cátaros.

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