La impunidad de quienes prenden fuego al monte: 499 incendios en Cantabria, 4 sentencias

Durante la segunda quincena de diciembre, en apenas 15 días, Cantabria registró 396 incendios forestales, una cantidad tan elevada que casi se equipara a los que se producen de media a lo largo de un año. 9.900 hectáreas quedaron calcinadas, un tercio de ellas de bosque autóctono.

Ante la oleada e intensidad de los fuegos, la población cántabra y las autoridades comenzaron a clamar pronto contra los responsables del mayor desastre medioambiental en la historia de la comunidad autónoma. Perplejos e indignados por ver arder la tierra, exigían el arresto de quienes habían cometido tal barbaridad. Sin embargo, la realidad es que la mayoría de ellos quedarán impunes.

Así lo demuestran los datos: de las 499 investigaciones abiertas por la Fiscalía de Cantabria por incendios forestales en el año 2014, tan sólo 4 acabaron en juicio. Es decir, en más del 99% de los casos no se encuentra a los responsables, según refleja la documentación de la memoria fiscal consultada por eldiario.es Cantabria.

“Nuestro trabajo es desagradecido”, reconoce en declaraciones a este diario el jefe de la sección del Seprona en Cantabria, Rafael Vázquez, en relación a las pocas probabilidades que hay de que las investigaciones que llevan a cabo terminen teniendo éxito. 

Y es que los incendios forestales son uno de los delitos más fáciles de cometer y, al mismo tiempo, de los más difíciles de hallar a los culpables. Un simple mechero y un tipo de combustible -como pueden ser las propias ramas secas del bosque- bastan para desencadenar una catástrofe ecológica. 

En lo que respecta a los casi 400 siniestros registrados entre el 15 y el 31 de diciembre, por el momento solo se ha podido detener a una persona como presunta autora de un delito contra el medio ambiente y contra la seguridad ciudadana gracias a que testigos presenciales la vieron salir del lugar de los hechos. 

En este sentido, la colaboración ciudadana es determinante para poder llegar a identificar a quienes han provocado el fuego, según explica Vázquez. En la mayoría de los casos se trata de “un único individuo que no deja rastro”, con lo que es “fundamental” la cooperación de las personas que viven en el entorno y de los servicios de emergencias (policías, bomberos, agentes forestales), que son quienes habitualmente llegan los primeros. “Es muy importante que estén alerta”, señala.

Un estudio de la Universidad de Cantabria realizado por la investigadora Virginia Carracedo apunta que el 85% de los incendios son intencionados por ganaderos que quieren generar pasto. En este sentido, un comentario muy extendido es que los habitantes del medio rural conocen a sus paisanos que han causado el fuego pero que, sin embargo, prefieren guardar silencio por miedo a represalias.

El responsable del Seprona asegura que esta afirmación no es cierta, puesto que sí reciben colaboración ciudadana. Además, recuerda que hay medios confidenciales donde se puede participar e informar de la autoría de cualquier incendio sin tener que conocerse la fuente. “Tienen que saber ver que los principales perjudicados de los incendios es toda la sociedad”, subraya el teniente de la Guardia Civil animando a las personas a seguir colaborando. 

El camino inverso al fuego

Cuando se detecta un incendio lo primero que hacen las fuerzas de seguridad es proteger el entorno para evitar posibles daños personales y materiales. Una vez que que el fuego ha sido sofocado por los servicios de extinción entra en juego el Seprona, que inicia una investigación para intentar determinar las causas y abordar posibles líneas de investigación.

Para ello, Vázquez explica que los agentes hacen una 'lectura' del terreno recorriendo el camino inverso que ha seguido el fuego con el objetivo de llegar al foco inicial. Cuando se ha esclarecido el lugar de donde han partido las llamas, se 'barre' la zona y en esos 40 o 50 metros cuadrados se levanta la tierra para buscar el medio de ignición.

“En un 30-35% de los casos queda sin esclarecerse cuál ha sido como consecuencia de que ha desaparecido. Lo más habitual es que se emplee un mechero y la persona no lo deje en el lugar de los hechos”, afirma el teniente, que apunta que es más usual encontrar el útil si se ha usado una cerilla.

En el hipotético caso de localizar el medio de ignición comienza el “difícil” 'juego' de intentar relacionarlo con una persona. “Tienes que empezar a hablar con quienes han llegado al incendio en los primeros momentos para conocer si han visto salir a alguien o a algún vehículo; algo que te permita relacionar ese medio con una persona. Ya entraríamos en lo que es puramente la investigación”, resume. 

La forma más habitual de atar cabos es que un testigo haya presenciado una huida aunque también puede darse el caso de que sea tan particular el medio de ignición encontrado que te permita detectar al autor, continúa explicando Vázquez.

El perfil del pirómano

El jefe del Seprona indica que hay dos perfiles “totalmente diferentes”: quien quema el monte por un interés, como es el caso de los ganaderos, y quien lo hace porque tiene un problema mental que el fuego le ocasiona tal estímulo que no puede parar de prender, los pirómanos.  

En este último caso, Vázquez destaca que existe la “peculiaridad” de que a estas personas les gusta volver al lugar de los hechos para ver in situ el daño que han provocado, y también grabar o tomar fotografías que acaban compartiendo por las redes sociales. De este modo, hay mucha más probabilidad de capturar a un pirómano, señala.   

Para la elaboración de este reportaje este diario ha intentado recabar con la opinión de la fiscal de Medio Ambiente de Cantabria, Pilar Santamaría, quien ha declinado hacer declaraciones sobre el trabajo que desarrolla su departamento.