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Llamemos al PP por su nombre

La reiteración aniquila el sentido, como un atracón mata el gusto. Ocurre cuando repites mucho una palabra que se vacía de su yema para quedarse sólo en cáscara. Ocurre con las noticias, que si se repiten en el tiempo, acaban por resbalarnos. Nos ocurre con el PP, que de tanto oír sus desmanes y abusos, ya ni nos impresionan. La paradoja de la acumulación es que más es menos. Más corrupción, más mentiras, más represión, más injusticias, no aumentan nuestra indignación, la anestesian. Cuando la basura te sepulta, casi ni la hueles. La hartura provoca siesta.

Pero en la siesta, estos vivillos siguen despiertos y nos la siguen clavando en funciones tanto o más que en mayoría. Sólo en estos cuatro meses desde las elecciones, ha acumulado casi tantos escándalos de corrupción como en los cuatro años anteriores. Gómez de la Serna, Arístegui, Taula, Aznar, Rato, Rita, Ignacio González, el PP de Valencia y el de Aguirre, el alcalde de Granada y su concejala de urbanismo, la mujer de Arias Cañete, el ministro Soria. No hay UDEF para tanto chorizo.

No son casos aislados ni asuntos personales de miembros puntuales, se trata de un partido que ha funcionado como un entramado corrupto para financiarse y está formado por demasiadas personas con conductas punibles o deplorables y por otras que las han permitido o incluso encubierto. Hablamos de un partido imputado como organización en Valencia y Madrid, hablamos de una organización criminal. Que no lo digo yo, lo ha dicho la Guardia Civil para referirse al PP valenciano.

Hablamos de muerte. Hablamos de que la Fiscalía acusa a consejeros del gobierno de Feijoo de homicidio imprudente porque retuvo los tratamientos de la Hepatitis C para cuadrar cuentas y eso le costó la vida a los enfermos. Ha muerto y sufrido mucha gente por su culpa, no sólo por la hepatitis y no sólo en Galicia. También por los desahucios. No olvidemos que pudieron pararlos, parar la sangría y evitar más suicidios, y no sólo no lo han hecho sino que ahora han impugnado en el Constitucional la ley anti desahucios catalana.

Ha muerto y aún sufre gente también por los recortes y los que nos quedan por ver. Nos han estado mintiendo con el déficit y ahora anuncian un recorte de otros 2000 millones por lo menos. Hablamos de un partido que miente no sólo para ocultar sus robos o sus sociedades offshore, también su mala gestión. O su represión. El ministro de Interior ha pedido que se castigue a un juez de la Audiencia Nacional por decir que en España hay torturas.

No les importa que las haya sino que se diga. No les importa reprimir, amedrentar, incluso a los jueces. Por supuesto también a activistas, críticos, artistas o titiriteros. El último, de nuevo, Facu Díaz, imputado otra vez, ahora por un tuit humorístico sobre la quema de iglesias, en minúscula, que si lo hubiera escrito en mayúscula no tendría problemas. En la denuncia ha participado el concejal del PP que dijo que Ada Colau debería estar limpiando suelos. Él lo dijo en serio, insultó a un cargo público, pero no imputan al machista y clasista sino al humorista.

Me voy a jugar la imputación y voy a llamar a las cosas por su nombre porque no sólo la neolengua genovesa oculta la realidad, también la lengua está perdiendo fuelle de tanto echar aire. De tanto repetirlas, las palabras ya no nombran las cosas, sólo las rozan. Llamemos al PP por su nombre. Es un partido imputado por financiación ilegal, definido como organización criminal, que tiene ex dirigentes detenidos, cazados o dimitidos por defraudar, malversar o mentir y a cargos acusados de homicidio imprudente y es un gobierno que censura, coacciona, encubre, desampara, maltrata y engaña. Son un peligro público, una amenaza social. Las cosas como son.

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