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TOLEDO

Pedro Moreno, diseñador ganador de dos Goya a mejor vestuario: “La censura no ha existido en la moda, pero sí en el teatro”

Narrar a través de los tejidos, construir una historia con colores, texturas y movimiento. A través del diseño de vestuario, Pedro Moreno no solo ha obtenido reconocimientos como dos premios Goya o el Premio Nacional de Teatro, sino que ha construido los cimientos de una profesión que, en ocasiones, pasa desapercibida. Esta semana pasará por Toledo, invitado por el Museo El Greco coincidiendo con una exposición en la que la pintura y el teatro se dan la mano “en un diálogo compartido”.

Pedro Moreno (Madrid, 1942) nació en una época en las que las oportunidades ‘no colgaban de los árboles’. Él mismo la define como una “época complicada, marcada por la Guerra Civil y en plena Segunda Guerra Mundial”. Aunque nació en Madrid, se crio y vivió hasta los doce años en el pueblo segoviano de Riaza. “Los que provenimos de medios rurales vivíamos en una especie de burbuja, en la que de algún modo tratábamos de soñar un poquito, lo que se podía y lo que nos dejaban”, expone al recordar su infancia.

Pedro no tenía clara ninguna vocación cuando era pequeño. Él asegura que solo quería “ser mayor”. Sin embargo, a partir de visitar diferentes edificios eclesiásticos encontró allí “retablos, luces, incienso, elementos que eran magia” y que potenciarían su interés por el diseño. Moreno comenta que la única forma de poder disfrutar del cine o el teatro “era a partir de la Iglesia”, a la que recurrió como “escapatoria”, como una forma de acceder al arte. Por eso, él y once compañeros más ingresaron en el seminario para hacerse curas y tener al alcance a esa oferta cultural: “Yo solo duré tres meses allí”, explica.

Después tuvo diferentes trabajos como repartidor, antes de llegar a estudiar Bellas Artes: “Yo era pobre, mi familia no era rica y no podía acceder a ninguna carrera oficial, pero iba a la Escuela de Bellas Artes [Real Academia de Bellas Artes de San Fernando], donde había oportunidad de pintar con modelos gratis y luego modelos vivos, o ir al zoo a dibujar animales”, rememora.

El salto a la alta costura: “Fue un aprendizaje fantástico”

Moreno también trabajó como maestro en un centro de menores, pero en la década de 1960 “de pura casualidad” pasó a trabajar en el mundo de la moda, concretamente a las órdenes del modisto Elio Berhanyer. Recuerda que la moda en aquel entonces “era una cosa realmente elitista, inasumible para el 80% de los españoles” y que suponía “una especie de privilegio para una determinada clase social, pero para mí era un aprendizaje fantástico”.

Su contacto con la alta costura le llevó a aprender “acerca de la armonía de los colores, trabajar volúmenes para conseguir texturas, investigar el mundo de los tejidos, fue muy interesante”. Apunta que la construcción de un traje de alta costura era “casi como hacer una escultura”.

Pedro señala tener unos “estupendos recuerdos de todo aquello. La época en la que yo hacía alta costura ha desaparecido prácticamente”, expone, al mismo tiempo que indica que en la actualidad “todo es más democrático, la gente puede elegir sin saber si el color que les gusta es el que está de moda este año o el que le proponen las marcas. Hay mucha más libertad de elección sobre todo para las mujeres”.

Sin embargo, con el auge del movimiento prêt-à-porter -listo para llevar o ropa hecha a demanda y en serie-, Berhanyer le recomendó que se ‘mudase’ al mundo del teatro y la cinematografía.

A partir de ahí, Pedro Moreno comenzó a diseñar vestuario para películas, obras de teatro, ópera, zarzuela y otras modalidades culturales de las artes escénicas: “Para mí lo más interesante ha sido [diseñar para] el ballet, la danza, porque el mejor desfile para cualquier persona que haga moda sería un escenario, y que en lugar de modelos fueran artistas que bailan”, apunta y señala que los bailarines y las bailarinas eran su “máxima inspiración”.

El oficio de contar historias a través de la indumentaria

Para Pedro, convertirse en un buen figurinista, diseñador y vestuario y escenógrafo pasa por “conocer lo que estamos intentando contar, hay que aprenderse los textos y es un trabajo colectivo, de todos los implicados”. Aquí entra en juego que todas las personas y profesionales implicados, desde el director, el escenógrafo, el diseñador... “todos en definitiva tengan un acuerdo de opiniones”, aunque para él, “lo más importante es conocer los textos”.

Con respecto al teatro, Moreno explica que “tiene muchas más posibilidades” a la hora de variar el trabajo: “Una obra de teatro se ensaya y se estrena. A veces durante una temporada, hay obras que aguantan años, pero cada día los actores pueden modificar y perfeccionar”. Eso no ocurre en el cine “porque solo es una sola toma. Aunque se repita cinco veces, se elige una y lo que queda, queda”.

En su opinión, “el figurinista o el diseñador de vestuario es un narrador. Lo que hacemos es contar historias. Yo tengo que ayudar a que lo que el actor cuenta parezca verdad, y es una parte muy importante”.

Moreno recalca que en todas las propuestas siempre se parte de cero. “Es lo que me apasiona de la profesión. No sirven de nada los éxitos anteriores. Cada vez te la juegas, puede ser la primera y la última”.

El mundo de las artes escénicas, dice, “es un continuo ponerse de acuerdo, una suma de pareceres, tanto con los directores como con otros agentes” y el diseñador de vestuario “vale lo que vale tu última película o tu último éxito teatral”.

El figurinista o el diseñador de vestuario es un narrador. Lo que hacemos es contar historias. Yo tengo que ayudar a que lo que el actor cuenta parezca verdad, y es una parte muy importante

De esta manera, apunta también que el vestuario puede condicionar la actuación de un intérprete: “Es relevante un acuerdo. Si el actor se siente incómodo va a rechazar ese vestuario, pero si está convencido de qué forma parte de su personaje, pues lo acepta. Hay ocasiones en las que los intérpretes te piden más dificultad para superarlo”.

Otro de los retos del oficio es adaptarse al presupuesto de una determinada producción y tratar de buscar una verosimilitud. A pesar de ello, Pedro recuerda que cuando trabajó en El perro del hortelano, de Pilar Miró, tuvo que viajar hasta Italia para conseguir telas adecuadas para el diseño del vestuario por su forma y colores: “Las comedias son más ligeras, tiene que haber más luz y rapidez, más color, por eso me fui a Italia a buscar estas telas. En España había telas, pero lo que había eran cortinas, que pesan mucho, es imposible que el actor se mueva con ligereza”, explica.

Cómo ha cambiado la forma de trabajar y retos de la profesión

La forma de trabajar en la escenografía y el diseño ha cambiado, y también la implicación del propio diseñador de vestuario: “Mi trabajo aparte de dibujar era traducir los diseños en los talleres para la gente que corta y cose. Ahora, una de las modistas con las que he trabajado más tiempo me dice que la gente le lleva fotos de internet, y que cuando les pregunta sobre la tela utiliza o cómo lo quiere le dicen ‘tú sabrás’. [Para un diseñador] no es necesario saber coser, pero sí saber cómo se cose y de qué forman funcionan las telas”.

Actualmente, “muchas prendas se compran ya hechas” y también se alquila vestuario, por lo que considera que el oficio está evolucionando a consecuencia de una “penuria económica”: “En algunas óperas que tenían que ser barrocas como no hay dinero van con trajes normales de la calle”, señala.

A lo largo de su carrera durante varias décadas, Pedro Moreno ha obtenido dos Premios Goya a mejor diseño de vestuario -en 1997 por ‘El perro del hortelano’ de Pilar Miró, y por ‘Goya en Burdeos’ de Carlos Saura-, así como el Premio Nacional de Teatro (2015) y la Medalla de Oro de la Academia de Artes Escénicas de España (2021).

Los premios no son siempre del todo justos, porque no todo el mundo ve todas las películas o todas las obras de teatro, y los premios no los concede el público, sino profesionales de tu gremio

Pedro considera que el reconocimiento “siempre es algo raro y difícil” porque “depende de que tu nombre se asocie a algo que tiene calidad” y en ocasiones en diferentes carteleras “se omite el nombre del diseñador de vestuario y esto es un perjuicio para él”. No obstante, explica que “por suerte, aunque en el pasado ha habido un problema de representación de género, cada vez hay más mujeres que hacen vestuario, dirección, guion y ha sido una gran conquista” y que podemos decir que “la paridad está prácticamente igualada” en el sector.

Al igual que otros sectores, las artes escénicas la profesión de diseñador de vestuario se enfrenta al auge de la inteligencia artificial: “La gente tiene mucho miedo de que nos deje sin trabajo, pero no es cierto en absoluto. Es una herramienta que hay que utilizar, pero la IA no piensa”, apunta Moreno.

Sobre el futuro del oficio, el diseñador cree que sigue habiendo posibilidades, a pesar de las diferentes crisis que estamos atravesando. “En la década de los ochenta y los noventa o principios de los 2000 había muchas posibilidades a nivel cultural para todo, pero el poder siempre considera que la cultura es un lujo y ahora llega un momento donde hay precariedad y la gente prescinde de los lujos. Por suerte, la gente sigue llenando los teatros y los cines, pero falta financiación en los proyectos”.

En el camino de buscar salida laboral recuerda cómo muchos tuvieron que emigrar. “Hay bastante gente que se ha tenido que ir a trabajar a Estados Unidos porque aquí no les daban oportunidades y cuando han salido fuera realmente se lo han reconocido y han tenido ocasión de degustar la calidad de su trabajo”.

“La censura no existía en la moda, pero sí en el arte”

El diseñador describe que en España “siempre hubo censura, no en la moda, ni en la época de la dictadura, pero sí en el teatro, en la literatura y en casi todas las cuestiones artísticas”, a pesar de que en la actualidad “hemos gozado de mucha libertad de acción”.

Recuerda que donde más censura sintió en lo artístico fue en Los Ángeles en 2019, durante la preparación de la ópera ‘Un gato montés’ junto a Plácido Domingo, donde aparecían toreros y picadores: “Los toreros llevan trajes ajustados, donde se les marca el paquete, y me dijeron que allí no, que nada de eso, ni transparencias ni paquetes”, explica.

Moreno detalla que el grupo que le contrató estaba vinculado con la productora Disney, “que está controlada por hispanos católicos y que tienen sus normas” y resalta que, a veces, la censura no existe porque la marquen las leyes, sino determinadas personas o lobbies. “Te censura la gente que dice esto sí o esto no”.

Apunta que en la actualidad la censura sigue existiendo, también en España: “[En 2023] me enteré de que Ana Belén quería hacer una función en Jaén y resulta que la prohíben porque es Ana Belén, ¿qué pasa? ¿Qué es como el enemigo terrorista?”, apunta.

Sin embargo, recalca que “hay algo mucho peor que es la autocensura, cuando hay gente que no hace cosas por si acaso no la llaman más. El miedo es la peor censura para uno mismo, miedo a no trabajar y a no poder vivir de tu trabajo”.

Hay gente que no hace cosas por si acaso no la llaman más. El miedo es la peor censura para uno mismo, miedo a no trabajar y a no poder vivir de tu trabajo

Pedro recuerda que tuvo que exiliarse a París en multitud de ocasiones porque la policía le perseguía durante la dictadura franquista: “No era por la moda ni por el teatro, sino por meterme en líos políticos, asistir a reuniones que no estaban permitidas, hablaba de cosas que no se podían hablar y tuve que irme a Francia porque me buscaban”, expone.

Si mira al panorama actual señala con preocupación ciertas corrientes sociales que están surgiendo. “Hay gente que está pidiendo que esa historia vuelva de nuevo. Es la que dice que entonces se vivía mejor. Claro que había gente que vivía mejor y son los que siguen viviendo mejor ahora (…) y pretenden que involucionemos, y eso es un peligro enorme”.

Hay gente que está pidiendo que esa historia vuelva -la dictadura- de nuevo. Es la que dice que entonces se vivía mejor. Claro que había gente que vivía mejor y son los que siguen viviendo mejor ahora (…) y pretenden que involucionemos, y eso es un peligro enorme

Este 16 de abril, a las 17.30 horas, el diseñador estará en Toledo para participar en una ponencia en el Museo del Greco. Esta institución cultural cuenta con piezas artísticas de distintas épocas y procedencias en el pasado, pertenecientes a su fundador, el marqués de la Vega-Inclán que recreó la casa y el taller del pintor griego al reformarla.

Ahora, la exposición ‘Otro escenario. El teatro al encuentro del Greco’, cuenta entre sus piezas con uno de los diseños que Pedro Moreno creó para la adaptación teatral de Ángel Fernández Montesinos en 2003 de Don Juan Tenorio. El diseñador ofrece una conferencia sobre su trabajo a raíz del hallazgo de los diseños originales de Salvador Dalí que sirvieron para la versión de Luis Escobar de 1949.

“Fue un caso muy excepcional porque tuve que repetir los dibujos de Dalí y era muy complicado”, explica. Realizó una incursión en la obra del gran artista del Surrealismo, todo un reto para “intentar saber, interpretar para introducirlo en un tejido y que luego se lo pueda poner un actor”. Fue un estudio que define como “muy intenso” pero con el que aprendió “muchísimo”: “Volvería a hacerlo cien veces para corregir algún defecto, hacerlo de otra manera, profundizar mucho más en su mundo surrealista”, explica.

Por suerte, aunque en el pasado ha habido un problema de representación de género, cada vez hay más mujeres que hacen vestuario, dirección, guion y ha sido una gran conquista

A pesar de ello, considera importante que en obras de teatro, el diseñador tenga en cuenta “lo que ha ocurrido antes, no solo lo que sale en escena. Por ejemplo si alguien viene de viaje, aunque no se detalle en el diálogo, pero que el vestuario lo cuente, por ejemplo si viene de lejos que lleve los zapatos desgastados o que lleve una maleta, pues forma parte del relato”.

Ese trabajo minucioso de documentación le ha llevado a Moreno a obtener varios premios por sus creaciones artísticas. No obstante, apunta que “los premios no son siempre del todo justos, porque no todo el mundo ve todas las películas o todas las obras de teatro, y los premios no los concede el público, sino profesionales de tu gremio. Es una muestra de la gente que te quiere y no siempre te premia porque tu trabajo sea el mejor, sino simplemente porque te quiere”.