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ALBACETE

Del racataplá al milindrillo: sentir la Tamborada de Hellín tras 150 años de historia en Semana Santa

Racataplá. Tanteo. Calacuerda. Milindrillo. Para cualquier persona que no viva en Hellín (Albacete) pueden resultar palabras fantásticas, localismos, quizá términos arcaicos que han dejado de utilizarse o incluso un hechizo. Sin embargo, en esta ciudad albaceteña los conocen bien. Resuenan, hacen eco, llenan corazones y el pensamiento de tradición y de recuerdos.

Estos son solo cuatro ejemplos que 'toques' de tambor de la Tamborada de Hellín, una festividad ligada a la Semana Santa que este 2026 cumple 150 años de antigüedad y que es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

Aunque algunas fuentes señalan que tiene un origen incierto, el presidente de la Asociación de Peñas de Tamborileros Semana Santa de Hellín, José Luis Jiménez, explica que surge durante la transición de la Primera República a la monarquía: “Hubo en la Semana Santa de 1876 una revuelta, donde los nazarenos con tambor y pita que desfilaban en los cortejos procesionales de la época fueron expulsados por el clero de las procesiones”. Jiménez recalca que, a pesar de que el alcalde de la época aprobó un bando donde se les negaba a los nazarenos tocar el tambor durante la procesión, “ellos se manifestaron en contra e hicieron rectificar al alcalde, dejándoles que tocasen fuera del cortejo procesional, y así surgió la que hoy es la Tamborada más grande del mundo”.

Una cita en la que pueden llegar a participar más de 20.000 personas tocando al unísono. Pero hasta llegar hasta hoy, esta celebración ha ido mutando. Jose Luis Jiménez apunta que quizá “comenzaron el primer año alrededor de 50 o 60 señores, los nazarenos con tambor y pita que tocaban fuera de la procesión. Sin embargo, con el paso de los años pudieron llegar hasta 3.000 personas”. Además, la indumentaria también ha ido cambiando. Jiménez nos cuenta que hasta 1941 los tamborileros tocaban con diferentes túnicas, pero que a partir de esa fecha “se fijó que lo hiciesen con túnicas negras” para diferenciarlos, además de un 'capuz' o pañuelo de color rojo.

Es inmutable en el tiempo, y que te acompaña año tras año, donde le das más importancia a lo sentimental que buscando la euforia de disfrutar de todo o cumplir en la esfera social

Los tambores como instrumento también han evolucionado. El presidente de la asociación señala que antes eran de “materias nobles como madera, cáñamo, tripas de animales, para hacer la resonancia de los bordones” mientras que en la actualidad son sintéticos y metálicos, “con los parches de plástico”. Igualmente, destaca que la ornamentación se ha ido modificando y ahora los tambores tienen elementos más elaborados donde artistas artesanos los decoran.

La Tamborada con plena inclusión

La mujer a lo largo de la historia “ha estado relegada a un segundo plano” también en las tradiciones. En el caso de Las Turbas de Cuenca, hasta 2007 ninguna mujer podía participar en ellas. Hace unos días comprobábamos que en Sagunto (Castellón) se negaba a las mujeres la posibilidad de acceder a llevar los pasos de Semana Santa como cofrades, en el caso de la Tamborada de Hellín han llegado a una “plena inclusión”.

José Luis Jiménez apunta que la mujer comenzó a tocar el tambor en la Tamborada “a mediados del siglo XX, porque hemos sido bastante machistas, la sociedad era así”. Explica que desde entonces era típico que ellas tocasen en el 'Sábado de Gloria' y que en la actualidad “es imposible pensar que una mujer o una chica no toque el tambor, es imposible”.

Es imposible pensar que una mujer o una chica no toque el tambor en Hellín, es imposible

Nos cuenta que en muchas ocasiones las mismas personas que son tamborileros también son cofrades en una hermandad y participan igualmente en ambos tipos de festejos.

Vivir la festividad desde dentro: “Es inmutable en el tiempo”

María Soliveres es enfermera, natural de Hellín, pero que ahora vive en Toledo. Ella dice que las personas de su pueblo “nacen con el tambor colgado” y que es algo “intrínseco”, ya que en las calles puedes ver a bebés que también están viviéndola: “Yo viví la Tamborada y la Semana Santa solo con unos meses de vida, en brazos de mi madre y de mi abuelo”.

Ese abuelo materno, Antonio, fue el que le enseñó a tocar el tambor: “Nos enseñó a mi primo y a mí cómo vivir las tradiciones y formar parte de la hermandad a la que habían pertenecido todos sus antepasados”, expone.

Soliveres destaca que nunca ha faltado en treinta años y que acudir a la Tamborada y la Semana Santa le sirve “de reset” porque “aunque quizá hay cosas que no son perfectas, estamos aquí y eso quiere decir que todo está bien”.

Lo vives acorde a tu momento vital. Con 16 años estás deseando disfrutarla hasta el último momento y no dejarte nada, pero con 30 años ya quieres enfocarlo de otra manera

María señala que la festividad de la Tamborada es “muy difícil describirla”, pero que “tiene una doble cara” en cuanto al ambiente que se vive en las calles. “Es un momento de alegría y de euforia, pero es cierto que se ve un cierto matiz de recogimiento y respeto, lo que hace que se enriquezca tanto. Los hellineros nos adaptamos muy bien a lo que corresponde en cada momento, y creo que es lo que la hace tan interesante para la gente de fuera”.

Para María es una “perfecta simbiosis” de la evolución de la tradición pagana que sería el toque del tambor, junto con “el culto religioso a partir de la exposición de tallas y esculturas de la máxima calidad”.

Momentos clave para ella en esta festividad son “los 25.000 tambores tocando el Miércoles Santo, la solemnidad del jueves por la noche o el respeto por el luto compartido en el entierro del viernes”, algunos que ella considera “difícilmente descriptibles con palabras”.

Sin embargo, para María el propio Domingo de Resurrección no puede evitar “que corran las lágrimas año tras año, en un encuentro donde miles de tambores enmudecen de golpe” cuando se encuentran las imágenes de Jesús resucitado y la Virgen, y de nuevo “irrumpen el toque de manera espontánea, al unísono y de forma atronadora a modo de celebración”. Aquí, José Luis coincide en que es una “ruptura del silencio muy impactante e icónica de nuestra Semana Santa”.

Por otra parte, la hellinera considera que en cada etapa de su vida y conforme va creciendo, vive la Tamborada de forma distinta. “Lo vives acorde a tu momento vital. Con 16 años estás deseando disfrutarla hasta el último momento y no dejarte nada, pero con 30 años ya quieres enfocarlo de otra manera”, explica María. Sin embargo, ella recalca que “la Semana Santa de Hellín tiene la capacidad de adaptarse a ti igual que tú a ella, y la entiendes de manera diferente sin perder ese sentimiento de pertenencia que se va a afianzando a ti, de tu pueblo, tus raíces y tus orígenes”.

María expresa con gran sentimiento que para ella la tamborada y la Semana Santa de Hellín es “inmutable en el tiempo, y que te acompaña año tras año, donde le das más importancia a lo sentimental que buscando la euforia de disfrutar de todo o cumplir en la esfera social”.

La hellinera nos cuenta que si tuviese que elegir un momento de todos los que ha vivido en la tamborada a lo largo de su vida sería junto a su primo Toni: “Crecimos juntos bajo el hilo conductor de la Semana Santa a partir de nuestro abuelo y él nos enseñó a tocar el tambor y el respeto por la tradición”. No obstante, aunque ahora viven fuera cuando se reencuentran por casualidad en la calle tocan el tambor: “Aunque nos veamos a lo lejos solo con mirarnos adoptamos la postura característica que tomaba mi abuelo al tocar el tambor e imitamos sus toques, que eran muy característicos también. El tiempo pasa, pero lo importante sigue aquí”.

Los principales retos de la Tamborada

Aunque José Luis Jiménez considera que es una festividad que “se está masificando demasiado, aunque esté feo decirlo”, uno de los principales retos a los que se enfrentan es que la Tamborada está “perdiendo un poco su esencia, sobre todo en los toques del tambor”.

De los toques de tambor de origen miliar - “está documentado que durante los desfiles se realizaban este tipo de toques”- se está “evolucionando hacia batucadas, con la introducción de instrumentos como el bombo”, algo que el presidente de la Asociación de Peñas de Tamborileros Semana Santa de Hellín considera que rompe con la tradición: “Es un poco una contaminación que hemos adquirido de otros lugares, como el Bajo Aragón, donde tocan el bombo. Aquí algunas peñas jóvenes también lo hacen, porque es un instrumento que marca más ritmo, pero nos gustaría guardar la ortodoxia en ese sentido”.

Sobre los toques de la Tamborada, Jiménez nos cuenta que existen nueve distintos y van ligados a las onomatopeyas que se produce al realizarlos. Por ejemplo, el racataplá, el redoble, el pique, el milindrillo, o el que me l'an tentao, entre otros. Y es cierto, que en cuanto lo escuchas las palabras de la onomatopeya aparecen en tu cabeza y se van repitiendo con cada toque. Estos toques, ligados a su origen militar también tenían una función: “Por ejemplo el racataplá estaba ligado a la llamada a la tropa, un toque que todavía se utiliza en México; o el calacuerda, que lo usaban mientras cargaban el mosquete para después disparar, los tambores hacían ese sonido”. Jiménez señala que hay que tener en cuenta que “antes no podías gritar o utilizar una corneta, entonces los toques de tambor se utilizaban para dar órdenes a la milicia”.

María, por su parte, invita a todo aquel que quiera asistir a la Tamborada, porque “aunque ser Fiesta de Interés Turístico Nacional y Patrimonio Inmaterial de la Humanidad es una buena carta de presentación, esos títulos no pueden recoger el sentimiento que palpita en cada rincón de Hellín. Hay que vivirlo y sentirlo”. Explica que “el turismo está aumentando” y que están agradecidos, pero que la gente que participe en la Semana Santa de Hellín “debe hacerlo de manera sana y enriquecedora culturalmente, y que nos ayude también a disfrutar a todos”.

Una celebración que perdurará en el tiempo

Aunque la Tamborada cuenta con una historia de más de un siglo, la Asociación de Peñas de Tamborileros Semana Santa de Hellín surge en 1988, según detalla su presidente porque “si te unes vences y el movimiento asociativo está socialmente comprobado que te hace avanzar”. En la actualidad la componen 125 peñas y más de 1.200 socios, aunque explica que “muchas veces los chavales se juntan en sus propias peñas aunque no estén registradas y también participan”.

Asegura que la tradición pervivirá en el tiempo, ya que “desde pequeños ya salen tocando el tambor, por ejemplo en el Viernes de Dolores tenemos una Tamborada escolar en la que solo salen los niños y las niñas, ellos son los protagonistas y viven ya la fiesta del tambor”.

La Tamborada de Hellín fue declarada en 2007 Fiesta de Interés Internacional, en 2011 Bien de Interés Cultural (BIC) y en 2018 Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, una lista de reconocimientos que José Luis Jiménez señala que “es un orgullo”. Sin embargo, al ser un patrimonio inmaterial, la UNESCO “solicita que enviemos al Gobierno de España una serie de relaciones de actividades” para que demuestren que la festividad pervive.

Él la define como una “fiesta extraordinaria”, donde la más impactante es la del Miércoles Santo, ya que “es muy multitudinaria, puede que haya 25.000 personas en el centro del pueblo tocando el tambor e impacta mucho”. Señala que “hay personas que les cuesta meterse un poco en el ambiente”, pero que es una fiesta “muy participativa”, aunque hay personas, “sobre todo gente mayor que no le gusta mucho por el ruido, pero muchas personas que vienen, sorbe todo gente joven, siempre vuelven”.