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Desperdicio alimentario: ni ahorramos, ni cuidamos el planeta

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Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (ONUAA, o más conocida como FAO), un tercio de toda la comida que se produce en el mundo para consumo humano no es aprovechada, y así lo recoge también Red Sin Desperdicio, un grupo  para el conocimiento y la prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario creada por un grupo de profesionales del sector agroalimentario y la prevención de residuos, con el objetivo de concienciar a la población sobre malos hábitos en cuanto a los desperdicios generados en cada comida, así como fomentar una mayor sostenibilidad.

El desperdicio de los alimentos producido en el mundo es una evidencia preocupante -y sorprendente-, un mal hábito con un alto precio y no solo económico, pues estamos hablando de numerosas vidas humanas, concretamente de alrededor de 8.500 niños que pierden la vida en países subdesarrollados debido a la escasez de alimentos, según UNICEF.

Confinados, pero con la nevera llena

Surgen un gran número de incógnitas relacionadas con el desperdicio tras este excepcional periodo de confinamiento ocurrido por primera vez en nuestros hogares en lo que va de siglo, a las que se han tratado de dar respuesta mediante un sondeo realizado por la Red a más de 6.500 hogares españoles.

Entre los resultados, el dato más relevante lo encontramos con que, únicamente, el 2,75% de los encuestados consideraban haber desperdiciado más comida de lo habitual, dando a entender, como la presencia en casa, un factor clave en el mayor control sobre los alimentos cocinados y consumidos.

Otro dato reseñable lo encontramos en la dieta llevada a cabo, donde casi un cuarto de ellos cambió su dieta durante el confinamiento hacia alimentos más saludables. Hecho que demuestra que, con una mayor disponibilidad de tiempo, somos capaces de cuidar mejor nuestro organismo, evitando caer en la tentación de las llamadas “fast food”, tan poco recomendadas por los expertos para nuestra salud.

En relación a la compra, el 31,44% de los encuestados reconocían haber comprado más comida de lo habitual en los supermercados, así como que el 75% iban con menor frecuencia a la compra, priorizando los productos de gran tamaño. Además de que el 59% afirmaban comprar con mayor frecuencia en el pequeño comercio, evitando el contacto con más personas y reduciendo así el riesgo de contraer el coronavirus.

Héctor Barco, miembro de la Red, revelaba, además, la cantidad comestible desperdiciada en los hogares españoles durante una semana de confinamiento, con una media de 223 gramos de alimentos desperdiciados en cada unidad familiar y 111 gramos por persona, mientras que desde el Proyecto Europeo Refresh, los datos antes del confinamiento contaban con 530 gramos en el hogar por semana, e incluso desde el Ministerio con 1,47 kg por semana. Lo que permite sacar la conclusión de que se ha desperdiciado menos durante el confinamiento debido, en gran parte, a una inexistente salida a restaurantes y a un mayor aprovechamiento de las sobras.

Desperdiciar comida, nada bueno para la sostenibilidad del planeta

La actividad de la alimentación en sí supone un 26% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, y un tercio de ésta corresponde a las pérdidas y desperdicios alimentarios. Cifras altamente preocupantes y a las que los ciudadanos no solemos reparar cada vez que realizamos, por ejemplo, el mero gesto de tirar las sobras de la comida al cubo de basura. Por ello, es necesario una mayor concienciación social sobre este aspecto a nivel global.

Reduciendo el desperdicio, estamos frenando el impacto climático estimado en nuestro planeta, y es que se estima que podemos ser los responsables de cambiar la anomalía máxima de la temperatura global en hasta más de 1°C. Se trata, por supuesto, de una mejora social tomada en conjunto para obtener un mayor resultado, pero la responsabilidad de que sea posible reside únicamente en nosotros mismos y nuestro afán por cuidar el planeta.

La solución es muy simple: una dieta saludable, el consumo de frutas y hortalizas de temporada, así como el reciclado de sobras para comidas posteriores. Pequeños detalles que pueden repercutir de manera muy positiva en nuestro medio ambiente.

Como se vio reflejado en el sondeo, con la disponibilidad de un tiempo libre mayor, nuestra sociedad fue capaz de reducir los datos anteriores a la pandemia, demostrando así que, si ponemos una pequeña voluntad clara, somos capaces de cambiar la tendencia y mejorar nuestros hábitos. Aunque no solo es necesario mantener ahora la tónica vista en el periodo de confinamiento, sino que es nuestro deber minimizar aún más el desperdicio a través de un mayor esfuerzo en nuestros gestos cotidianos, por el bien de nuestro bolsillo, de nuestra salud y, sobre todo, del medio ambiente. 

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (ONUAA, o más conocida como FAO), un tercio de toda la comida que se produce en el mundo para consumo humano no es aprovechada, y así lo recoge también Red Sin Desperdicio, un grupo  para el conocimiento y la prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario creada por un grupo de profesionales del sector agroalimentario y la prevención de residuos, con el objetivo de concienciar a la población sobre malos hábitos en cuanto a los desperdicios generados en cada comida, así como fomentar una mayor sostenibilidad.

El desperdicio de los alimentos producido en el mundo es una evidencia preocupante -y sorprendente-, un mal hábito con un alto precio y no solo económico, pues estamos hablando de numerosas vidas humanas, concretamente de alrededor de 8.500 niños que pierden la vida en países subdesarrollados debido a la escasez de alimentos, según UNICEF.