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Luces y sombras en la salud renal de Castilla-La Mancha, vista desde Atención Primaria

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Vaya por delante que todos los datos, tasas estadísticas e indicadores clínicos analizados proceden del informe oficial de evaluación titulado 'Actividad de donación y trasplante renal. España 2025', elaborado y editado por la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) y el Ministerio de Sanidad del Gobierno de España.

Aunque ya retirado, mientras he ejercido como médico de familia en un centro de salud de Castilla-La Mancha, me ha interesado el seguimiento de los pacientes con Enfermedad Renal Crónica (ERC) algo que ha formado parte de mi rutina diaria. Ver su lucha diaria, el desgaste personal continuo que les suponen las sesiones de hemodiálisis y la eterna espera de esa llamada telefónica que les devuelva la vida, ha sido constante en los años de ejercicio profesional. Por ello, la lectura y análisis del último informe de la ONT no es un simple ejercicio estadístico para mí, sino una radiografía de la esperanza de vida de esos pacientes.

El documento deja una sensación agridulce, un escenario de luces y sombras que merece una reflexión colectiva. Por un lado, debemos sentirnos muy orgullosos de la robustez de nuestro sistema de donación. Nuestra región ha alcanzado un volumen absoluto de 97 trasplantes renales en el año 2025. Los equipos del Hospital Universitario de Toledo (con 50 intervenciones) y del Hospital General Universitario de Albacete (con 47) operan a pleno rendimiento, recuperando con firmeza el terreno perdido durante los difíciles años de la pandemia.

Si algo destaca en el informe de la ONT es la existencia de una tremenda generosidad en los castellanomanchegos. En 2025 se generaron 89 donantes totales, lo que se tradujo en la extracción de 151 riñones. Lo verdaderamente llamativo es nuestra balanza de intercambio: implantamos 104 riñones de donantes fallecidos, de los cuales 74 se quedaron en la región y 30 fueron enviados a otras Comunidades Autónomas, principalmente a Madrid. A cambio, recibimos 23. Es decir, Castilla-La Mancha es una región netamente exportadora y solidaria, que nutre la red nacional y salva vidas más allá de nuestra autonomía.

Si hay algún enemigo terrible de la medicina ese es la complacencia, y cuando traducimos las cifras absolutas a tasas por millón de población (pmp), que es donde se realiza el verdadero ajuste de estas estadísticas, la realidad nos exige que seamos críticos.

España se mueve en una media de 40,5 trasplantes de donante fallecido pmp, un dato encomiable. Sin embargo, Castilla-La Mancha, se queda bastante por debajo, registrando aproximadamente 23,1 pmp en muerte encefálica y 22,6 pmp en asistolia controlada, siempre según los datos de ese informe.

¿Significa esto que el paciente castellanomanchego está desamparado? Rotundamente no. El propio informe también revela el dato de que cuando la ONT analiza la tasa según la comunidad de residencia del receptor, nuestras cifras se elevan notablemente (rozando los 30 pmp por modalidad). Esto demuestra que la red de cohesión nacional funciona y que muchos de nuestros vecinos en la región son trasplantados con éxito en hospitales de la vecina Comunidad de Madrid al pertenecer a nuestra misma Zona Centro de coordinación. Aunque como médico que ha ejercido en esta tierra, no puedo evitar exponer mi deseo de una mayor autonomía y capacidad quirúrgica intrarregional, evitando los siempre complejos e incómodos desplazamientos para los pacientes crónicos y sus familias.

Pero hay un dato que pienso debería encender las alarmas, es el 'cero' que aparece, y causa dolor mirarlo, en las tablas estadísticas del Ministerio, es el de la actividad de Donante Vivo. En todo el año 2025, Castilla-La Mancha registró exactamente cero trasplantes de donante vivo. Una cruda realidad que solo compartimos en todo el territorio nacional con la CA de La Rioja. Mientras en Cataluña se realizan 174 trasplantes de vivo y en Madrid 81, nuestra región permanece completamente desconectada de esta modalidad, aunque en Albacete existe autorización desde 2017, solo se han realizado 3 trasplantes de vivo.

El trasplante de donante vivo ofrece una supervivencia significativamente mayor del injerto, permite programar la cirugía antes de que el paciente requiera diálisis, puesto que nos anticipamos al trasplante anticipado, y reduce drásticamente las listas de espera. Que no se esté explotando esta vía en Toledo o Albacete es un déficit asistencial, también cultural, que con urgencia se debería intentar corregir.

La solución a este agravio comparativo no está solo en quirófanos de alta complejidad; empieza en nuestras consultas de Atención Primaria. Necesitamos formación específica para los facultativos de familia, campañas institucionales agresivas y la creación de unidades de referencia de donante vivo accesibles y proactivas que informen a los familiares de los enfermos en fases tempranas de la insuficiencia renal.

Tenemos los donantes, tenemos la infraestructura hospitalaria de primer nivel en Toledo y Albacete, y sobre todo, tenemos una sociedad de una generosidad desbordante. Nos falta un impulso institucional y una mayor ambición clínica para que Castilla-La Mancha no solo sea una excelente tierra de extracción de órganos, sino un referente integral de vanguardia en el implante y en el trasplante de vivo.

Por la salud de nuestros pacientes, creo que no podemos conformarnos con menos.