'El Manual' de Iván Redondo: anatomía del poder y oficio de la política
Un buen jefe de gabinete es aquel que dice siempre la verdad, directamente y sin rodeos, a la persona para la que trabaja. Además, debe actuar con prudencia y templanza, porque en política, como recuerda Michel de Montaigne, nadie está libre de decir estupideces, aunque lo peor es decirlas con énfasis.
También es esencial que domine las tres dimensiones del tiempo: el táctico, el estratégico y el histórico. Y, por muy sabio o brillante que sea, sabe que el éxito solo se alcanza en equipo. El jefe de gabinete es muchas otras cosas, pero quien quiera conocerlas con detalle, a partir de experiencias variadas, tendrá que leer —con pluma y cuaderno al lado para tomar notas— el libro del consultor político Iván Redondo, El Manual.
¿Es El Manual un manual para preparar elecciones stricto sensu? La respuesta es no. Redondo ofrece un producto literario que cabalga entre las memorias, el ensayo político, la crónica periodística basada en vivencias y un ligero toque novelesco, todo ello atravesado por un sesgo personal que gira en torno a dos palabras: verdad y humildad.
En el fondo, El Manual es un compendio de ideas —no de ideologías— en el que confluyen saber, razón e intuición. Su hilo conductor es la descripción de cómo se construye el poder político desde el análisis, el estudio y la experiencia acumulada por el autor en campañas y gobiernos. El lector puede abordarlo desde distintos niveles: lo biográfico, lo personal, lo político, lo profesional o la intrahistoria de sucesos relevantes para él y para diversas ciudades, comunidades o para España en menos de una década.
En uno de los últimos capítulos, Redondo revela una circunstancia esencial de su vida: una enfermedad congénita que pudo llevarle a la muerte y cuya solución —incluida una operación de corazón— se mantuvo en secreto para no alterar el devenir político. Este hecho dice mucho sobre quién es Iván Redondo como persona.
La lectura de El Manual, escrito en tercera persona —lo que genera cierta sensación de distancia, aun sabiendo que autor y protagonista son la misma figura—, permite colegir que el autor se deja llevar por un superego centrípeto en sus apreciaciones sobre sí mismo. Sin embargo, no se aprecia egolatría. Redondo posee una cultura poliédrica, con lecturas bien integradas en su armazón racional, especialmente en ciencia política (y digo ciencia, no politiqueo), historia, estrategia, psicosociología y análisis del comportamiento humano. Entre Maquiavelo, Lakoff, Las 48 leyes del poder de Robert Greene y otros autores contemporáneos se construye la ancha alameda por la que transitan sus inteligencias racional, intuitiva y emocional. En ese manantial se encuentra lo más sustancioso de El Manual.
Una parte clave del libro es su experiencia como estratega electoral con líderes del PP (Albiol y Monago), del PSOE (Sánchez) y del PSC (Illa), lo que refuerza la tesis de que su trabajo no depende de la ideología del cliente, sino de la estrategia.
Redondo presenta la política como un oficio intelectual, donde la intuición solo funciona si está respaldada por conocimiento. El Manual no pretende convencer políticamente a nadie: su objetivo es explicar cómo se piensa, se diseña y se ejecuta la estrategia política desde dentro, desde la mente fría y analítica de alguien que conoce los movimientos de masas —esencialmente emocionales— en un contexto, una situación y una geografía determinadas. Es un libro que expone lo personal y lo profesional, aunque de forma claramente separada, y que reivindica la política como una disciplina que se aprende, se estudia y se practica con método y rigor.
No busquemos reflexiones morales en estas páginas, aunque sí un eje básico y necesario: el valor de la verdad. Al autor le interesa más explicar cómo se construye el poder que justificarlo. Quien busque cotilleos o revelaciones morbosas se frustrará, porque Redondo muestra cómo se construyen marcos narrativos, cómo se gestiona una crisis, cómo se diseña una campaña ganadora o cómo se articula la relación entre líder, partido y opinión pública. Y algo muy importante: en El Manual, el arte de lo que no se ve es también el arte de iluminar el escenario.
El Manual, escrito con ligereza narrativa y concreción conceptual, es un libro inteligente, útil y honesto en su objetivo.
Más que ofrecer una biografía personal o profesional o defender una ideología, explica un método con el que se puede estar más o menos de acuerdo, para intentar ganar elecciones. Su fortaleza reside en la claridad con la que muestra que la política es un oficio que se aprende y en el que no se vence con grandes palabras, sino con acción.
Es una obra imprescindible para quien quiera entender la ingeniería del poder en España desde dentro, sin ruido partidista y con una mirada profesional que rara vez se expone con tanta brillantez y transparencia.
Abre, además, una ventana al entendimiento del arte, la ciencia y el deporte que es también la política como servicio público. Merece la pena la lectura, aunque solo sea para reafirmarnos en que el principal factor de oposición en la política, ya sea local, regional, nacional o mundial, es la ignorancia.
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