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El libro para descubrir a la 'Guadalajara rebelde', una provincia siempre en la frontera: “Rompemos estereotipos”

Durante 1.000 años muchos vecinos y vecinas de la provincia de Guadalajara no se resignaron a ser personajes secundarios de la Historia. Lucharon para defender sus derechos, su dignidad y su libertad. Pero el caso es que esta parte de la historiografía casi nunca ha sido contada o se ha hecho de forma parcial.

Ahora el libro Guadalajara rebelde. Siglos XI-XX (Asociación Cultural ‘Federico Engels’, 2026) hace honor a su nombre y busca romper estereotipos. La publicación dibuja una provincia de Guadalajara inconformista y luchadora, que ha sido tierra de frontera en la Edad Media, y que estuvo presente en las grandes revoluciones o en las luchas obreras que pelearon por lograr unas condiciones mínimas con las que mantener a sus familias.

Es obra de Javier Plaza de Agustín y Enrique Alejandre. Ambos autores han llevado a cabo durante casi una década una amplia labor de investigación en archivos nacionales, provinciales, bibliotecas, hemerotecas o colecciones particulares para escribir sobre lo que nadie ha escrito: las luchas sociales dentro de los actuales límites de la provincia de Guadalajara desde la Edad Media - incluso un poco antes- hasta que terminó la guerra civil.

“Hablamos de una Guadalajara muy alejada del tópico de provincia conformista y servil que la historia tradicional nos ha mostrado”, señala Javier Plaza de Agustín, doctor en Historia por la UNED.

El “eje” de la publicación es la revuelta comunera del siglo XV, dice el historiador, teniendo en cuenta que esta siempre ha sido una provincia “de frontera”: “Lo fue entre musulmanes y cristianos, entre Aragón y Castilla y ahora entre el campo y la ciudad, teniendo en cuenta su cercanía a Madrid”.

La democracia medieval “de la que debemos sentirnos orgullosos”

La posición geopolítica de Guadalajara ha tenido y tiene desventajas, pero no siempre fue así. “En las tierras de frontera siempre ha habido más libertad cuando hablamos de la Edad Media: ciudades libres y autogestionadas, porque tanto los califas cordobeses como los reyes cristianos otorgaban libertades a sus súbditos a cambio de vivir en la frontera. Esa fue la base de la sociedad medieval en Guadalajara”, explica el historiador.

Plaza sitúa el origen del movimiento inconformista en el momento en el que la guerra contra los musulmanes se aleja hacia Granada. “En Guadalajara tuvimos una democracia medieval de la que sentirnos orgullosos y que no tiene nada que envidiar a la de Atenas”, presume.

Hasta ese momento, hubo fueros, una especie de ordenanzas municipales en los que era habitual hablar de igualdad en muchos ámbitos. “Las élites de la nueva oligarquía cristiana trataron de cambiar el sistema e imponer eso de ‘yo mando y tú obedeces’. Es ahí donde surge esa rebeldía” porque los campesinos de Guadalajara de la Edad Media “se negaron a perder sus libertades, los fueros y la democracia que se había instaurado a través de los concejos abiertos”.

En las tierras de frontera siempre ha habido más libertad cuando hablamos de la Edad Media: ciudades libres y autogestionadas, porque tanto los califas cordobeses como los reyes cristianos otorgaban libertades a sus súbditos a cambio de vivir en la frontera. Esa fue la base de la sociedad medieval en Guadalajara

En 1405, relata Javier Plaza, “el gobierno de los caballeros era tan tiránico y corrupto que hubo un motín exigiendo a los que hoy serían el alcalde y los concejales modernos firmar un documento en el que se comprometieran a gobernar por el bien público. Amenazaron con liarla, y al final firmaron todos”. Gracias a eso, ironiza el historiador, “durante la Edad Media tuvimos un gobierno que no fue del todo corrupto”.

Más allá de la anécdota, fueron tres siglos de “resistencia” intentando evitar el sistema. “Lo que en otros sitios se consiguió en décadas, aquí no lo lograron hasta el siglo XV”, señala. Fue entonces cuando el campesinado perdió la batalla que retomará después el movimiento comunero. “Ese fue el último estertor de la Edad Media, en época de Carlos V. Los castellanos defendieron que la suya era una tierra de oportunidad y libertades. Lo concibieron como una traición democrática y no les daba la gana asumirlo”.

Los comuneros también perdieron la batalla, dando origen a unos siglos XVI y XVII oscuros en libertades. “La pobreza llegó a Castilla y a toda España con una crisis económica brutal, y aun así siguió habiendo pelea”.

En Guadalajara hubo tres siglos de resistencia intentando evitar el sistema feudal. Lo que en otros sitios se consiguió en décadas, aquí no lo lograron hasta el siglo XV

Javier Plaza subraya aquí que “el poder que ha tenido el pueblo en todas las épocas ha sido maravilloso. Se han organizado en muchas ocasiones. Fueron de derrota en derrota, pero su lucha fue tremendamente digna”. En la provincia hubo casos paradigmáticos. “En la Edad Media los vecinos de Molina de Aragón se plantearon quemar el pueblo como protesta. En Sigüenza estuvieron a punto de linchar al obispo y a los canónigos”.

Los motines de subsistencia protagonizados por las mujeres

Nos situamos ya en el siglo XVIII, cuando la época ‘industrial’ llegó a Guadalajara, bajo el reinado de los Borbones a través de la implantación de las fábricas de paños, tanto en la capital como en Brihuega. “La lucha es la misma pero los protagonistas pasan de ser campesinos a obreros”.

Ya los comuneros habían planteado la necesidad de una “industria nacional” porque consideraban que “se perdía mucho dinero comprando productos manufacturados en el exterior. Planteaban dejar la lana en Castilla, trabajarla y competir con lo que venía de Italia y Países Bajos”, relata Enrique Alejandre. Lo que Carlos V se negó a aplicar en España, sí lo hicieron los Borbones en el siglo XVIII. “Coincidiendo con la llegada de la nueva dinastía, el país estaba en la ruina. Guadalajara había sido arrasada durante la Guerra de Sucesión. Su afinidad a los Borbones fue premiada con una fábrica de paños que fue extraordinariamente conflictiva desde su inauguración en 1719”.

La razón fue que no se confió en el talento local- ni se formó a especialistas, porque tampoco quedaba nadie para hacerlo- sino que se trajo a la provincia a operarios holandeses. La precariedad salarial desembocó en conflictos laborales y la fábrica terminaría cerrando cuando la monarquía envió al ejército. “Carlos IV tenía miedo tras la experiencia en la toma de la Bastilla en París”, durante la Revolución Francesa.

Las mujeres también participaron también de la ‘rebeldía’, en particular en los llamados motines de subsistencia. “Tras un año o dos de malas cosechas, debido al atraso de la agricultura española, solía producirse escasez de trigo y por tanto de pan. Se especulaba con este alimento. Desde finales del siglo XVIII y hasta 1918 fueron las mujeres las que se ponían al frente de estos motines”. Juana Aragonés Sanz, la Chaleca, es uno de los nombres más reconocibles. Actuaron en Sigüenza, Marchamalo, Salmerón o Molina de Aragón frente a la subida del pan.

La industria de extracción de sal en Imón o la minería en el norte provincial -plata en Hiendelaencina o hierro en Setiles y en Tordesilos- también generó revueltas. “Sobre todo hubo huelgas de los mineros, como la que en 1854 reprimió la Guardia Civil en Hiendelaencina. Hay muchos interrogantes sobre esta zona que requiere una investigación en profundidad”.

Hubo huelgas de los mineros, como la que en 1854 reprimió la Guardia Civil en Hiendelaencina. Hay muchos interrogantes sobre esta zona que requiere una investigación en profundidad

Ya en el siglo XX, con una provincia “dominada” por el conde de Romanones, la industria se limitaba a los talleres del Fuerte San Francisco. Hubo huelgas en los inicios del siglo de albañiles o panaderos, coincidiendo con el nacimiento de UGT. Se construyó la Casa del Pueblo, inaugurada en 1915 por el fundador del PSOE, Pablo Iglesias.

No fue una buena época para Guadalajara. La que estaba llamada a ser una de las grandes empresas del país, la fábrica de automóviles Hispano-Suiza se incendió en 1924 dando al traste con el desarrollo económico esperado. En el campo, la prometida reforma agraria no llegaba. “Los problemas de la época en el país eran tan gordos que el hartazgo de la gente se expresó entonces en las urnas”, señala Alejandre.

Las elecciones del 12 de abril de 1931 en Guadalajara fueron noticia nacional. “El conde de Romanones -y la monarquía de Alfonso XII- perdieron el poder municipal. La conclusión fue clara: si se perdió en Guadalajara era porque se había perdido en todo el país”, explica. Fue el origen de la II República, justo antes de la guerra civil, hasta donde llega el relato del libro que acaba de presentarse.

La historia “silenciada” de Guadalajara

En todo caso “la historia de Guadalajara ha sido silenciada en un 50%, de forma intencionada. La clase dominante nunca ha querido que la gente de a pie aprendiera de sus experiencias”, sostiene Enrique Alejandre. Cuando publicó su primer libro allá por 2006 supo que quería estudiar estas corrientes sociales tan poco conocidas. Desde El movimiento obrero en Guadalajara.1854-1939, a la Guadalajara, 1719-1823. Un siglo conflictivo o la historia de La mujer trabajadora en Guadalajara.1868-1939, son algunas de sus publicaciones.

 “Es cierto que en Guadalajara nunca ha habido un movimiento obrero tan potente como en el País Vasco, el País Valenciano o Barcelona, pero cuando investigas, sorprende la cantidad de luchas… en el campo, en la ciudad y en los sitios más insospechados. La sociedad de Guadalajara no ha sido tan pasiva. Cuando ha habido que protestar se protestaba. El problema es que eran motines o protestas aisladas”.

Javier Plaza, autor de títulos como ‘Historia de Guadalajara durante la Edad Media’ y ‘Tierras comunales y lucha por el poder en la Guadalajara medieval’ cree que la publicación consigue “desmontar ciertos mitos”, pero también reivindica la necesidad de hablar de las personas más anónimas. “Estábamos un poco cansados de que siempre que hable de los mismos: el duque del Infantado, el conde de Romanones, el cardenal Mendoza... ”

En eso coincide Enrique Alejandre. “Generalmente en los libros de historia aparecen los nombres de alcaldes, gobernadores, obispos o capitanes, pero no los del pueblo llano, cuando resulta que su trabajo es la base de las sociedades. Del relato de tiempos pasados han sido excluidos campesinos, artesanos, obreros industriales…”

Son esas gentes, añade el historiador, “que permanecen calladas durante décadas, ajenos a la política, que cuando se implican - y a eso se le llama revolución- cambian los regímenes y permiten que la sociedad avance”. Enrique Alenjandre establece un paralelismo con la situación del momento. “Estamos viviendo tiempos convulsos de guerras y revoluciones. Quizá mucha gente tenga que hacer lo que nunca en su vida se planteó: salir a la calle y luchar. Basta con mirar las noticias. Pero si otros antes consiguieron cosas luchando, por qué no las vamos a conseguir nosotros”.