RESEÑA
Cuando a Karmento se le enciende la chicharra: folclore, cabaret y espectáculo para la artista más “loca del pueblo”
Hay una sábana blanca colgada en vertical, como tendida, de la que prenden platos de cerámica típicos de las paredes encaladas de las casas manchegas. Hay un diván de cabaret. Hay castañuelas, flores y cintas de todos los colores del arco iris. Y hay un rumor de agua que comienza a escucharse conforme se perfila, tras la tela, una silueta femenina que se contonea y alza los brazos prometiendo también fuego, aire y tierra.
La sábana se abre y es ella: Karmento. Vestida de blanco, con encajes y polainas, su presencia desata la locura del público desde el altar del Círculo de Arte de Toledo, una antigua iglesia desacralizada reconvertida en sala de conciertos.
Es la primera vez que la artista albaceteña recala en Toledo con una gira. Lo hizo hace un año y medio en el evento por el décimo aniversario de elDiario.es Castilla-La Mancha, en el Teatro de Rojas de la ciudad.
Ya entonces soñaba (se lo dijo a este medio) con conquistar al público toledano, una plaza algo difícil. Y lo ha conseguido. Cerca de 300 personas de todas las edades la vitorean nada más aparecer en el escenario y ella responde durante hora y media. Lo haría igual si hubiera tan solo dos personas delante. Pero en esta ocasión, Karmento tiene lo que se merece tras diez años intentando hacerse un hueco: su tercer álbum, ‘La serrana’, la ha encumbrado entre las mejoras artistas manchegas del país con su inigualable fusión de folclore y ritmos contemporáneos.
Jotas, pasodobles, cuplés, rancheras, ritmos de valls y zarzuelas, acompañados de timbales, percusiones, teclados, castañuelas y efectos sonoros y de luces. Ritmos pegadizos, letras feministas, pegadas a la tierra, odas a la lucha y a los sentimientos universales.
Todos estos elementos, pero sobre todo su expresión corporal, su prodigiosa voz y su puesta en escena, han conseguido que Carmen Toledo, su nombre original, despegue desde su pueblo serrano natal, Bogarra, hasta la isla de Malta, donde entró en contacto hace 15 años con músicos internacionales que la ayudaron a crecer como artista, y ahora hasta el cielo de los festivales y las salas llenas.
Karmento no solo interpreta cada canción entre el pitorreo y la tristeza, también mira a los ojos a su público, detiene su expresión en cada persona para decirle “esto es para ti” y se entrega a una interpretación disfrutona acompañada del gran músico Emilio Abengoza; de la violinista Alvany Guédez; la guitarrista Mariel de Lamo Requena; y la baterista y percusionista Rosario Herreros.
En ‘La loca del pueblo’, bebe de una jarra de agua para entonar gritos femeninos de guerra y contarnos su sed de fuentes inagotables. Cuando llega ‘Fangos’, agarra las castañuelas y cuenta que esta canción refleja el “punto de vida” en el que se encuentra como “mujer sexuada”, y desde ‘Fuego encendido’, cambia sus polainas por una minifalda de paño con detalles manchegos, parecidos a las famosas cortinas que protegen del solano las puertas de las casas manchegas.
A la artista no le acompleja arrancarse por coplas, hacer ‘perreos’ manchegos, marcarse un divertido homenaje al ‘Tatuaje’ de Concha Piquer y disfruta haciendo constantes referencias a Castilla-La Mancha y a “lo que nos gusta comer”, mientras recita versos de Miguel Hernández en su ‘Elegía a Ramón Sijé’: “A las aladas almas de las rosas / de almendro de nata te requiero / que tenemos que hablar de muchas cosas / compañero del alma, compañero”.
La locura que abandera, esa “chicharra encendida”, se desata también entre el público cuando canta ‘La serrana’, ‘La manchega en la azotea’, ‘Cri cri’, y sobre todo, ‘Quiero y duelo’, la canción con la que compitió en el Benidorm Fest, donde no ganó, pero sí gano, porque permitió que la escucharan en toda España. En esta última canción Karmento se baja del escenario/altar, canta entre el público desde el principio hasta el final. No quiere cumbres, quiere tocar, acariciar y seguir mirando a los ojos.
Al final, la cantante y compositora decide cerrar su concierto con ‘Hay que soltar’, una bellísima balada con rumores de “ancestras” en la que narra la necesidad de dejar atrás lo que ya no aporta, lo que duele. Así despide a su público, mientras vuelve a sonar el agua del inicio y la gente pide más. Más Karmento. Y ella besa a su público prometiendo volver.