“Necesaria” o “superficial”: primeras impresiones de la norma que estrena Toledo en 2026 para regular el turismo

La plaza de Zocodover, uno de los puntos más transitados de la ciudad de Toledo, ha estrenado el 2026 con un ligero cambio: han desaparecido los hasta entonces habituales paraguas naranjas. No es por falta de lluvia: eran los elementos que usaban algunos guías de turismo situados en la plaza para llamar la atención de los turistas y captarles para realizar una ruta por las calles de esta ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Con el cambio de año, los paraguas han desaparecido -aunque se han sustituido por banderines y chalecos de llamativos colores- por imperativo del Ayuntamiento de Toledo. Y es que el 1 de enero entró en vigor una ordenanza municipal para regular la actividad turística en esta ciudad en la que pernoctaron 622.804 visitantes en 2024, según datos del Instituto Nacional de Estadística. Una cifra que se elevaría si se tienen en cuenta a los viajeros que solo pasan el día.

En Toledo viven 87.216 personas, más de diez mil de las cuales lo hacen en el Casco Histórico, el barrio que acoge la práctica totalidad del turismo hacia Toledo. Tal cantidad de visitantes ha generado protestas por parte de los vecinos de esta zona de la ciudad, los cuales se han manifestado en repetidas ocasiones desde el pasado mes de noviembre para denunciar la “saturación” del su barrio, los “inconvenientes” que esto supone para su vida diaria y el riesgo de que las calles se conviertan en un “parque temático”. Unas protestas a las que, por cierto, el alcalde de la ciudad, el 'popular' Carlos Velázquez, atribuye “carácter ideológico”.

Es a estas situaciones a las que quiere dar respuesta la nueva ordenanza que ha entrado en vigor en Toledo en 2026. El texto habla de “proteger y conservar” el patrimonio cultural, de “desarrollo sostenible” del turismo y de “armonizar” esta actividad con la vida cotidiana de los residentes.

Claves de la nueva ordenanza de turismo de Toledo

La norma fue aprobada hace dos meses en el Pleno municipal del Ayuntamiento de Toledo con los votos favorables del PP y Vox (que gobiernan en coalición la ciudad) y las abstenciones del PSOE e IU-Podemos.

Las medidas que establece el texto marcan limitaciones en los flujos turísticos en la ciudad, sobre todo para los grupos conducidos por un guía profesional. Para ello, se limita la capacidad a 30 personas por grupo en lugares como la calle de Hombre de Palo, la Plaza del Consistorio y el Pasadizo de Balaguer (espacios situados en el Casco Histórico).

También insta a los visitantes a evitar calles y plazas de alta afluencia en horas punta y a desplazarse en fila o en formación que minimice la ocupación de la vía. Además, la ordenanza prohíbe a los guías que se desplacen con un grupo que usen megáfonos o elementos llamativos como reclamos para captar clientes (como los mencionados paraguas).

Para ello, la norma prevé sanciones de hasta 3.000 euros en el caso de las infracciones muy graves y de hasta 750 euros en el caso de las leves.

“Necesidad” de conciliar la vida en el barrio con el turismo

José Manuel Velasco, concejal de Turismo y Vivienda en el Ayuntamiento de Toledo, justifica la necesidad de esta normativa: “Estaba claro que había diferentes cuestiones vinculadas al sector del turismo que, de una u otra forma, afectaban a la vida diaria del Casco Histórico”. Y es que el concejal reconoce que esta actividad “está centrada solo en un área de la ciudad”, por lo que desde el Ayuntamiento vieron la “necesidad” de conciliarla con la vida en el barrio.

Defiende que para la redacción del texto ha hablado con “todo el mundo” y que supone “un primer paso”, pero avisa de que “las cosas no cambian de la noche a la mañana”. “Lo que pretendemos hacer en este primer mes es avisar de todo aquello que veamos que es un incumplimiento para efectivamente poner en marcha cuando corresponda el régimen sancionador correspondiente después”, asegura Velasco.

Por último, el concejal avanza que está trabajando en el desarrollo de diferentes itinerarios para el tránsito de grupos turísticos que sean diferentes a los habituales, evitando así la saturación de los mismos espacios. Algo que le gustaría que estuviera listo “antes del verano”.

Vecinos y comerciantes no han notado aún grandes cambios

Entre los vecinos y comerciantes del Casco Histórico, las opiniones son, de momento, prudentes. Coinciden en que aún no han notado una gran diferencia en cuanto al tránsito por las calles más turísticas, pero la opinión difiere cuando hablan sobre las expectativas que tienen puestas sobre esta normativa.

Víctor, vecino y comerciante del barrio, se daría por satisfecho con que se cumpliera “un 80%” de lo regulado. “Yo creo que hay que darle tiempo a la norma para ver cómo funciona y, en principio, mis expectativas son buenas”. Cree que las restricciones no deberían aplicarse “solamente” a determinadas calles, sino al Casco Histórico “en general”.

“Las normativas se hacen siempre con la mejor intención del mundo, y entiendo, y con la idea de ayudar al vecino”, opina. Sin embargo, se muestra suspicaz, porque “el ser humano se especializa en encontrar la manera de vulnerar las normas”. Por eso, considera que “la clave” para que esta medida sea efectiva está en “la voluntad del Ayuntamiento de que la ordenanza se cumpla”.

Carmen es otra vecina del Casco Histórico de Toledo. Para ella, la norma es “un punto de partida” que era “muy necesario”, pero quiere ver cómo funciona a largo plazo. “Que en la calle Hombre de Palo solamente puedan transitar grupos de 30 personas es muy positivo”, pero muestra su preocupación porque en los extremos de esta estrecha vía toledana se apelotonen los diferentes grupos, esperando su turno.

Vamos a ver si se puede hacer alguna cosa más para conciliar la vida del turista que viene y de los que ya estamos aquí y queremos seguir estando aquí, en el Casco Histórico

“Lo que sí que es muy necesario también”, añade Carmen, “es revisar verdaderamente que todos los alojamientos turísticos estén verdaderamente registrados como tales. Porque a mí me da la sensación, de que hay mucho más de un 12% de viviendas ahora mismo en el Casco destinadas a alojamiento turístico”.

También es vecina de este barrio Natacha, que asegura no haber notado “grandes diferencias” antes y después del 1 de enero. “Sí que es verdad que he tenido la curiosidad de contar a algún grupo de turistas y no he contado a ninguno de más de 30 personas”.

Ella opina que “habrá que darle un tiempo prudencial” para comprobar el calado, pero pide al Ayuntamiento que “no se pare”. “Vamos a ver si se puede hacer alguna cosa más para conciliar la vida del turista que viene y de los que ya estamos aquí y queremos seguir estando aquí, en el Casco Histórico”.

“Lamentablemente, vivimos en una ciudad turística. Y digo lamentable porque me interesaría que hubiera otras fuentes de economía en esta, no solamente vivir del turismo”, concluye Natacha.

Que Toledo no se convierta en un “decorado”

Más crítica es la antropóloga toledana Isabel Ralero, que también reside en este barrio. Ella considera que las problemáticas del turismo “se están abordando desde una estética o una superficialidad que no va a ningún sitio”.

Para ella, la clave para tener una buena calidad de vida en el Casco Histórico está en tener “una buena política de vivienda y limitar en serio la proliferación de los pisos turísticos”. “Los vecinos y las vecinas van perdiendo sus casas porque cada vez es más difícil encontrar un alquiler aquí. Se prefiere optar por el alojamiento de uso turístico”, lamenta.

Ralero, que en 2020 publicó un libro en el que reflexionaba sobre qué tipo de turismo se debía reactivar en Toledo tras la pandemia, también demanda que se apueste “por el turismo de calidad”, entendiendo como tal aquel que resulte para el visitante “una interacción cultural interesante”. “Que la gente que venga quede con una idea acertada de lo que es la ciudad”, añade, porque, para ella, el turismo no es solamente “pasear por Toledo”.

Como conclusión, reclama conectar los impactos del turismo con los problemas que sufre el comercio de proximidad y “limitar seriamente” las viviendas de uso turístico.

“No podemos tener un decorado en el que no viva nadie”, concluye la antropóloga.