ENTREVISTA

La campeona olímpica Sandra Sánchez, sobre el caso Rubiales: “Echo en falta una entidad independiente que proteja a los deportistas”

A los cuatro años ya estaba subida al tatami en su ciudad natal, Talavera de la Reina, de la que es Hija Predilecta. Sus padres la habían apuntado a clases de baile y a su hermano a karate. Ella pidió el cambio a esta segunda opción y desde entonces no paró de entrenar hasta convertirse en una deportista de élite. El gran éxito le llegó tres décadas después, con 34 años, cuando se convirtió en la primera karateca española en la modalidad de kata que conseguía alzarse con el primer puesto de la Liga Mundial de Karate. De ahí a la Medalla de Oro en los Juegos Olímpicos de Tokio pasaron otros seis años y después, en julio de 2022, se retiró, con 40 años.

Una cumbre deportiva que duró poco, pero que ha convertido a Sandra Sánchez en un referente para niños y niñas de todo el mundo. También es embajadora de Castilla-La Mancha para la promoción de la igualdad en el deporte. Le gusta y lo disfruta porque quiere eliminar barreras y por eso ahora viaja por todo el mundo con seminarios donde ejercita de manera práctica lo que mejor sabe hacer.

De hecho, nos atiende, recién llegada de uno de sus talleres en Portugal, desde Talavera, su “campamento base” y donde se licenció en Ciencias del Deporte. Hace unas semanas se estrenó en Rakuten su documental 'Karate-do: el camino de Sandra Sánchez', donde habla de toda su trayectoria deportista y vital, así como de sus proyectos de futuro.

¿Transcurrido poco más de un año, qué tal ha gestionado su retirada del karate?

Ha sido una montaña rusa de emociones pero me despedí como quise. Me preparé mucho para esa despedida y lo pude gestionar a mi manera. Pude hacer el Campeonato de España y despedirme de los amigos y tener una grada llena de tu gente. Después fue el Campeonato de Europa que hice con todo el equipo nacional y después los Juegos Olímpicos con algunos de ellos. Ese fue el adiós a los tatamis a nivel mundial.

Y fue un adiós con una Medalla de Oro, por todo lo alto. No es una despedida habitual. ¿Cómo se asume después una despedida?

Pude transitar todos esos pasos y hacerlo poquito a poquito. Pero aunque te hayas preparado, después de la retirada siempre llega el momento de tener que ver el primer campeonato desde la grada. Pero eso es normal, eso me pasa ahora y me pasará dentro de 30 años. Cuando has sido un competidor, esos sentimientos los vas a tener siempre. Ahora tengo la oportunidad de vivir muchas cosas y llevar a cabo proyectos que antes hubieran sido imposibles.

¿Qué proyectos?

Estoy realizando seminarios sobre karate alrededor del mundo. Ahora acabo de llegar de Portugal, y he estado en Nueva Zelanda, en Australia, en Estados Unidos… También he creado una plataforma para dar seminarios online, porque no todo el mundo tiene recursos para poder viajar y quiero ser cercana a la gente. Quiero que todo el sistema de entrenamiento que creamos entre Jesús del Moral (su esposo y entrenador) pueda llegar a todo el mundo, compartirlo. A todo eso se suma el documental y los libros que he escrito (los 'Kat Karateca'). Mi cabeza siempre está pensando en nuevas cosas y así no me da tiempo a echar tanto de menos los tatamis.

No se ha quedado quieta, pero al fin y al cabo, no es lo mismo que estar encima del tatami…

Lo bueno es que yo en los seminarios soy muy activa. Aparte de todo lo que contamos, hacemos demostraciones con la gente y es todo muy práctico. Siempre hay algún trocito donde les hago algún kata, y me pongo con esos nervios de querer hacerlo bien y que me vean. Eso me encanta.

En 2015 fue usted la primera karateca española en la modalidad de katas que conseguía alzarse con el primer puesto de la Liga Mundial de Karate. Ahí ya tenía 34 años. ¿Cree que la fama fue tardía conforme a los estereotipos de la edad en el deporte?

Sí, mucho (risas). Acostumbrados a la edad a la que se suele llegar a tu punto álgido en el deporte, no era lo habitual, está claro. En karate, con mi edad la gente ya se había retirado, por entonces, y yo empezaba. Bueno, en realidad ya llevaba muchos años intentándolo, y hay gente que piensa que empecé a los 30, cuando empecé con cuatro añitos. Pero llegué a ese momento de la élite deportiva con una edad con la que mucha gente me cuestionaba o pensaba que no iba a tener proyección de futuro.

Y demostró que mucha gente estaba equivocada...

Es que ahí estábamos, a pico y pala, para demostrar que las cosas con la edad están cambiando, no son como antes. Ahora hay muchos mejores entrenamientos, mejor prevención de lesiones y alimentación en todo lo que rodea el deporte. También ha habido muchas ganas y mucha mentalidad para estar ahí.

Poco a poco la visibilidad que estamos consiguiendo está cambiando la perspectiva de deportes que son para niños y deportes que son para niñas

Después del Oro en Japón, ya no competirá más en los Juegos Olímpicos. ¿Cómo lo va a ver desde fuera? ¿Acudirá a la cita de París en 2024 con alguna otra función?

Me gustaría mucho poder estar porque al final he vivido unos Juegos Olímpicos, los más especiales para mí, pero también fueron los más raros de la historia, con la pandemia. Tenías mucho miedo de que pasara cualquier cosa, no te relacionabas igual con la gente. Entonces, sí, me gustaría que la vida me diera la oportunidad de poder vivir unos Juegos, no solo el verlos sino también estar más dentro para disfrutarlos.

Me hablaba antes del rol de edad, pero con cuatro años también rompió con el rol de género al cambiar el baile por el karate. Es un caso similar al de la futbolista Alba Redondo. ¿Estamos cambiando?

Claro, sí. Al final lo que pasa es que en esa época no había referentes. Entiendo a los padres que tomaban decisiones pensando en los referentes que veían y ahora la suerte es que poco a poco esa visibilidad que estamos consiguiendo está cambiando esa perspectiva. Solo hay que mirar, por ejemplo, el fútbol, la halterofilia, el karate, el bádminton… Es muy bueno, no solo lo que conseguimos a nivel personal, sino también que haya referentes para que los niños y niñas quieran hacer ese deporte y que los padres no piensen en un deporte para unos u otros por ser niño o niña.

Ya fue usted la mejor de la historia en la categoría de kata femenino y se convirtió en referente antes incluso de que hubiera un debate sobre el deporte hecho por mujeres. ¿Cómo está viviendo ahora ese debate?

Tiene de bueno haberlo vivido desde dentro y también tiene que ver con la edad. No gestionas todo igual con 18, con 25 o con 30 años. Vas adquiriendo más recursos y experiencia para poder aportar. Ahora intento estar dentro de todo lo que puedo: pertenezco a la Comisión de Atletas de los World Games y al Comité Olímpico. Ahí he visto medidas para que las mamás lactantes puedan llevar a sus bebés, por ejemplo. Debates que son actuales y que muchas veces no se han llevado a cabo porque ni se han pensado ni se han dado casos suficientes. Hay que ponerlos encima de la mesa. Por eso, tenemos que utilizar la experiencia para tratar de aportar y que sigamos encontrando soluciones y creciendo. Si el deporte mejora, mejora para todos.

En el caso del deporte femenino, el problema no son las mujeres, que hay muchas y muy buenas. Entonces, ¿qué es lo que falta o lo que falla? ¿Usted ha vivido situaciones de discriminación?

Yo cuando empecé a hacer karate no sentí ninguna discriminación. Me ponía el karategui y ya éramos karatecas. El problema no es el deporte en sí, sino todo lo que rodea al deporte, que no sabemos bien si llamarlo deporte o no. Por ejemplo, ¿por qué no había seleccionadoras? ¿Por qué nunca ha habido una presidenta o una directora técnica? O cuando las hay ¿por qué solo lo son de chicas? Hay que seguir trabajando en ello. Por eso yo intento desde mi punto de vista transmitir todo lo que yo he vivido y aportar ese granito de arena. 

Se ha estrenado un documental sobre su carrera deportiva y su vida. ¿Cómo se gestó y por qué decidió protagonizarlo?

Fue una propuesta ante la que sentí entre sorpresa y orgullo. Me dije “vaya, hay gente que piensa que se puede hacer un documental sobre mí” (risas). Me hizo mucha ilusión. Al principio sentía mucho respeto y después conocí al equipo de trabajo y vi que querían tratar el karate desde una perspectiva de transmisión de sus valores. Toda mi vida personal se abordó con mucho respeto, porque yo con eso tenía mucho vértigo. Consiguieron que me sintiera cómoda y ahí está.

Ahí cuenta algunas cosas del lado oscuro del deporte. ¿Qué destacaría?

Que muchas veces los deportistas estamos desprotegidos sobre dónde podemos ir cuando nos tenemos que enfrentar a algo. Si tú tienes un problema con lo que rodea al deporte, ¿cuál es la entidad, que sea independiente, donde el deportista puede expresarse? Si tienes que expresarte dentro, y dentro está el problema, ¿cómo sales de eso? Lo hemos visto en muchos deportes. Ahora, con tanto debate, lo que hay que hacer es sacar ideas y entre todos crear algo más justo.

La sociedad tiene que mejorar y con ello lo hará el deporte

¿Qué opina en ese sentido del caso Rubiales y la Selección Femenina de Fútbol?

Justo lo que le estaba comentando. En esos casos, ¿dónde vas si consideras que hay actuaciones injustas? ¿Con quién las hablas? ¿Con las mismas personas que son parte de eso? Es muy difícil estando dentro. Este caso lo ha puesto más a la luz y son problemas que van a ayudar a mejorar en general el deporte. Las federaciones están haciendo grandes trabajos pero hay mucho que mejorar. Yo, como deportista, cuando gano una medalla, pienso todavía en qué puedo mejorar mis katas. Pues esto igual. Porque echo en falta una entidad independiente para que los deportistas podamos sentir una zona de protección.

¿Le ha pasado alguna vez algo similar al beso no consentido de Rubiales a Jenni Hermoso?

Dentro de mi federación, no. Siempre me he sentido respetada. Pero esto son cosas que existen en la sociedad y el deporte es una pequeña parte de ella. La sociedad tiene que mejorar y con ello lo hará el deporte. Y si este último, por su visibilidad, ayuda a mejorar, porque una parte se nutra de la otra, mucho mejor.

Para conseguir la igualdad, ¿cómo se puede trabajar para ser un referente en ese sentido?

A mi edad, la mejor manera que yo encuentro de poder hacerlo es intentar estar donde puedo ayudar y aportar mis ideas, sobre todo utilizando las redes sociales para romper barreras. Hace poco me dieron un reconocimiento que nunca se ha otorgado a una mujer (el ‘Karate-Do Legend’ , en Miami). Eso supone dar un paso más porque también motiva a mucha gente. Así se hacen montañas, como dice la 'Utopía'. Me ha hecho ilusión por mí, pero mucho más por el impacto de la gente que me escribió diciendo que le motivaba. Eso siempre me anima para seguir adelante y trabajar por el acceso al deporte.

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