PP y Vox ralentizan el proceso de pacto de gobierno en Castilla y León
Veinte días después de las elecciones en Castilla y León, no hay visos de gobierno a la vista ni prisa por conformarlo. El PP ganó las elecciones pero quedó lejos de la mayoría absoluta-42 escaños-. Por mucho que Alfonso Fernández Mañueco insista en un gobierno “en solitario” ni siquiera puede aspirar al único posible sin un socio, el de minoría. Vox no está por la labor de investir gratis a un presidente, menos cuando su resultado ha mejorado el de 2022 con un escaño más. El suflé ha bajado, pero no tanto como para renunciar a un gobierno autonómico. Con 33 escaños el PP, 30 el PSOE -apartado por Mañueco que se niega a negociar con el “sanchismo- y 14 Vox- este último es el que tiene la llave del gobierno.
El pasado 25 de marzo PP y Vox mantuvieron una reunión “cordial” en la que según fuentes de ambos partidos se habló de todo y de nada, no hubo concreción, sólo voluntad. La de Vox, llegar a un acuerdo programático antes de empezar a repartir consejerías. Los de Abascal ni se plantean soltar el Parlamento autonómico, dan por hecho que vuelve a ser suyo, mientras que el PP quiere tener mayoría en la Mesa. La del PP es llegar a un acuerdo sin quedar demasiado maltrecho pero no aparta la vista del calendario, lo último sería una repetición electoral.
Se daba por hecho que pasada la Semana Santa se abordaría una nueva reunión esta semana, y más concretamente este lunes, pero no ha ocurrido. Los negociadores siguen desperezándose tras las vacaciones y apurando plazos. El martes de la semana que viene, 14 de abril, tiene que constituirse el nuevo parlamento. Es más que posible que el día 13 se agende una reunión in extremis para replicar lo que ocurrió en el 22: el mismo día en que se constituían las Cortes, se llegó al pacto de gobierno y se presentó a la prensa apenas dos horas más tarde.
En esta ocasión el contexto es algo más complejo: hay que pactar, además del de Castilla y León, un gobierno en Extremadura y otro en Aragón. Por mucha “cordialidad” de la que presuman, lo cierto es que las cosas entre Génova y Bambú no están precisamente frías o calmadas: hace unos días el secretario general del partido de extrema derecha, Ignacio Garriga, se refirió Alberto Núñez Feijóo y a su directiva como “ese clan gallego con prácticas de contrabandista de ría”. No hay que descartar las negociaciones, las de los tres gobiernos, se estén gestando en Madrid a pesar de que unos y otros políticos autonómicos insistan en que las decisiones se van a tomar en los territorios y con sus barones a la cabeza.