El polvorín del campo de tiro del Teleno en León: incendios recurrentes que no se pueden apagar

Carlos J. Domínguez/M.A. Reinares

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En León ya hay podio para el peor incendio forestal de 2022, el más grande de los ocurridos en un verano negro de siniestros y en una provincia que suele estar en los primeros puestos de las estadísticas de fuegos, como todo el noroeste español.

Ese podio está coronado por el iniciado en el campo de tiro militar del Teleno y sus alrededores y que roza ya oficialmente las 5.000 hectáreas arrasadas. Un año más, porque no es ni por asomo el único en el que ocurre esto: el corazón de la provincia leonesa sufre un auténtico 'polvorín' en el que, cuando surgen llamas, está prohibido por seguridad nacional apagarlas.

El problema suma ya décadas y se dispara de manera recurrente, incendio tras incendio, soliviantando a toda una comarca, la de Maragatería, entre Astorga y el Bierzo, asolada también por otros problemas profundos como la despoblación y las deficientes comunicaciones.

En la falda maragata del techo de los Montes de León que es la Sierra del Teleno (2.188 metros), este campo de maniobras de artillería es propiedad del Ejército español desde 1980, mediante expropiaciones de interés nacional, aunque informalmente su uso para prácticas data de 1963 en plena dictadura franquista.

6.100 hectáreas con un 26% de árboles

Se cumplen 42 años en su actual configuración vinculada al Ejército de Tierra y que suma una extensión de 6.100 hectáreas. En sus informes oficiales, el Ministerio de Defensa cifra cómo se reparte su superficie: más de un 26% arbolada y casi un 64% desarbolada, de monte bajo.

Y todo ello es, potencialmente, combustible forestal. Junto a la falta de gestión del monte, constituyen el principal factor de propagación de los incendios“, admitía en 2016 el propio Ministerio de Defensa, defendiendo, eso sí, numerosas mejoras centradas en la vigilancia y la prevención aplicadas en los últimos años, como cortafuegos y limpieza recurrente de munición sin explotar.

Pero no es la superficie forestal por sí misma la chispa del problema sino ese hecho de que sobre este terreno caen cada año cientos de artefactos de artillería y obuses, frutos de las pruebas de tiro principalmente el Regimiento de Artillería Lanzacohetes Campaña nº 63 con sede en la cercana Astorga.

No sólo ellos disparan: en el calendario anual acuden otras muchas unidades de toda España a realizar prácticas con munición real. En este debate, pues, muchos tienen en cuenta lo crucial que la presencia este Regimento militar supone para la capital de Maragatería, su población y su economía.

Una vinculación crucial al cuartel de Astorga

¿Seguiría el cuartel de Santocildes abierto si no hubiera campo de tiro en el Teleno? Muchos creen que no y de ahí que nunca, ni cuando las tragedias ambientales más grandes han sucedido, el Ayuntamiento astorgano ha pedido su desmantelamiento. Algo que sí han hecho de manera constante organizaciones conservacionistas, muy especialmente Ecologistas en Acción de León, y no pocos municipios y juntas vecinales que conviven a escasa distancia de donde detonan las bombas y calientan las llamas

Históricamente el Teleno es el punto negro de una provincia donde los incendios forestales son y han sido terribles. Una negligencia oficialmente reconocida por Defensa tiempo después fue, de hecho, la chispa del polémico siniestro sufrido en la zona en septiembre de 1998, durante unas maniobras militares en plena ventisca. Ardieron entonces 4.200 hectáreas, es decir, menos que las de este verano de 2022.

Pero la palma se la llevó el 'infierno' originado en septiembre de 2012, provocado por la mano del hombre pero sin que se pudiera determinar autoría alguna, descartando, eso sí, los disparos militares como origen ya que el siniestro de cuatro años antes había impuesto la medida de que durante todo el verano no se realizara práctica alguna en el campo de tiro.

Entonces ardieron 11.724 hectáreas, casi en su totalidad de valiosísimo pinar que dejó decenas de millones en pérdidas de aprovechamiento de madera, piñas, resina, colmenares o setas y mucho más, por no hablar del daño a la fauna o los vecinos desalojados en pueblos cercados por un fuego como jamás vieron. Superó incluso a las 9.964 hectáreas del devastador incendio de La Cabrera en 2017.

La columna de humo hasta ensombreció la capital de León buena parte de los 18 días en los que el Teleno quedó reducido a cenizas y marcó para siempre a todos los municipios del contorno: Castrocontrigo (especialmente el pueblo de Nogarejas), Luyego de Somoza, Quintana y Congosto, Destriana y Castrillo de la Valduerna.

Una situación única: se prohíbe apagar

Desde aquel hito que cumple una década hasta el grave siniestro actual, que esta vez originó un rayo de tormenta seca caído dentro del recinto militar inaccesible, ha habido decenas de conatos y de incendios más. Son recurrentes y hacen temblar hasta que la naturaleza misma no les pone freno.

En el campo de tiro no se puede intervenir por la peligrosidad de explosión de artefactos al llevar a cabo las acciones de extinción. Dentro del perímetro del campo de tiro está prohibido todo acceso civil. Y prácticamente el militar también. Apagar el fuego se hace, pues, materialmente imposible. Ni por tierra ni por aire.

Se pudo frenar a tiempo, pero llegaron órdenes

Un ejemplo ocurrido cuando el 22 de agosto de este sufrió el primer conato permite explicar lo que ocurre cada vez que hay un incendio en el recinto militar: Para evitar que las primeras llamas aumentaran de tamaño, buscando su extinción incipiente, los helicópteros de las brigadas de la Junta de Castilla y León (Elif) y del Estado (Brif) -estos últimos con la base estratégicamente situada en el cercano pinar de Tabuyo del Monte- comenzaron a volar sobre el fuego descargando agua encima.

Como relató después la delegada territorial de la Junta de Castilla y León, Ester Muñoz, de inmediato llegaron órdenes ministeriales: prohibido sobrevolar la zona, tanto como acceder. Porque hasta el impacto del agua podía hacer detonar artillería sin explotar en la zona, fruto de meses y años de pruebas de tiro, y en el peor de los casos causar un accidente grave.

Esta peculiaridad marca el motivo por el que el campo de tiro del Teleno es un constante 'polvorín', el cual algunos, como Ecologistas en Acción, creen que al Ministerio de Defensa le viene bien porque así, gracias a los recurrentes incendios, se barre el arsenal caído sin esfuerzo ni coste económico alguno.

Defensa garantiza una buena gestión

Defensa, en cambio, insiste en que esa labor la hacen anualmente los Centros de Adiestramiento (Cenad) del Ejército de Tierra, con apoyo de empresas externas contratadas como Tragsa, y en particular con apoyo del Regimiento de Pontoneros y Especialidades de Ingenieros nº 12 (Monzalbarba), labores todas recogidas en el Plan Técnico de Defensa Contra Incendios Forestales (PTDCIF) de 2013.

Visto que en pocos días este último incendio se desbocó, y acabó superando el perímetro militar, saltando los cortafuegos, amenazando pueblos como Boisán o Filiel, llegando a quemar en torno al 10% del total en superficie de los pueblos de la zona, la Junta de Castilla y León tomó el mando, que mantuvo hasta este viernes, que se lo 'devolvió' a Defensa nada más considerar que nuevamente, retenido dentro del campo de tiro, carecía de peligro civil.

“Vienen a divertirse, las guerras ya no son así”

La visión vecinal y de las instituciones rurales que conviven con este polvorín es muy distinta. Con miedo, mucho miedo, y hartazgo se ha vivido en los pueblos este incendio que durante nueve días se ha llevado por delante pastos, abastecimientos de agua, robles centenarios, colmenas... Y entre tanta indignación por tener que convivir con “un vertedero de proyectiles”, como lo ha calificado el alcalde de Luyego de Somoza, Luis Martínez, se escucha la voz unánime de que “dejen de tirar de una vez”.

“Llevamos sufriendo esta pesadilla más de 40 años. Tienen hectáreas para venir a divertirse” porque “las guerras ya no son así”, asegura Francisco Arce Prieto, el pedáneo de Quintanilla de Somoza, localidad que ha perdido aprovechamientos de leña y pastos a los que tienen derecho por las actas de ocupación de los terrenos por parte del Ministerio de Defensa, y que estos días tiene que abastecerse con una cuba de agua porque un bulldozer utilizado en la extinción se llevó por delante la tubería.

Filiel pasa sed y recurre a botellas de agua

No es el único pueblo que no puede beber agua del grifo desde hace casi una semana. Los vecinos de Filiel están en la misma situación, en este caso es el Ayuntamiento de Lucillo el encargado de repartir botellas de agua porque el incendio ha dejado un intenso olor a humo y ceniza en el agua que llega a sus casas. En Boisán, de momento, el agua es potable pero el fuego ha quemado parte de la tubería.

Estos son parte de los 'rescoldos' aún calientes que ha dejado un incendio que comenzó con un 'hilillo' de humo el martes 23 de agosto y que por la imposibilidad de poder actuar en la zona de caída de proyectiles, se convirtió en una pesadilla cinco días después con un frente de llamas de kilómetros que en la noche iban detonando la munición que se encontraban en su camino en una sinfonía de explosiones que se escuchaba en todas las poblaciones de las estribaciones del Teleno.

“Hemos pasado mucho miedo, hubo peligro para el pueblo”, señala Miguel Alonso Arce, presidente de la Junta Vecinal de Filiel. Él mismo vio peligrar su rebaño de ovejas y la nave, “menos mal que con la tormenta” del lunes por la mañana “cambió el aire porque no sé qué hubiera pasado”.

Asustados, desde el campanario de la iglesia, con maleta hecha

El viento, sobre todo del sur, que jugó con las llamas también dio tregua en Boisán, donde en la noche del domingo, los vecinos subidos en el campanario de la iglesia seguían con un enorme dolor cómo el fuego a gran velocidad iba devorando el robledal y se dirigía al pueblo, “saltó los dos cortafuegos y no pasó más porque cambió el aire. Lo tuvimos a 400 metro del pueblo”, relata José Ángel Marcos Álvarez, pedáneo de Boisán, donde esa noche los vecinos, con la maleta preparada con lo esencial, no durmieron pendientes por si les evacuaban.

El incendio ha hecho saltar la espita de los resentimientos acumulados contra todas las prohibiciones, no solo del Ministerio de Defensa sino también de la Junta de Castilla y León, que les impiden gestionar sus montes, sus caminos..., “no dejan entrar pero vienen por los caminos, los desarman y no se preocupan de arreglarlos”, denuncia el presidente de Quintanilla; “nos tienen todo abandonado”, puntualiza el pedáneo de Boisán, quien asegura que “es muy triste ver la dejadez y que todo les da igual”.

Piden una reunión ministerial ya

El alcalde de Luyego pide reflexionar que “si tan importante es el campo de tiro para que mantengan el cuartel de Astorga y los puestos de trabajo, que piensen en la consecuencias que tiene en nuestros pueblos”. Luis Martínez junto con los alcaldes de Truchas y Lucillo, y las juntas vecinales de Boisán, Filiel, Luyego, Quintanilla, Villalibre, Villar de Golfer, Priaranza y Tabuyo, han enviado una carta a la Dirección General de Infraestructuras del Ministerio de Defensa solicitando una reunión urgente para buscar una salida al polvorín sobre el que viven.

El pedáneo de Filiel dice que “en esta vida todos los actos tienen consecuencias y no nos vale que digan que fue un rayo. Si quieren un campo de tiro que sean responsables y si tienen que dejar de tirar, que dejen de hacerlo”, porque, como añade el presidente de Quintanilla, “hacen mucho daño”.

Una inversión extemporánea y porque hay dinero europeo

Mientras continúan los rescoldos del incendio y también de la indignación, se da la circunstancia de que, no con fondos propios sino aprovechando la llegada de los europeos Next Generation, poco antes del presente verano la Junta de Castilla y León había anunciado la inversión de 1,1 millones en labores de preparación y protección de 1.208 hectáreas precisamente en municipios del entorno de la Sierra del Teleno.

Admitía el Gobierno autonómico que otro siniestro forestal en esta zona tan castigada y poco saneada dejaría “seriamente comprometida la regeneración de la zona y el resto afectado, debido a que se quemaron especies sin potencial de regeneración tras los incendios” de otros años. Estos trabajos llegarán demasiado tarde para el último y polémico incendio de agosto, el peor del caliente verano leonés.