Jugar al rugby en silla de ruedas: golpes, velocidad y una terapia que va mucho más allá del deporte
Toni Sánchez cree que para jugar al rugby en silla de ruedas solo hacen falta “ganas de pasárselo bien”. Este vitoriano se mudó el año pasado a Toledo para jugar en el Quijote Rugby Club, un equipo radicado en Illescas que se ha convertido en un referente de este deporte inclusivo y adaptado.
El rugby en silla de ruedas nació en 1977 de la mano de un grupo de deportistas tetrapléjicos canadienses que buscaban una alternativa al baloncesto en silla de ruedas. Su objetivo era crear una disciplina que permitiera competir en igualdad de condiciones a personas con movilidad reducida en brazos y manos.
Se enfrentan dos equipos de cuatro jugadores con un balón similar al de voleibol. El objetivo es cruzar con la pelota la línea de fondo rival. La modalidad combina elementos del baloncesto, el balonmano, el voleibol y el hockey sobre hielo.
Sánchez reconoce que, debido a que están permitidos los contactos entre sillas, desde fuera puede parecer un deporte duro. “Parece que es bruto porque te pegas golpes, pero las sillas los absorben. Te levantas y sigues jugando. Te lo pasas súper bien”, asegura.
Mejoras que pasan del deporte a la vida diaria
Aunque forma parte del programa paralímpico desde los Juegos de Atlanta 1996, el rugby en silla de ruedas no llegó a España hasta dos décadas después. Su implantación fue posible, en parte, gracias al trabajo de Miriam Salas, investigadora postdoctoral de la Unidad de Biomecánica y Ayudas Técnicas del Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo.
Salas vio en esta disciplina una herramienta para mejorar la rehabilitación y la calidad de vida de personas con lesión medular cervical, aunque también resulta beneficiosa para deportistas con parálisis cerebral u otras discapacidades que afecten a varios miembros.
“Las sillas en las que se desarrolla este deporte son realmente importantes para las personas con lesión medular o cervical, porque permiten desarrollar estrategias y habilidades que luego se trasladan a la vida diaria”, explica.
La especialista destaca que la práctica regular del rugby en silla de ruedas mejora la capacidad cardiorrespiratoria y fortalece la musculatura implicada en los gestos deportivos. Estos beneficios son especialmente visibles en pacientes que evolucionan desde una fase aguda, en la que permanecen encamados, hasta una fase subaguda en la que comienzan a manejar una silla de ruedas.
“En el rugby la propulsión es completamente manual. Aunque muchas personas utilizan sillas eléctricas en su día a día, este deporte les permite realizar movimientos y gestos que normalmente no podrían mantener durante tanto tiempo”, señala.
Además, la estabilidad que proporciona la silla deportiva facilita la ejecución de acciones complejas y repetidas, lo que contribuye a mejorar el rendimiento físico general. Según Salas, los beneficios observados en el alto rendimiento paralímpico también se trasladan a la práctica recreativa y al día a día de los usuarios.
La disciplina exige una amplia variedad de gestos técnicos, como pases, recepciones, agarres o extensiones de muñeca, que contribuyen a mejorar la funcionalidad de las extremidades superiores. También favorece el aumento del metabolismo basal y reduce la sensación de fatiga asociada a muchas lesiones medulares, permitiendo a los deportistas afrontar con mayor energía las actividades cotidianas.
El reto de darse a conocer
Pese al crecimiento experimentado en los últimos años, el rugby en silla de ruedas continúa enfrentándose a importantes dificultades para consolidarse en España. Así lo reconoce Enrique Álvarez, presidente de la Federación Española de Deportes para Personas con Discapacidad Física.
“El deporte paralímpico está viviendo un momento muy positivo. Tiene más presencia en los medios de comunicación, se han equiparado los premios económicos entre medallistas olímpicos y paralímpicos y cada vez tiene una mayor visibilidad social. Aun así, todavía queda mucho camino por recorrer”, afirma.
Y es que, tal y como recuerda Álvarez, gran parte de las ayudas públicas en España para la práctica deportiva están vinculadas al alto rendimiento y la competición internacional, lo que limita el apoyo que pueden recibir disciplinas emergentes o proyectos de base.
“Muchas veces los clubes y los jugadores nos piden más recursos. No es que no queramos ayudar más, es que el sistema de financiación está muy orientado al alto rendimiento. Necesitamos más herramientas para seguir desarrollando este deporte”, explica.
Precisamente ese problema en la base se va a hacer patente este fin de semana. La localidad toledana de Illescas acoge este fin de semana el Campeonato de España por Comunidades Autónomas de Rugby en Silla de Ruedas. Esta competición reunirá a las selecciones de Madrid, Catalunya, Comunitat Valenciana y Andalucía en dos jornadas que permitirán disfrutar en la provincia de Toledo de una de las disciplinas más espectaculares e intensas del deporte adaptado.
Sin embargo, a pesar de ser la región anfitriona, Castilla-La Mancha no estará representada debido a la falta de jugadores, tal y como denuncia Mamen Movellán, jugadora del Quijote Rugby Club, que lamenta lo difícil que resulta atraer a nuevos jugadores a esta disciplina.
La selección española fue campeona de Europa en la categoría B, pero seguimos sin llenar las gradas. Nos faltan medios y cualquier proyecto supone un esfuerzo económico enorme
Por eso, Movellán apunta que el principal reto sigue siendo ganar visibilidad. “La selección española fue campeona de Europa en la categoría B, pero seguimos sin llenar las gradas. Nos faltan medios y cualquier proyecto supone un esfuerzo económico enorme”, señala.
Por eso, la deportista hace un llamamiento a instituciones, empresas y particulares para que apoyen una modalidad que considera todavía desconocida para gran parte de la sociedad. “Solo hace falta venir a verlo para enamorarse de este deporte. Competir es el objetivo final de cualquier deportista, pero para llegar ahí necesitamos más apoyo y más oportunidades”, concluye.
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