El mejor chocolatero de España está en Alcázar de San Juan: Jesús Quirós, un siglo de una familia de pasteleros le avalan
Más de cien años de tradición familiar se han concentrado en Jesús Quirós, quinta generación de Pastelería La Rosa, la mejor de Alcázar de San Juan en Ciudad Real, y cuyos clientes pueden degustar cada día los pasteles y bombones que salen de las manos de este joven que ha elegido quedarse en el mismo lugar de sus antepasados, dónde correteo de niño y dio sus primeros pasos como repostero.
Inquieto y perfeccionista, no deja de mencionar en la entrevista que ha concedido a Agroalimentaria a su familia, que le acompaña en su quehacer diario y que le ha traído hasta aquí, una trayectoria que le ha llevado a recoger el testigo de grandes maestros como Paco Torreblanca y Oriol Balaguer al alzarse el pasado año con el título de Mejor Maestro Chocolatero de España. Actualmente, está concentrado en coronarse en el World Chocolate Masters que se celebrará el próximo mes de octubre.
“Nacer en La Rosa, ayuda allí, te implica”, dice y así, a los 16 años inicia una andadura que le lleva primero a Madrid donde curso el primer año de pastelería para luego viajar a Barcelona para estudiar en la Escuela de Pastelería del Gremio de Barcelona.
Aquí ya destaca y al quedar entre las diez mejores notas del medio centenar de estudiantes, se le ofrece la posibilidad de alcanzar el título de maestro pastelero y no lo duda, “pude cursar cuarto con una de las mejores notas de la promoción”, presume también, por qué no.
Nada más acabar ya le seleccionan para presentarse al título de mejor maestro pastelero de España en Madrid, “con 20 años he sido la persona más joven en ir a un campeonato de España”.
Se le abren oportunidades, trabaja en Barcelona con el maestro Oriol Balaguer, incluso le llaman para ser maestro pastelero en un restaurante con estrella Michelin, pero “no es lo mío, era una pastelería de restaurante, lo mío es hacer bizcochos”, dice, porque lo que le gusta a Jesús es estar en su horno, con los clientes de cada día, y toma la decisión, apoyado por sus padres, de ponerse al frente de La Rosa, “porque lo que quería era remar con la rosa hasta donde pudiese llegar”.
De hecho, no dejó la pastelería familiar ni cuando estudiaba en Barcelona. “Mi trabajo lo he vinculado siempre con la pastelería en casa, yo terminaba los jueves, me cogía un ave a las 6 de la mañana hacia Alcázar y trabajaba los viernes, sábados y domingos”, para volver a sus estudios el lunes.
El chocolate como forma de expresión
Jesús elige el chocolate “porque es donde mejor puedo expresar lo que siento, es una materia prima muy versátil, puedes hacer desde una tarta, bombones, a mí me encanta hacerlos, es el mejor ingrediente posible para el mundo de la pastelería, siempre me ha encantado jugar con el chocolate”.
Y esta creatividad la expresa en las creaciones que prepara para los campeonatos a los que se ha presentado, ya que antes del que consiguió el año pasado, lo había intentado dos veces anteriores, “yo creía que había perdido el tiempo, pero en realidad estaba esperando mi momento”, reflexiona.
Esos primeros campeonatos los preparaba solo con su familia, “a base de golpes, porque yo me he caído un montón de veces y me he levantado, los he preparado con mi padre, con mi madre, con mi hermana y la gente de la pastelería; mi madre viajaba a Zaragoza en busca de un escultor que nos hacía una mano de metacrilato, los he preparado solo en mi obrador”; y por supuesto con ayuda de la escuela y con mucha formación, cursos monográficos de dos o tres días para aprender cómo se hacía una sola pieza.
Todo ello fraguó el año pasado cuando creó un artilugio, un engranaje de ruedas dentadas en movimiento hecho de chocolate para alzarse con el premio. El tema del concurso era ‘play’ (jugar en inglés) y Jesús tuvo que remontarse a su niñez para pensar en aquello a lo que jugaba de pequeño. Y lo que recordaba era la pastelería de su familia. “Hicimos el juego de la pastelería y cada elaboración de las cinco de las que consta el concurso era un acontecimiento: el pastel eran unos engranajes oxidados que recreaban aquel 1917 cuando se funda la Rosa”, y un mecanismo como un reloj en el que la primera pieza de chocolate tenía un movimiento autónomo que permitía girar cada una de las siguientes piezas en referencia a las cinco generaciones de pasteleros.
El colofón a todo esto fue un bombón que se alzó con el premio al mejor de España. Para esta creación tomaron con ‘leitmotiv’ la crema pastelera de La Rosa, una receta familiar secreta que pasa vía oral de generación en generación. “La receta de la crema se quemó, no existe, la original la quemó mi abuelo a propósito para que la receta fuese pasando de generación en generación en la familia”, dice.
Esta historia la transportaron al bombón que lleva una decena de sabores complementarios: una compota de mango y fruta de la pasión, una crema caramelizada con toques a humo para recordar el papel quemado de la receta, y otra crema con té ahumado chino y un praliné de almendra. “Era contar la historia de la crema pastelera dentro de un bombón”, asegura.
Esta creación maestra solo puede degustarse en La Rosa, aunque no siempre ya que solo Jesús puede hacerla y tarda dos días, así que solo se consigue por encargo.
Ahora entrena para el campeonato mundial concentrado con su equipo en Barcelona. “Me está preparando Miquel Guarro que es uno de los mejores pasteleros del mundo, aquí hay un equipo de 14 personas entre diseñadores, una persona que me ayuda con el inglés, entrenadores de pastelería, nutricionista, un psicólogo…, se prepara como la preparación de un atleta, como en un centro de alto rendimiento”.
Y con todo esto, Jesús sigue manteniendo esa sencillez del niño que correteaba por la pastelería. Su mejor bocado dulce no es ninguna de estas elaboraciones de alta pastelería, sino aquello que toma con la familia en fechas señaladas, como el roscón de Reyes. “Añoro esos postres, espero mucho al postre de después de Nochebuena en familia, un tronco de Navidad con su crema y su chocolate. Cualquier cosa siempre acompañada”, dice.
Y sigue merendando como lo hacía antes, “una pieza de bollería con un batido de chocolate como si tuviese cinco años”, es su mejor bocado, revela.
'La Rosa' de 2026
Toda esa formación y sus éxitos han cambiado también el negocio familiar: “Pones en el mapa la pastelería y 109 años de historia, que se dice rápido pero ahí hemos estado, con rachas”. Y tiene claro que nada de esto se hace sólo porque “esto es una orquesta que toca al unísono” y cuando te falta alguien se nota: “Todo lo que he hecho ha sido gracia a ellos, si quieres hacer algo grande no puedes caminar solo”.
Porque aquí son como una gran familia, ya que hay personas que llevan 28 años trabajando. “Rosa me dice que no puede enfadarse contigo, ‘que yo te mecía en la cuna’, Ana ha ido a mi bautizo, somos una familia y crecer para mí es crecer para ellos”, asegura.
A pesar de haber crecido, La Rosa sigue siendo una pastelería entrañable, donde acuden familias, abuelas a merendar con sus nietos, trabajadores que desayunan allí todos los días, donde “puedes encontrar cualquier cosa que le apetezca a cualquier hora”. Con la mano de Jesús han incorporado “pastelería salada que antes la tenía aunque yo le di una vuelta, hemos metido otras referencias, mucha fruta que aquí en Alcázar no se hacía, nos hemos ido a palmeritas, pastas de té, elaboración sin azúcar. Lo que más se vende es el surtido de pastelitos, cualquier pieza de bollería y los encargos de tarta”.
Se emociona al recordar cuando le llamaron para estar en Master Chef en el primer programa de esta última temporada. “Fue la segunda mejor experiencia de mi vida, la primera ser campeón de España”, cuenta.
Cuando le llegó un mensaje por Instagram para participar mientras estaba cerrando la pastelería “creía que se estaban quedan conmigo. Lo disfruté mucho, fue otro gran impulso para mí a nivel personal, para todo el pueblo”.
Allí en Alcázar es dónde tiene sus proyectos inminentes, talleres para niños, mientras se centra en preparar el campeonato mundial, “luego es crecer”.
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