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CATALUNYA

Ciro Morales: "No sucedió nada en 'Aturem el Parlament'. Ellos lo crearon todo con sus imágenes maniqueas"

Uno de los acusados por participar en la protesta convocada por el 15-M, que se enfrentan a una condena de hasta ocho años de prisión, critica la criminalización a la que fue sometida la manifestación.

Galería de imágenes de le eclosión del 15-M con la ocupación la Plaza Catalunya de Barcelona. /EDU BAYER

Concentración ante el Parlament la tarde anterior al 15-J / EDU BAYER

Ciro Morales es una de las veinte personas encausadas por participar en la protesta "Aturem el Parlament" el 15 de junio de 2011. La Fiscalia, Manos Limpias, la Generalitat y el Parlament de Catalunya lo acusan de atentado contra las altas instituciones del Estado, por lo piden que cumpla entre tres y ocho años de prisión. Los cargos que pesan sobre él son por gritar a Ernest Maragall "a escasos centímetros dejándole perplejo, desorientado y buscando una salida para escapar del acoso", según recoge el auto.

¿Qué motivos había para estar ese 15J en el Parlament?

Los motivos se resumen en una idea de sobras conocida: la crisis ha sido la excusa perfecta de la clase dominante para demoler los escasos derechos con los que contaba el pueblo. Aquel día CIU y sus socios del Parlament iban a aprobar uno de los primeros paquetes de recortes presupuestarios del Estado. Algo a lo que ya nos ha acostumbrado el Gobierno español y los correspondientes gobiernos autonómicos, sean del color que sean. Los objetivos de la protesta eran mostrar el hartazgo social e intentar impedir lo que ya está siendo un drama, un crimen.

¿Qué significan estos recortes?

Estos recortes sociales juegan con las vidas, vapulean dignidades… no son simples ajustes económicos de obligada cumplimentación. Bajo las declaraciones políticas, cínicas e insolentes, se encuentra la mítica lucha de clases. La casta política habla en boca de la casta adinerada e intentan vendernos la idea del despilfarro social, de que lo público no puede mantenerse en esas circunstancias; cuando se trata de que los capitalistas se están blindando aún más ante un escenario económico algo menos esperanzador.  

¿De qué se os acusa?

Se nos acusa de Delito contra las altas Instituciones del Estado en concurso con atentado a la autoridad. Y Manos Limpias llega incluso a la Sedición y a la Asociación Ilícita, cuando ni nos conocíamos entre los veinte encausados. Habría que indicar que el delito primero no se lo han aplicado a nadie desde el golpe de estado de Tejero. Nos dan una importancia que, de veras, no tenemos.

¿Con qué motivo?

El motivo único es estar allí. El juez Eloy Velasco, el encargado de la instrucción, ya lo expone claramente en el auto. Se inventa un concepto jurídico llamado “intimidación ambiental”. Lo que viene a decir es que el delito está en la simple idea de la manifestación, en intentar bloquear su sagrada democracia. Llega incluso a admitir que los actos concretos de aquel día comportarían a unas “faltas leves”; y claro está, que la población maniatada se enfrente con contundencia, con firmeza a los responsables de sus miserias… debe ser altamente punible para el mantenimiento de su sistema.

Siendo aquella protesta tan masiva como fue, ¿por qué a vosotros veinte?

Eso nunca lo sabremos con certeza. Pero todo apunta a la existencia de archivos ilegales de personas ya conocidas. Los veinte llevamos años trabajando en los movimientos sociales y luchando contra los desmanes del sistema capitalista, bueno, contra el sistema capitalista en sí mismo. Y en este caso, la represión ha vuelto a demostrar lo que ha venido haciendo otras veces: condenar a varios resortes del movimiento. Detienen a veinte personas que provienen de distintos barrios, de diferentes luchas e incluso de principios políticos no afines; así quedan tocadas, pero no hundidas, muchas familias políticas, diversos grupos de contestación. Observando los vídeos que tiene como prueba la acusación, ninguno de los veinte hacemos nada extraordinario. Y eso ayuda a nuestra defensa.

¿Cómo valoras la actuación de la policía ese día?

No soy ningún entendido en el protocolo policial, pero diría que aquel día no lo hicieron muy bien o que había gato encerrado. Lo mismo que te lleva a pensar la actuación del sábado 22 en Madrid, en la Marcha por la Dignidad.

Por la mañana temprano, los Mossos calentaron los ánimos ofreciendo varias cargas. Así, en el momento en que llegaron los políticos el enfado de la gente estaba aún más a flor de piel. Y ahí la policía dejó hacer, ni siquiera les hizo un pasillo para que pudieran pasar. Nos consta que los políticos llegan cada día en coche, pero aquel día hubo una circular para que lo hicieran a pie. Es asombroso; escalofriante. Nos deja en la posición de haber caído en la trampa de Felip Puig y sus esbirros. El engaño perfecto para poder resarcirse del brutal desalojo de Plaza Catalunya semanas antes. Es una tesis antropológica el resultado de aquel día -que no sobrepasó la ofuscación, la irritación-. El hecho de abandonar a su suerte a los culpables visibles de la pobreza social ante la multitud agredida, vilipendiada es una estrategia ideada en los despachos del Poder.

¿Consideráis que hubo una criminalización de aquella protesta?

La criminalización provino de los medios de comunicación convencionales, incitada por la simpleza, la victimización y la debilidad de los políticos. Esa misma mañana, los medios comerciales –los subvencionados– ya tenían preparada sus portadas. Ya sabían lo que sucedería. La estrategia antes comentada estaba confeccionada desde    las redacciones de prensa, desde las oficinas policiales y, como no, desde las entrañas de los gestores políticos.

Y repito, no sucedió nada. Ellos lo crearon todo con sus imágenes maniqueas y sus palabras venenosas. Y su producto lo recibe una sociedad domesticada en torno al concepto de “violencia”. El objetivo de esta criminalización no haría falta ni explicarlo: el sistema no puede sentir que está en entredicho. El sistema estatal capitalista no tolera una crítica firme, audaz e inteligente apoyada en un movimiento que cae bien, que estaba acertando.

¿Cómo te detuvieron?

No me detuvieron, casi que me entregué. Me explico. Aquella mañana detuvieron primero a una compañera que vive conmigo. Y se la llevaron a la comisaría de Granollers. Ella decidió comunicarme a mí su detención. Entonces, yo le reconocí a los Mossos que iría allí a por ella cuando saliera. Me imagino que en ese momento se tuvieron que frotar las manos. De hecho, en casa ya avisé de que tenía muchos números de acabar como ella. Cuando llegué, entregué mi DNI y una señora muy maja me invitó a pasar. ¿Desde cuándo te permiten pasar para ver a una detenida sin ser abogado? Justo al atravesar la puerta, me agarraron dos encapuchados.

¿Cómo estáis viviendo este proceso?

No lo hemos vivido con demasiado drama. Nos sentimos tranquilos incluso ahora que estamos en pleno juicio. Sin embargo, no voy a dejar de reconocer que cualquier grupo de veinte personas que nace aleatoriamente y con una carga emocional como esta siempre lleva aparejadas tensiones y opiniones contrapuestas. Pero la represión debe tener en cuenta que estos procesos, así y todo, unen, que crean familias. Y cuando los encausados en la campaña, además, recibimos numerosos apoyos y colaboraciones, nos fortalecemos.

¿Os sentís perseguidos?

No más que cualquier persona que decide plantarle cara a los sinvergüenzas que manejan esta sociedad…ya sean políticos, banqueros o especuladores.

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