El presidente Pujol ha hablado tanto de la necesidad de valores como de la difícil relación entre la ética y la política. Hoy asistimos a su falta de coherencia por no cumplir con los valores y principios que siempre ha defendido y promovido en la vida personal. Pero quizás la gran objeción a su trayectoria tiene más que ver con sus políticas que con su vida personal, no se quiere aceptar tener que hacer una política contraria a la propia ética. Si hoy hay una reivindicación de ética y de otras maneras de hacer política es porque la política institucional existente no ha conseguido unir bastante bien las dos esferas. La reflexión ética tiene poco que hacer cuando decidimos explicita o implícitamente que lo que guía nuestro comportamiento individual o colectivo es el beneficio económico, la maximización de los beneficios sin atender a otros criterios.