La Generalitat crea una guía sobre pantallas en función de la edad y advierte de daños “irreversibles”

ACN

Barcelona —
22 de septiembre de 2026 09:40 h

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El Departamento de Salud ha avisado de que algunos impactos del uso de pantallas en niños y jóvenes pueden ser “irreversibles” y ha pedido una respuesta “global” para evitar los daños asociados a su abuso. Lo ha reclamado la subdirectora general de Adicciones, Lluïsa Conejos, que ha afirmado que la conselleria ha creado una nueva Guía de Salud Digital a partir de 700 estudios científicos.

El trabajo divide los impactos por edades y apunta a riesgos físicos, mentales y relacionales como retrasos en el desarrollo, caries, miopía, trastornos del sueño, problemas emocionales y violencias digitales. Conejos también ha admitido que el exceso de pantallas podría estar relacionado con los malos resultados del informe PISA. La guía servirá de base para que el Govern concrete medidas para familias y profesionales.

Conejos ha apuntado que uno de los datos más destacados es la edad “muy temprana” a la que los niños acceden a este tipo de dispositivos: “La edad media de acceso al primer móvil es de 10,8 años”. Entre los alumnos de primaria, el porcentaje de alumnos con teléfono es del 51,6%, mientras que en la ESO la cifra se eleva hasta el 92,8%. Conejos ha señalado la importancia de retrasar el acceso a esta tecnología porque, al tener móvil, muchos niños y niñas acceden a las redes sociales cuando todavía no tienen capacidad para “discriminar y discernir”.

Por otra parte, ha remarcado que los jóvenes de entre 14 y 18 años dedican de media 4,8 horas diarias entre semana al ocio en internet y 6,7 horas durante el fin de semana. Los videojuegos tienen también una presencia muy elevada: juega a ellos el 84,9% de los jóvenes, un porcentaje que llega al 97% entre los chicos y al 72,8% entre las chicas. Uno de cada dos chicos dedica más de dos horas diarias a ello, frente a una de cada siete chicas.

En cuanto a las redes sociales, el 74% de los adolescentes dedica dos horas o más entre semana y el porcentaje sube hasta el 88% durante el fin de semana. Conejos ha revelado que los datos analizados han mostrado que un 34% de los alumnos de entre 14 y 18 años presenta “un posible uso problemático de las redes sociales, asociado a aspectos como la pérdida de control, la persistencia en el uso, la preocupación excesiva por conectarse o el malestar cuando no pueden hacerlo”.

Asimismo, ha dicho que, en el caso de internet, un 23% padece un “uso compulsivo, con síntomas como dormir menos o pasar menos tiempo con otras personas”. En cuanto a los videojuegos, los indicios de posible adicción llegan al 10,7% entre los chicos y al 2,2% entre las chicas.

Los efectos cambian según la edad

Una de las novedades de la nueva guía es que, por primera vez, los impactos sobre la salud se han clasificado según el momento evolutivo de la persona. Así, el documento ha diferenciado entre la primera infancia, la etapa que va de los siete a los once años y los diferentes momentos de la adolescencia.

Entre los 0 y los 6 años, el análisis ha identificado posibles retrasos en el desarrollo del lenguaje y del aparato motor, dificultades en la percepción de la realidad, sedentarismo y aumento de peso, miopía, alteraciones del ciclo circadiano y cambios en el funcionamiento cognitivo y emocional. También ha señalado el desplazamiento de las interacciones cara a cara.

Entre los 7 y los 11 años, la guía ha apuntado interferencias en el aprendizaje, un aumento del riesgo de miopía y de exceso de peso, trastornos del sueño y malestar emocional. Uno de los elementos que ha sorprendido a los expertos que la han elaborado ha sido la vinculación entre el uso de pantallas y la aparición de caries. “Está relacionado con el consumo de bebidas o alimentos azucarados delante de las pantallas”, ha explicado Conejos.

En la adolescencia, entre los 12 y los 15 años y entre los 16 y los 18, se han identificado, entre otros efectos, una menor interacción cara a cara y la sustitución de otras actividades, una disminución de la capacidad de atención e interferencias en el aprendizaje. El análisis también ha señalado cuestiones relacionadas con la privacidad y la intimidad, el malestar emocional, la sintomatología ansiosa y depresiva, la autoestima y el ciberacoso.

A estos efectos se añaden alteraciones en la calidad del sueño, violencias digitales, impactos en la imagen corporal, otros problemas físicos, la promoción de hábitos no saludables y la presencia de “patrones oscuros”, dinámicas de azar y micropagos.

No solo importa el tiempo de exposición

Conejos ha remarcado que el impacto de las pantallas no depende únicamente del número de horas de exposición. Según ha explicado, también intervienen el contexto, la edad, la familia, las pautas educativas y las oportunidades de ocio, así como factores relacionados con las desigualdades sociales, la educación, la vivienda y la competencia digital.

La subdirectora general de Adicciones también ha apuntado a elementos propios del entorno digital, como los algoritmos y los diseños de las plataformas, y a factores protectores como los vínculos familiares, la capacidad de resiliencia y la alfabetización mediática.

Además, ha señalado la relación entre una conexión muy intensa a las pantallas y las relaciones presenciales. Según Conejos, “el niño y el adolescente que tiene una conexión muy intensa a las pantallas, es mucho más probable que tenga después dificultades en su relación con los demás en el nivel presencial de la relación humana”.

También ha puesto el acento en la relación con uno mismo y en la regulación emocional. En este ámbito, ha defendido la importancia de aprender a gestionar las dificultades y las propias emociones para madurar emocionalmente. Conejos ha vinculado esta cuestión con la construcción de la identidad en las redes sociales y ha advertido de que, cuando esta identidad no se ajusta a la realidad, puede dificultar la conexión con aquello que la persona siente y con lo que le sucede.

Conejos ha hecho referencia al término “irreversible”, sobre todo para referirse a los impactos que se producen durante la primera infancia y especialmente en los primeros años de vida. Ha puesto como ejemplo el vínculo de seguridad y de presencia entre el bebé y las personas cuidadoras.

Según ha explicado, este vínculo implica que la persona cuidadora esté conectada con las necesidades del niño y sus emociones. Ha asegurado que no gestionar adecuadamente este vínculo, a menudo porque los adultos están “poco presentes” o, incluso, “conectados a sus propias pantallas”, puede tener un impacto irreparable en los pequeños.

En este contexto, se ha referido a los malos resultados registrados en el último informe PISA y ha considerado que “los adolescentes con índices bajos en estas evaluaciones seguramente vienen de antecedentes previos en la infancia en los que el aprendizaje no ha sido todo lo rico que hubiera debido y en los que el uso de pantallas también ha tenido presencia”. Asimismo, ha comentado que el uso intensivo de las redes puede reducir el tiempo disponible para estudiar, relacionarse con los amigos o realizar otras actividades, y también ha apuntado al posible mal uso de las tecnologías para hacer tareas escolares.

Una respuesta que implique a todo el entorno

Conejos ha explicado que, a partir del diagnóstico realizado por Salud, el Govern definirá una serie de medidas y recomendaciones para “prevenir” y reducir estos riesgos. Ha defendido que estas propuestas no se centren únicamente en la responsabilidad individual del “adolescente que hace un mal uso de las pantallas” y que estén orientadas a conseguir un beneficio global para toda la sociedad.

Ha apostado por que estas políticas sean el resultado de un “trabajo de colaboración con otros departamentos de la Generalitat” lo más consensuado posible y ha remarcado que las propuestas deben proporcionar herramientas y estrategias a las personas adultas que rodean a los jóvenes: “Deben implicar al conjunto de su familia, de sus cuidadores, de los educadores en general y de las personas adultas que están a su alrededor”.

Aunque ha insistido en que será el ejecutivo de Salvador Illa el que tendrá que concretar las acciones, se ha mostrado a favor de retrasar el contacto de los niños con las redes sociales y los móviles o facilitar herramientas a familias y educadores para prevenir los efectos asociados al uso de las pantallas. También ha remarcado la importancia de que los adultos sean más conscientes del uso que hacen de los móviles y se conviertan en un buen modelo para niños y jóvenes.

Precisamente este martes por la tarde, el presidente de la Generalitat participará en el acto «Protejamos a la infancia. Apaguemos pantallas, abramos libros», en el que previsiblemente se presentarán algunos de los ejes en los que la Generalitat se plantea incidir. También estarán presentes la consellera de Salut, Olga Pané, y la consellera de Educación, Esther Niubó.