Un grupo catalán de ‘pole dance’, descalificado de un torneo internacional por un número crítico con el nazismo
La imagen que suele venir a la cabeza a la mayoría de gente cuando se habla de pole dance es la de una mujer, en ropa interior brillante, bailando al rededor de una barra de metal en un club de striptease de mala muerte. Como el personaje interpretado por Rosalía en la tercera temporada de Euphoria. Pero hace años que el pole dance dejó de ser patrimonio exclusivo del mundo de la noche y se ha convertido en un deporte que cuenta con sus propias academias, muestras y competiciones.
España acoge uno de esos certámenes. Se trata de uno de los más prestigiosos a nivel internacional, el Pole Spain, en el que se han descubierto estrellas que han llegado, incluso, a incorporarse al Circ du Soleil. Este año la sorpresa vino de la mano de un grupo catalán, pero no tanto por su ejecución de la coreografía, sino por la decisión del jurado de descalificarlas debido a la temática escogida para su número.
El conjunto diseñó una coreografía crítica con el Holocausto y el auge del fascismo durante la segunda Guerra Mundial. Las artistas -que representaban a los pueblos exterminados por el Tercer Reich- realizaban sus piruetas y acrobacias frente a proyecciones de esvásticas y militares realizando el saludo romano. En un momento, llegan a ser ellas mismas las que forman una cruz gamada con sus cuerpos, obligadas por soldados nazis, como una metáfora de que el régimen de Hitler se erigió gracias al trabajo obligado de los pueblos perseguidos.
Pero el jurado no lo vio así y tomó una decisión inaudita en la historia de este campeonato: descalificarlas por haber mostrado “un contenido inapropiado”. La organización de Pole Spain publicó un comunicado justificando una decisión que indignó tanto a las afectadas como a otros participantes. Pese a que no ven un problema en que las actuaciones aborden momentos complejos y difíciles de la historia, añaden que “el uso de un gran símbolo nazi como elemento principal en el escenario, junto a la realización de saludos nazis durante la actuación, se consideró inapropiado”.
La organización optó por separar la crítica histórica de la pieza sentenciando que, “independientemente de la intención artística, este tipo de imágenes pueden resultar profundamente ofensivas y perturbadoras para muchas personas”. Además, añadieron que creían que la imagen iba más allá de lo necesario para transmitir la idea o narrativa.
La decisión sorprendió y enfadó a las afectadas, que fueron a pedir explicaciones al jurado. Jordana de Haro, coreógrafa del número retirado y responsable de la academia InGravity Studio, lamenta que la organización le afeara que su número había sido políticamente incorrecto. “Yo les respondí que el arte no estaba para ser políticamente correcto”, explica. Preguntados por este medio, desde Pole Spain ha declinado hacer declaraciones y se han remitido al comunicado publicado.
De Haro lleva varios años coreografiando para competiciones y asegura que la normativa no contempla nada relacionado con cuestiones políticas. De hecho, la única limitación impuesta es en cuanto a vestimenta, contenido sexual y erotismo.
La entrenadora defiende que el Holocausto es parte de la historia de la humanidad y desmiente la premisa principal del jurado, asegurando que ha sido felicitada por descendientes de supervivientes de la segunda Guerra Mundial que se enteraron de lo sucedido. “Una chica polaca cuyos familiares habían sido víctimas del holocausto me escribió para decirme que creía que era una pieza muy necesaria”, ejemplifica de Haro. “Y una persona de Ucrania me dio las gracias por mostrar los horrores de la guerra”.
La falta de unas “normativas claras”
David Lacagnina, presidente de Pole Sports & Arts World Federation (POSA), la única federación internacional de esta disciplina artístico-deportiva, mostró su descontento con la decisión de descalificar el número. “Fue una decisión inapropiada y pasó por una falta de normativas claras”, tal como expuso en el podcast Pole Obssession.
Al ser un deporte que está creciendo a una gran velocidad, muchas competiciones que ya se han ganado un prestigio, como es el caso del Pole Spain, todavía se disputan fuera del abrazo de la federación. Esto provoca que tengan normas más laxas a la hora de valorar la puntuación, pero también causan más “inseguridad” a los artistas ante ciertas decisiones. Aunque “no es algo que suele pasar”, asegura Lacagnina.
A pesar de lo excepcional de la decisión, la descalificación ha llegado a oídos de diversas asociaciones por la defensa de expresión como la plataforma de defensa de artistas No Callarem. “Vivimos en un mundo de ofendiditos”, asegura Fernando Paniagua. “Aprovechamos las ofensas individuales para crear un sistema de censura y autocensura en el que parece que no se puede decir nada”.
Desde esta entidad coinciden en lo absurdo de descalificar una actuación que hable de la segunda Guerra Mundial, pero recuerdan que el PP y Vox llegaron a censurar clásicos del teatro como La villana de Getafe, de Lope de Vega, por “perversión” y “insinuaciones sexuales”. También cancelaron una representación de Orlando, de Virgina Woolf por tratar la homosexualidad y la transexualidad.
Paniagua lamenta que se estén usando “herramientas políticas para reprimir y para censurar. Y lo más terrorífico de todo es que la autocensura funciona, lamenta el activista, que alienta a artistas y deportistas a no dejar de lado la política en sus actuaciones.