László Krasznahorkai, premio Nobel de Literatura: “Debería haber dedicado toda mi obra a los que no tienen nada”

Tras cancelar su participación en Kosmópolis 2025 debido a que prácticamente coincidió con la concesión del Premio Nobel de Literatura, el escritor húngaro László Krasznahorkai, ha querido que el primer acto realizado fuera de su país tras ganar el premio se celebrara en Barcelona.

“Hoy es un día importante para el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona”, ha declarado la directora del centro, Judit Carrera, en la rueda de prensa previa a la charla que el Nobel mantendrá esta tarde en el propio CCCB con su traductor al castellano, Adan Kovacsics, “Quiero agradecerle a László que haya mantenido su compromiso con nosotros tan pocos meses después”.

Carrera ha relacionado también la visita de Krasznahorkai con la larguísima relación que el autor ha tenido con la Editorial Acantilado, que ha editado sus libros desde hace 25 años. El primero fue Melancolía de la resistencia (2001), pero desde entonces han aparecido siete volúmenes más que serán acompañados por un octavo que llegará a las librerías en los próximos meses.

La editora de Acantilado, Sandra Ollo, presente en el acto, como también su editora en catalán, Mariona Bosch de Edicions del Cràter, ha aprovechado la ocasión, no para hablar sobre la obra del autor húngaro, de la que opina que se ha escrito ya demasiado, sino para reivindicar su lectura: “No hablemos más de Krasznahorkai y empecemos a leerlo”, ha pedido. “Entremos en su literatura que está llena de pensamiento, de imaginación, y también de humor. No hay ningún lector que salga indemne de la literatura de László Krasznahorkai”.

El escritor, al que Susan Sontag se refirió como “El maestro del Apocalipsis”, ha comenzado su charla con una actitud alegre e irónica que no encaja precisamente con el brutal sobrenombre que le adjudicó la intelectual neoyorquina. “A Susan le gustaban mucho mis novelas y las películas que realicé junto a Bela Tarr, y fue un honor para mí que una intelectual como ella escribiera sobre nosotros”, ha explicado durante la rueda de prensa. “Pero se equivocó totalmente al llamarme así. Tanto lo del Apocalipsis como lo de maestro son una exageración y, además, tampoco estoy seguro de que sea un halago”.

Lo cierto es que, a pesar de lo que diga el autor, resulta difícil no darle un poco la razón a Sontag. Sumergirse en la obra de László Krasznahorkai es como entrar en un laberinto de frases infinitas y atmósferas densas donde el tiempo parece haberse detenido justo antes del colapso total.

Sus relatos exploran la entropía, el aislamiento y la degradación de la sociedad, retratando a personajes que deambulan por paisajes desolados en busca de una trascendencia que siempre se les escapa. Es gran literatura, donde el humor negro se mezcla con una metafísica descarnada, obligando al lector a navegar por párrafos de una sola frase hasta que este se entrega a la belleza de la catástrofe.

Pero, ¿existe realmente esa Hungría que ha retratado en sus libros? ¿Existió alguna vez? El autor reconoce que sí que existió y que, de hecho, durante su infancia y juventud, no solo vivió allí, sino que parecía que otro mundo era imposible. “La Hungría en la que nací apenas conservaba las cosas buenas que había tenido en el pasado. Los húngaros no entendíamos el valor de nuestro país y los soviéticos tampoco ayudaban precisamente a eso”, reflexiona.

“Conseguí salir de mi país cuando tenía más de treinta años”, continúa, “y recuerdo perfectamente cómo, al cruzar la frontera hacia Austria, el cielo me pareció más azul y la hierba más verde. En ese momento os aseguro que vi físicamente la diferencia. Lo que descubrí en occidente no tenía nada que ver con lo que me había imaginado. Por ejemplo, en Austria había manifestaciones, algo que en la Hungría de entonces no se podía ni nombrar”.

El autor también ha rechazado durante la rueda de prensa otro de los mitos que sobrevuelan su obra, el de que todos sus protagonistas son personas miserables. “No escribo solo de esa Hungría miserable”, afirma. “Sí que es cierto que era así en mis primeros libros, pero después también he escrito sobre la maravillosa cultura de mi país. Aunque, pensándolo un poco, creo que la miseria me indigna tantísimo que debería haber escrito solo sobre ella. De todos los libros que he leído en los últimos años, ninguno trataba sobre las personas que no tienen nada. Que son tan pobres que lo único que conservan es su dignidad. Debería haber dedicado toda mi obra a los que no tienen nada”.

Una trayectoria indisolublemente unida a Bela Tarr

El primero de los libros de Krasznahorkai fue Tango satánico, publicado originalmente en su país en 1985, y que se ha convertido con los años en un auténtico clásico moderno. La novela sitúa al lector en una comunidad rural aislada de Hungría. Un lugar casi fantasmal donde un grupo de personas esperan que algo ocurra y cambie su futuro. De repente, reciben la noticia de que un hombre desaparecido hace años ha sido visto de camino a la localidad. Esto desencadenará una espiral de acontecimientos y revelará secretos que habrían preferido ignorar.

El libro, en el que ya se destila a la perfección el estilo del autor, ha tenido una resonancia especial debido a la adaptación al cine que realizó el famoso director húngaro Béla Tarr, recientemente fallecido. Una película de más de siete horas de duración en la que colaboró estrechamente Krasznahorkai y que los convirtió en amigos.

“Cuando Béla terminó de leer mi libro, el manuscrito porque ni siquiera estaba publicado, vino directamente a mi casa. Debían ser las cinco de la mañana y yo estaba en la cama con resaca”, ha recordado el escritor durante la rueda de prensa. “Yo pensé, ‘¿quién es este tío?’ Porque no lo conocía de nada y vestía de una forma muy extravagante. Pero nos pusimos a hablar y nos hicimos amigos”.

Desde entonces, no pararon de colaborar. El escritor lo ha recordado con cariño, aunque no todo fuera sencillo. “Béla era el capitán y los demás sus ayudantes. Lo ayudábamos a conseguir llegar a donde él quería”, ha explicado Krasznahorkai. “Su trabajo no era fácil y trabajar con él tampoco. Además, él siempre convivió con el dolor físico y hacer películas conllevaba mucha exigencia para él. Canalizaba aquel dolor a través de sus películas. No sé si tuvo un efecto en mi obra, todavía tengo pendiente hacer cuentas con mi amigo”.

“Mucha gente intentó quemar Roma”

Pero si hablar de Béla Tarr es ineludible al conversar con Krasznahorkai, también resulta imposible evitar hacerlo sobre cómo percibe la situación política y social del mundo actual. Más aún viniendo de un país como Hungría, que pronto se enfrentará a unas elecciones en las que se decidiría el futuro político de su presidente Viktor Orbán, uno de los tentáculos de Putin y Trump en el seno de la Unión Europea.

“Las cosas no van bien”, ha afirmado sin dudar. “Pero creo que nunca han ido del todo bien. Diría que ni siquiera cuando vivíamos en cuevas iban bien. Pero de repente, pasó algo, como que alguien llegó con un palo encendido y el fuego nos salvó. Nos hizo evolucionar”.

En opinión del autor húngaro, el mundo siempre ha ido evolucionando así. Siempre ha estado en crisis, pero nunca ha llegado a caer del todo, la destrucción ha llevado al posterior progreso.

Por otro lado, también ha defendido en Barcelona que el público en general no tiene ni idea de cómo se rigen los destinos de las sociedades. “En mi juventud, pensaba que la única solución era la revolución”, ha asegurado. “Pero ahora soy más flexible. Pienso lo peor de la raza humana, pero también creo que siempre hemos estado así. Mucha gente intentó quemar Roma. Hubo muchos Mao Zedong en la historia de China. Mucha gente mala como Putin podría haber destruido el mundo, pero simplemente no pasó”.

Para terminar, el autor ha bromeado de nuevo con su sobrenombre de maestro de Apocalipsis. “El Apocalipsis no es algo único, sino que está continuamente ocurriendo. Nunca va a llegar, está pasando justo ahora”.