OPINIÓN

La responsabilidad de avanzar: por un sindicalismo útil en la escuela pública

Secretaria de Educación de UGT Serveis Públics de Catalunya —

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El sistema educativo catalán se encuentra en una encrucijada que no admite más demoras ni gesticulaciones vacías. Tras más de veinte años de congelación del complemento específico y más de una década de recortes que han tensionado las costuras de nuestros centros, el malestar docente es una herida abierta que solo se cura con hechos, no con proclamas. Desde la UGT de Catalunya tenemos claro que la frustración, por legítima que sea, no puede convertirse en una parálisis estructural que hipoteque el futuro del alumnado. La firma del Acuerdo del 9 de marzo con el Govern no fue un simple trámite administrativo; fue un acto de responsabilidad de clase y una misión de rescate para blindar 2.000 millones de euros que, dada la fragilidad política actual, habrían quedado en el aire. El inmovilismo actual, ese que algunos abrazan con comodidad, solo debilita el sistema público que todos decimos defender.

En la negociación colectiva, la estrategia del “todo o nada” es, en la práctica actual , la condena al “nada” para los trabajadores. El maximalismo puede resultar estéticamente revolucionario en una pancarta o en un mensaje de Telegram, pero no llena la nevera de los profesionales ni reduce el número de alumnos en las aulas de forma inmediata. Frente al sindicalismo del malestar que practican organizaciones como USTEC, instaladas en una queja permanente que se retroalimenta del conflicto sin ofrecer salidas, la UGT reivindica un sindicalismo de realidades. 

Hemos logrado hitos tangibles como la recuperación histórica del 30% del complemento específico, revirtiendo una parálisis de dos décadas, y hemos garantizado un calendario real de reducción de ratios que prioriza la escuela inclusiva mediante el doble cómputo de alumnos con necesidades educativas especiales. No se trata de repartir recursos de forma lineal y poco eficiente, sino de aplicar la equidad allí donde la vulnerabilidad es mayor. 

Resulta de un cinismo insostenible que los mismos sectores que critican este acuerdo desde la barrera, tachándolo de insuficiente, sean los primeros en exigir que sus beneficios se apliquen de inmediato a sus propios afiliados. Criticar el sudor ajeno en la mesa de negociación mientras se disfruta de sus frutos es una irresponsabilidad que solo alimenta la crispación ambiental. Esta dignificación no solo alcanza a los docentes, sino que por fin pone en el mapa al Personal de Atención Educativa (PAE) y al Personal de Administración y Servicios (PAS), los grandes olvidados del sistema educativo que la UGT ha conseguido rescatar del ostracismo presupuestario.

Sin embargo, la degradación del debate educativo ha traspasado últimamente líneas rojas que nos preocupan profundamente. La discrepancia es un derecho fundamental, pero la violencia es el fracaso de cualquier argumento sindical. Lo ocurrido recientemente en nuestra sede de Granollers es de una gravedad extrema: el acoso a nuestro secretario general de la UGT en el Vallès Oriental, Vicenç Albiol, y las agresiones físicas y verbales bajo capuchas no representan a los profesionales de la educación. El lanzamiento de objetos y los gritos de “traidores” son herramientas de un radicalismo sectario que solo busca romper la cohesión social. No podemos pretender formar ciudadanos críticos y democráticos si permitimos que el hostigamiento se normalice como una vía legítima de presión.

Somos plenamente conscientes de que este acuerdo es un paso adelante, un peldaño necesario, pero en ningún caso la meta final. Nuestro compromiso con la Ley de Educación de Cataluña es total, y situamos el objetivo del 6% del PIB como nuestra prioridad legislativa. Este blindaje es imprescindible para proteger la educación de los vaivenes de la política de corto vuelo. Pero mientras llega ese escenario, es mucho más efectivo consolidar mejoras hoy —como la simplificación burocrática pactada para que los docentes recuperen su tiempo pedagógico— que esperar a una utopía que nunca llega mientras los centros se desangran.

La credibilidad de un sindicato no se mide por la contundencia de sus consignas, sino por su capacidad de transformar reivindicaciones en derechos efectivos. En contextos complejos, avanzar —aunque sea paso a paso— no es claudicar, es construir. La escuela pública catalana debe ser inclusiva, laica y de calidad, pero sobre todo debe ser resiliente ante los bloqueos corporativistas que solo conducen a la frustración de las plantillas. El futuro de nuestro país depende de nuestra capacidad para superar el desencanto y apostar por un diálogo social capaz de transformar la realidad cotidiana de las aulas. Desde la UGT seguiremos trabajando y firmando para que la dignidad laboral deje de ser una consigna de manifestación y se convierta en un derecho consolidado y real en cada centro de Catalunya.

Hoy, más que nunca, el sistema educativo catalán necesita menos ruido y más soluciones. Desde la UGT reafirmamos con claridad nuestra apuesta por el Acuerdo del 9 de marzo como la mejor herramienta posible en el contexto actual para avanzar en la mejora de las condiciones laborales y educativas. No es un punto de llegada, sino una base sólida sobre la que seguir construyendo nuevos avances. El diálogo no debilita, fortalece; y es desde esa voluntad de entendimiento desde donde seguiremos defendiendo un sindicalismo útil, responsable y transformador.