Los Testigos de Jehová matizan su doctrina contra las transfusiones de sangre: “Es un cambio de cara a la galería”
Los Testigos de Jehová son una organización religiosa conocida por sus estrictas normas y el ostracismo al que someten a los miembros expulsados. Una de las prohibiciones más conocidas y polémicas es la que considera pecado dar o recibir transfusiones de sangre, pero eso acaba de cambiar. El pasado viernes, el Cuerpo Gobernante de la organización emitió un comunicado en el que se anunciaba un “cambio de postura”. Ahora, los hermanos y hermanas pueden recibir transfusiones, pero solo si son de su propia sangre.
“El regalo de la vida nos lo dio Jehová y Él quiere que mostremos respeto por ese regalo”, dice, mirando a cámara, un hombre anciano que actúa como portavoz del Cuerpo Gobernante y que presenta una especie de informativo que llega a todos los fieles del mundo, traducido mediante IA a más de un centenar de idiomas. El presentador sigue, diciendo que una manera de mostrar respeto por Jehová es “obedeciendo sus mandatos sobre el tema de la sangre” y añade que la única doctrina de Dios es que el cristiano “no debe comer la carne con su vida, es decir, con su sangre”.
Llegados a este punto, cualquiera podría pensar que se levanta totalmente esta prohibición que ha causado la muerte de diversos testigos de Jehová. Pero la realidad tiene matices. “Después de orar mucho y analizar lo que dice la Biblia, el Cuerpo Gobernante ha decidido que cada cristiano debe decidir cómo se usará su propia sangre en cualquier tratamiento o procedimiento médico o quirúrgico”.
Es decir, que lo que permiten a partir de ahora los Testigos de Jehová es que sus hermanos y hermanas reciban transfusiones autólogas: aquellas que provienen de la propia sangre. Este es un cambio significativo para la doctrina de la congregación pero, a efectos prácticos, supone pocas ventajas para sus miembros.
Para empezar, son muy escasas. En 2025, de las 250.000 donaciones que se realizaron en Catalunya, solo 19 —para unas nueve personas— fueron autólogas, según datos del Banco de Sangre y Tejidos. El motivo es que no es fácil reunir los requisitos para que estas transfusiones sean posibles, útiles y suficientes.
La sangre no se puede almacenar permanentemente: solo tiene una vida de 42 días fuera del cuerpo humano. Si bien es cierto que es un fluido que se puede congelar, ese servicio solo lo prestan algunas clínicas privadas en el mundo, ninguna de ellas en España. La sanidad pública tiene un pequeño banco de sangre congelada, pero de donantes muy raros.
Sus usos más frecuentes son en operaciones traumatológicas, que requieren menos sangre y suelen poderse programar con el tiempo suficiente para que el paciente vaya almacenando sus propios fluidos poco a poco y llegar en buenas condiciones a quirófano. “Pero no cualquiera puede evitar la anemia después de donar tanto”, explica a elDiario.es el doctor Joan Ramon Grífols, director asistencial del Banco de Sangre y Tejidos.
Además, para una transfusión autóloga también hace falta pasar pruebas y cumplir una serie de requisitos. “Aunque pueda parecer raro, nada te asegura que puedas ser donante para ti mismo porque, muchas veces, las patologías que hacen que necesites esa transfusión pueden ser las que te impidan realizarla”, resume Grífols.
El doctor alerta de que para conseguir las entre dos y cuatro bolsas que se suelen extraer, se requieren semanas y diversos desplazamientos al hospital. Y, en algunas ocasiones, esa cantidad puede no ser suficiente para ciertas intervenciones. “Es muy posible que, por ejemplo, un cirujano cardiovascular se niegue a operar con tan poca sangre”, sostiene. Por tanto, las transfusiones autólogas no sirven para todas las intervenciones quirúrgicas ni todos los pacientes. Y tampoco en caso de accidente o de intervención urgente.
Otra opción que tienen los Testigos de Jehová es recurrir a técnicas de ahorro sanguíneo. Esto, que también depende del estado de salud del paciente, se basa en medicación preoperatoria que potencia la producción de glóbulos rojos o, incluso, en el uso de cell savers, una técnica que aspira, lava y reinfunde la sangre durante la misma operación. Estas, a diferencia de las transfusiones autólogas, siempre han estado permitidas porque la sangre no llega a abandonar del todo el cuerpo y, por tanto, no rompe el vínculo con el alma ni con Dios.
Así pues, el cambio de doctrina “es una novedad importante, pero es una mejora solo de cara a la galería”, tal y como expone Ángel Encinas, vocal de la Asociación Española de Víctimas de los Testigos de Jehová y antiguo miembro de la organización. “Llevan años diciendo que las transfusiones violan los preceptos de Dios y ahora cambian de opinión. Así, sin más. Sin pedir perdón ni dar explicaciones. ¿Qué pasa con todas las personas que han muerto por el camino?”, se pregunta.
Más de medio siglo de pecado
La prohibición de dar y recibir transfusiones de sangre se remonta a 1959, año en que se encuentra la primera referencia escrita a esta doctrina. Los Testigos de Jehová empezaron considerándolas un pecado castigado con la expulsión de la congregación y el consecuente ostracismo. La gravedad del asunto era tal que en el año 2000 se convirtieron en una falta tan importante que quien recibiera una transfusión ya no pasaría por el proceso de expulsión, sino que quedaba automáticamente “desasociado”.
Los argumentos para prohibir estos usos de la sangre se encuentran en diversos versículos de la Biblia. Por ejemplo, el Levítico 17:13, en el que se dice lo siguiente: “El alma de la carne está en la sangre […]. Por eso he dicho a los hijos de Israel: ‘Ninguna alma de ustedes debe comer sangre. […] Y cuando algún hombre [...] que al cazar capture un animal que sea permitido comer, derramará su sangre y la cubrirá con tierra”. Otro pasaje muy usado se encuentra en los Hechos 15:20: “Absteneos de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación”.
Entonces, ¿cómo se justifica el cambio? Tanto los Hechos como el Levítico conforman lo que se conoce como Ley Mosaica, que se encuentra entre el Génesis y el Deuteronomio, y que recoge las normas que Dios trasladó al pueblo judío desde el Monte Sinaí, entre ellas los 10 mandamientos. Pero son unos preceptos que los Testigos no reconocen porque, consideran, quedaron sin efecto tras la muerte de Jesús.
Aunque la doctrina de este grupo religioso siempre ha dejado claro que sus fieles no están bajo la Ley Mosaica, eso no les ha impedido usarla para justificar prohibiciones como la de las transfusiones. En diversas comunicaciones enviadas a los fieles se han usado estos argumentos para demostrar que las donaciones de sangre son “contrarias a la palabra de Dios porque la Biblia muestra que la sangre no debe ser extraída de cuerpo, almacenada y usada de nuevo”.
También se ha especificado en distintas ocasiones que las transfusiones autólogas, las que ahora se permiten, también son pecado porque “la sangre almacenada ha dejado de ser parte de la persona y, por tanto, hay que deshacerse de esa sangre de acuerdo con la Ley de Dios”.
Preguntados por elDiario.es, los Testigos de Jehová aseguran que su “creencia fundamental sobre la santidad de la sangre no ha cambiado” y remiten al hecho de que la Biblia no dice nada sobre el uso de la sangre de la propia persona. “Se ha aclarado que esto ahora incluye si uno permite o no que se le extraiga sangre, se almacene y se le vuelva a introducir”, añaden.
“Los Testigos de Jehová toman decisiones informadas y conscientes que consideran tanto los principios de las Escrituras como los desarrollos de los procedimientos médicos modernos”, insisten.
Afrontar la expulsión
Durante años, recibir una transfusión comportaba tener que dejar los Testigos de Jehová. “Recibir sangre podía salvarte la vida, pero Dios te condenaba eternamente”, asegura una ex testigo que prefiere mantenerse en el anonimato. Lleva años fuera de la congregación, pero asegura que le sigue teniendo “pánico” a los hospitales a raíz del “miedo que se inculca” a las transfusiones.
Esta prohibición ha derivado en diversas muertes de personas que no han podido sobrevivir sin una donación o porque no han podido someterse a intervenciones quirúrgicas vitales. El hermetismo de los Testigos de Jehová hace que no todos los casos salgan a la luz, pero cada pocos años los hay que trascienden. Uno de los más mediáticos fue el de Marcos Alegre, un niño de 13 años que murió en 1994 tras una hemorragia cerebral.
El menor acabó en el hospital después de que unos vecinos de la familia les denunciaran a la policía, asegurando que el pequeño “agonizaba” en su casa. Pero, una vez en el centro, tampoco recibió el tratamiento porque sus padres alegaron motivos religiosos para rechazar la transfusión. La Fiscalía acusó a los padres de homicidio por omisión, pero la Audiencia Provincial de Huelva les absolvió.
Años después, la sentencia fue revocada por el Tribunal Supremo, que les condenó a dos años y medio de cárcel. En otra vuelta de tuerca, el Gobierno de José María Aznar les indultó en el 2000 y, dos años más tarde, el Constitucional anuló la condena considerando que los padres estaban amparados por la libertad religiosa.
“Puede costar mucho entender cómo puedes llegar a dejar morir a un hijo, pero de verdad que en tu cabeza tiene sentido”, asegura esta ex testigo anónima. Desde la Asociación de Víctimas opinan que el motivo tras la prohibición era “crear mártires. De puertas afuera, la imagen es totalmente negativa, pero de cara a su congregación, el mensaje es que ellos son los únicos cristianos verdaderos, dispuestos a morir por Dios”, sostiene Encinas.
Años después, los Testigos han recapacitado. “Después de orar mucho y analizar la Biblia”, dice el hombre en el vídeo distribuido a los fieles. Pero Encinas tiene claro que el cambio de la doctrina no está en las escrituras sino en los tribunales.
El asunto de las transfusiones ha sido llevado ante la justicia en más de una ocasión. En España, una jueza ha reconocido en una sentencia pionera que es lícito referirse a los Testigos de Jehová como una secta. Y en Noruega la organización enfrenta un proceso para dirimir si el ostracismo vulnera derechos fundamentales. “Permitir las transfusiones puede ser una manera de evitarse problemas legales en el futuro”, sopesa Encinas.
A pesar de que ahora esté permitido recibir una transfusión de sangre propia, la extestigo anónima que ha participado en este reportaje duda de si ella accedería a recibirla. “Mira que llevo años fuera, pero algo dentro de mí sigue sin tenerlo claro”, sostiene. Encinas, por su parte, tiene claro que los fieles no dudarán en seguir los preceptos nuevos de la organización. “Ya han cambiado tantas veces de opinión, que una más no cambiará nada”, sostiene.