OPINIÓN
El día después
Para evitar, en lo posible, ser malinterpretado direÌ que en 2023, tras la debacle de la izquierda en las autonoÌmicas y municipales, aposteÌ y ganeÌ mi apuesta contra todas las demaÌs opiniones, defendiendo que FeijoÌo no iba a ser el proÌximo presidente del Gobierno. Pero eso fue hace tres anÌos, un periodo en el que han pasado demasiadas cosas como para pretender resumirlas aquiÌ. Baste decir que, de encontrarme en aquella tesitura me guardariÌa mucho de jugarme una comida por el mismo motivo, como hice entonces. Y con esto resumo mis expectativas para el 29 de noviembre proÌximo.
Pero que nadie se llame a enganÌo: comparto con Carlos Castaneda su idea del hombre sabio, quien se centra en el presente, y actuÌa sin mirar al pasado ni preocuparse por los resultados de su accioÌn, porque hasta el final habraÌ hecho todo lo que esteÌ en su mano para conseguir su objetivo. En otras palabras, que hasta el diÌa de las elecciones, como dijo aquel: “el que pueda hacer, que haga”, y esto significa utilizar toda la fuerza y la inteligencia para conseguir la mayor movilizacioÌn y maximizar el mejor resultado posible en cada distrito electoral, huyendo de pretensiones maximalistas que ignoren la enorme diversidad ideoloÌgica y en escanÌos de esos distritos, que son al final quienes determinan a quieÌn enviÌan al Congreso y al Senado. Pero tampoco me voy a extender explicando lo que yo hariÌa, que para eso estaÌn los cerebros pensantes de las distintas formaciones poliÌticas.
Tampoco va este artiÌculo de proponer nada para el caso de que la victoria sonriera a las izquierdas sin necesidad de depender de aliados indeseables, que bastante tendriÌan que negociar para repartirse ministerios y demaÌs. Lo que aquiÌ trato es de pergenÌar un plan de accioÌn para confrontar la mayoriÌa absoluta de las derechas, que es lo que en el mejor de los escenarios, anticipan las encuestas. Porque el mundo no se acaba ni siquiera con un FeijoÌo de presidente y un Abascal de vicepresidente, por no seguir con los posibles ocupantes de los ministerios del Interior, Defensa, Asuntos econoÌmicos, Trabajo etc. etc. Antes, al contrario, propongo disenÌar una accioÌn de oposicioÌn que debe empezar la misma noche electoral, y que deberaÌ anticipar las acciones que el nuevo gobierno va a poner en marcha.
Y el primer movimiento, coincidiendo con el reconocimiento de la derrota, deberiÌa consistir en que Pedro SaÌnchez presentara su dimisioÌn como Secretario General del PSOE, y su renuncia a la portavociÌa de su grupo en el Congreso. Y no hablo de entregar su acta de diputado porque a los diez minutos estariÌa procesado por todos los delitos imaginables tras perder la condicioÌn de aforado.
En segundo lugar, deberiÌa estar previsto el nombre del diputado que asumiriÌa la responsabilidad virtual de jefe de la oposicioÌn. Y, esto, en un partido marcado por el hiperliderazgo de PS ofrece pocas alternativas. Pero este asunto es de la maÌxima importancia, porque seguÌn la persona que se elija estaremos definiendo el tipo de oposicioÌn que el partido pretenda realizar. En otras palabras, si se considera que habriÌa que marcar diferencias con el actual comportamiento barriobajero de la oposicioÌn de derechas, que no deberiÌa confundirse con docilidad, sino con argumentaciones soÌlidas y contrastadas, el candidato obvio seriÌa el actual VP primero; mientras que si se piensa maÌs beneficiosa la confrontacioÌn constante y la mordacidad, la persona idoÌnea seriÌa el actual Ministro de Transportes.
Las dos derechas se asemejan más al Ortro de las dos cabezas de la mitología griega
En este sentido, me permitireÌ imprudentemente dar mi opinioÌn. Si anticipamos una mayoriÌa absoluta de las dos derechas que, ya hemos comprobado donde gobiernan, se asemejan maÌs al Ortro de las dos cabezas de la mitologiÌa griega, hay que temerse una legislatura larga, o dos, sostenidas por praÌcticamente todos los medios, los puÌblicos y los privados; por un aparato de seguridad sin las pocas cortapisas que hoy tiene; por una judicatura maÌs trufada auÌn de peinados y sin peinar que la actual; y por unos poderes econoÌmicos que todaviÌa esperaraÌn un trato maÌs favorable que el que disfrutan actualmente.
Por todo lo anterior, mi perfil del futuro jefe de la oposicioÌn, si no suena la flauta, es el de una persona sosegada en las formas y contundente en el fondo; a quien no se le puedan senÌalar muertos en su armario; con una formacioÌn acadeÌmica brillante y una experiencia en puestos de responsabilidad, tanto en el Gobierno de EspanÌa, como en organismos de la UE; capaz de expresarse en varios idiomas, incluido el japoneÌs. Alguien que tambieÌn pueda ser escuchado con respeto alliÌ donde, me temo que ni siquiera rodeado de traductores, lo que pueda decir el futurible presidente del gobierno espanÌol mereceraÌ la maÌs miÌnima atencioÌn. Y esa persona es Carlos Cuerpo.
Pero no es mi intencioÌn despreciar la utilidad de contar con una persona que pueda sacar los colmillos cuando la ocasioÌn lo requiera al estilo de Alfonso Guerra, y que se bata el cobre en las redes; sino maÌs bien ir pensando en el modo de aprovechar las cualidades de Oscar Puente para la descuidada por el PSOE, y fundamental tarea de la movilizacioÌn ciudadana, que tan necesaria seraÌ para confrontar el aluvioÌn de medidas que, sin duda, un probable gobierno de derechas va a poner en marcha en cuanto tome el poder.
TerminareÌ con un deseo utoÌpico, y una propuesta: el primero, que no se cumplan las predicciones; y la segunda, que de producirse el “milagro”, el nuevo gobierno de izquierdas, lo dirija quien lo dirija, esteÌ obligado a promulgar de leyes que efectivamente defiendan a la mayoriÌa de la poblacioÌn.