Concierto de Ismael Serrano en Rivas
Canciones para el déficit de empatía
Durante casi 30 años de carrera las canciones de Ismael Serrano han servido para la búsqueda de encuentros, entre las y los que creíamos (antes y ahora) que debemos conectar con el otro desde la empatía, la amabilidad y la humanidad compartida para generar un cambio real. Y desde luego que con sus cientos de canciones ha dado lenguaje a lo que vive la gente.
Se presentaba el cantautor madrileño la tarde del domingo en un lugar muy conocido para él, el Auditorio Pilar Bardem de Rivas Vaciamadrid. En Rivas viven múltiples afectos para Ismael Serrano, comparte amistades, ha grabado varios momentos de su carrera y también parece el molde adecuado para este formato de guitarra y voz donde demuestra que en otros escenarios es posible llevar la narrativa de lo cotidiano a la periferia de los grandes recintos.
Rozó las dos horas y media el repaso a la extensa discografía acompañándolo de sus habituales interludios entre canción y canción, y animando al público a que pidiese canciones a modo de guitarreada propia. Y así fueron cayendo, muy equitativamente, canciones de todos los discos del madrileño, las inevitables “Sin ti a mi lado”, “ Un muerto encierras” (bajada de tono para hacerla aún más triste), pero también alguna que abofetea el cliché del cantautor maldito, “Cállate y baila”. Y esa versión del “Inevitable” de Shakira que es el empeño de Ismael en patear al algoritmo. Animó a militar en el optimismo; y esa ola es la que parece estar enfrente a nosotros en otra última oportunidad para que demos la importancia debida a cuidar de nuestra comunidad con mención a la muerte desahuciada de Maricarmen.
Le dice Juan Diego Botto a Ismael Serrano: “Por fin tienes la edad que le corresponde a la nostalgia de tus canciones”. Lucio Batisti lo expresaba de forma magnífica cuando un niño no entendía porque el vestido de flores de su madre aún no estaban marchitas de tanto ponérselo. Ismael Serrano afirma que sus canciones son un último ejercicio de resistencia y que la música le permitió acortar las distancias. Esa distancia y esa nostalgia retumbaron con “Papa cuéntame otra vez” o “Vine del norte” . Marchó el público y se podía intuir las estrofas del poema de Gabriel Celaya, “¡A la calle! que ya es hora de pasearnos a cuerpo / y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo.”
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