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Opinión - Por un puñado de puntos, por Antón Losada
OPINIÓN

El día después

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Para evitar, en lo posible, ser malinterpretado diré que en 2023, tras la debacle de la izquierda en las autonómicas y municipales, aposté y gané mi apuesta contra todas las demás opiniones, defendiendo que Feijóo no iba a ser el próximo presidente del Gobierno. Pero eso fue hace tres años, un periodo en el que han pasado demasiadas cosas como para pretender resumirlas aquí. Baste decir que, de encontrarme en aquella tesitura me guardaría mucho de jugarme una comida por el mismo motivo, como hice entonces. Y con esto resumo mis expectativas para el 29 de noviembre próximo.

Pero que nadie se llame a engaño: comparto con Carlos Castaneda su idea del hombre sabio, quien se centra en el presente, y actúa sin mirar al pasado ni preocuparse por los resultados de su acción, porque hasta el final habrá hecho todo lo que esté en su mano para conseguir su objetivo. En otras palabras, que hasta el día de las elecciones, como dijo aquel: “el que pueda hacer, que haga”, y esto significa utilizar toda la fuerza y la inteligencia para conseguir la mayor movilización y maximizar el mejor resultado posible en cada distrito electoral, huyendo de pretensiones maximalistas que ignoren la enorme diversidad ideológica y en escaños de esos distritos, que son al final quienes determinan a quién envían al Congreso y al Senado. Pero tampoco me voy a extender explicando lo que yo haría, que para eso están los cerebros pensantes de las distintas formaciones políticas.

Tampoco va este artículo de proponer nada para el caso de que la victoria sonriera a las izquierdas sin necesidad de depender de aliados indeseables, que bastante tendrían que negociar para repartirse ministerios y demás. Lo que aquí trato es de pergeñar un plan de acción para confrontar la mayoría absoluta de las derechas, que es lo que en el mejor de los escenarios, anticipan las encuestas. Porque el mundo no se acaba ni siquiera con un Feijóo de presidente y un Abascal de vicepresidente, por no seguir con los posibles ocupantes de los ministerios del Interior, Defensa, Asuntos económicos, Trabajo etc. etc. Antes, al contrario, propongo diseñar una acción de oposición que debe empezar la misma noche electoral, y que deberá anticipar las acciones que el nuevo gobierno va a poner en marcha.

Y el primer movimiento, coincidiendo con el reconocimiento de la derrota, debería consistir en que Pedro Sánchez presentara su dimisión como Secretario General del PSOE, y su renuncia a la portavocía de su grupo en el Congreso. Y no hablo de entregar su acta de diputado porque a los diez minutos estaría procesado por todos los delitos imaginables tras perder la condición de aforado.

En segundo lugar, debería estar previsto el nombre del diputado que asumiría la responsabilidad virtual de jefe de la oposición. Y, esto, en un partido marcado por el hiperliderazgo de PS ofrece pocas alternativas. Pero este asunto es de la máxima importancia, porque según la persona que se elija estaremos definiendo el tipo de oposición que el partido pretenda realizar. En otras palabras, si se considera que habría que marcar diferencias con el actual comportamiento barriobajero de la oposición de derechas, que no debería confundirse con docilidad, sino con argumentaciones sólidas y contrastadas, el candidato obvio sería el actual VP primero; mientras que si se piensa más beneficiosa la confrontación constante y la mordacidad, la persona idónea sería el actual Ministro de Transportes.

Las dos derechas se asemejan más al Ortro de las dos cabezas de la mitología griega

En este sentido, me permitiré imprudentemente dar mi opinión. Si anticipamos una mayoría absoluta de las dos derechas que, ya hemos comprobado donde gobiernan, se asemejan más al Ortro de las dos cabezas de la mitología griega, hay que temerse una legislatura larga, o dos, sostenidas por prácticamente todos los medios, los públicos y los privados; por un aparato de seguridad sin las pocas cortapisas que hoy tiene; por una judicatura más trufada aún de peinados y sin peinar que la actual; y por unos poderes económicos que todavía esperarán un trato más favorable que el que disfrutan actualmente.

Por todo lo anterior, mi perfil del futuro jefe de la oposición, si no suena la flauta, es el de una persona sosegada en las formas y contundente en el fondo; a quien no se le puedan señalar muertos en su armario; con una formación académica brillante y una experiencia en puestos de responsabilidad, tanto en el Gobierno de España, como en organismos de la UE; capaz de expresarse en varios idiomas, incluido el japonés. Alguien que también pueda ser escuchado con respeto allí donde, me temo que ni siquiera rodeado de traductores, lo que pueda decir el futurible presidente del gobierno español merecerá la más mínima atención. Y esa persona es Carlos Cuerpo.

Pero no es mi intención despreciar la utilidad de contar con una persona que pueda sacar los colmillos cuando la ocasión lo requiera al estilo de Alfonso Guerra, y que se bata el cobre en las redes; sino más bien ir pensando en el modo de aprovechar las cualidades de Oscar Puente para la descuidada por el PSOE, y fundamental tarea de la movilización ciudadana, que tan necesaria será para confrontar el aluvión de medidas que, sin duda, un probable gobierno de derechas va a poner en marcha en cuanto tome el poder.

Terminaré con un deseo utópico, y una propuesta: el primero, que no se cumplan las predicciones; y la segunda, que de producirse el “milagro”, el nuevo gobierno de izquierdas, lo dirija quien lo dirija, esté obligado a promulgar de leyes que efectivamente defiendan a la mayoría de la población.

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