Compañero Florentino Pérez

0

Solo unos días mayor que yo, ambos coincidimos a mediados de los sesenta como alumnos en una atiborrada Escuela de Caminos de Madrid (la única en aquel momento) y no lo conocí personalmente hasta pasados unos cuantos años en un breve encuentro casual.

Parece que tenía claro desde el principio que su futuro pasaba por acercarse a la Administración, basta ver su currículum de los primeros años. El paso a su carrera empresarial se fragua mientras España se convertiría, a partir de los ochenta, en el país europeo con mayor inversión en obra pública, más próximo al modelo de China, el “Estado ingenieril” como lo llama el escritor Dan Wan en su reciente libro “A toda máquina”: en 2002 los nueve miembros del Politburó tenían formación en ingeniería, como el actual presidente Xi Jinping.

El parque sobredimensionado de autopistas o la ruinosa apuesta por la alta velocidad ferroviaria en España no tienen parangón en Europa. Las cifras del presupuesto invertido producen vértigo en un sector tan descontrolado. A algunas empresas, como la de Pérez, España se les ha quedado pequeña. Resulta clamoroso, por el contrario, que andemos a la cola en pasar mercancías al tren o en servicios públicos de transporte colectivo. He escrito sobradamente sobre estas anomalías. Todo ello sigue generando fuertes desequilibrios ambientales y sociales.

En su empresa futbolera, el Madrid de Florentino ha protagonizado episodios muy sonados en varias e importantes operaciones especulativas. No es la única ciudad, aunque no a esa escala, donde el fútbol retuerce el brazo al urbanismo, otro sector abonado a las malas prácticas, como bien sabemos. Pero esa es otra historia.

En 2014, el Colegio de Caminos lo nombró colegiado de honor, una distinción al alcance de muy pocos, todos hombres, entre los que figuran, además del Rey Juan Carlos (1972) y su hijo el entonces Príncipe Felipe (1991), varios empresarios de postín como José María Aguirre, José Entrecanales o Juan-Miguel Villar Mir. El último en subir al podio, este año, ha sido Rafael del Pino, presidente de Ferrovial. Algunos con episodios poco modélicos que saltaron a los medios de comunicación.

Muy discutible resulta la imagen que proyectan algunos de ellos en las jóvenes generaciones, hoy más abiertas, aunque nada boyantes en el mundo laboral, dicho sea de paso.  Jesús Posada, expresidente del Congreso y también colegiado distinguido, en el acto de nombramiento de Florentino dijo: “Pienso que el ejemplo de Florentino Pérez ha de servir de estímulo y aliento a las nuevas promociones de ingenieros de Caminos”. Un mensaje similar aparecía en el obituario oficial sobre Villar Mir en 2024.

Con todo ello, me quedo con la pincelada machista que lanzó en su ruidosa comparecencia de hace unos días. Porque recuerda la desafortunada intervención en 2008 del presidente de nuestro colegio profesional cuando analizaba el “supuesto fracaso escolar” de las mujeres que estudiaban Caminos. “Tienen algunos problemas con algunas asignaturas -decía en ABC - porque da la impresión de que tienen menos visión espacial que los chicos” (nada que ver con la Astronomía, aclaro yo) aunque después trataba de arreglarlo, fatal, “Por el contrario, son más constantes que ellos (…). Luego, cuando sube la carga de asignaturas, se descolocan”.

Unas declaraciones que suscitaron una fuerte reacción, como la mía, aunque restringida al ámbito de un boletín colegial. Un grupo de compañeras, en la misma tribuna, replicó con dureza: “Como podrás comprender, para las colegiadas no es aceptable que el presidente del Colegio haga comentarios superficiales sobre la situación de la mujer en la Ingeniería de Caminos. Personas que hacen comentarios jocosos sobre si vamos con faldas o con tacones a las obras siempre habrá” …

Nuestra profesión, con 225 años de historia y masculinizada como pocas, no fue hasta mediados de los setenta del siglo pasado cuando inscribió a las primeras mujeres colegiadas. Aunque alejado del ejercicio profesional, me llegan algunos destellos del trato especial que todavía reciben en obra o en reuniones algunas compañeras. Otros sectores profesionales seguro que también podrían aportar casos análogos.

Sin embargo, el Colegio Nacional de Ingenieros de Caminos (acorto el título) se resiste a pasar a una denominación inclusiva como ha ocurrido en otros colectivos profesionales, o aquí mismo, en la Escuela de Ingeniería de Caminos de la Universidad Politécnica de València. No es un detalle menor.

Hay quienes interpretan la crítica como desafección hacia la profesión, pero es justamente lo contrario: queremos que avance nuestro oficio, no solo en este importante asunto, para un mundo en cambio que exige respuestas innovadoras. Solo echo en falta más voces. Y más debate.