Gracias por no dejar de pelear
Maria Leusa es una líder indígena del pueblo Munduruku. Una mujer menuda que no teme a los garimpeiros que incendian su casa y la amenazan de muerte. Su voz se alza sobre el miedo, consciente de que el mercurio que la minería ilegal vierte sobre el río Tapajós está matando los peces y envenenando la sangre de su pueblo. La sangre que recorre las venas de este linaje guerrero que siempre ha convivido en armonía con la Amazonia brasileña y ahora está en peligro. El útero y la leche de las mujeres están enfermos y transmiten el mercurio a sus hijos e hijas.
“Si dejamos de pelear lo perderemos todo”, explica Maria Leusa mientras amamanta a su hijo en una entrevista colgada en YouTube. La frase es corta. No necesita más palabras para atravesar el Amazonas, sobrevolar océanos y volverse universal. Para convertirse en un eco que resuena allí donde la gente se une para defender sus derechos y frenar a quienes quieren convertir la vida en mercancía.
Salvando las distancias y los contextos, bien podría ser también el grito de resistencia del barrio de Orriols, donde las vecinas y vecinos son un ejemplo de lucha imaginativa. Con su última acción han dado la campanada al elaborar un libro que recoge los incumplimientos del Ayuntamiento con el barrio bajo el título Cuentos para Orriols. Con títulos tan originales como Orriols y los tres mil cerditos, La vecina y los lobos o El libro de la selva sin árboles denuncian el abandono y la falta de diálogo con el Gobierno de María José Catalá y Vox.
Pero el eco de Leusa también está en la voz de la comunidad educativa que recorre las calles en defensa de la escuela pública. Exigen devolver el valenciano a las aulas, ratios más bajas, recursos suficientes e infraestructuras dignas. Reclaman además la recuperación de los presupuestos recortados que dejaron en un cajón el Plan Edificant y numerosos proyectos de renovación de centros acordados con las familias.
Este es el caso del Max Aub, en València. En 2022 se aprobó un plan elaborado junto a padres, madres, alumnado y profesorado. En 2023 PP y Vox ganaron las elecciones. Desde entonces no se sabe nada. Cada dos por tres se desprenden cascotes de la fachada; el edificio continúa sin ascensor y no garantiza el acceso universal; la falta de confort climático obliga a soportar temperaturas insoportables; y los espacios exteriores necesitan más zonas verdes. Los niños y niñas comen hacinados en el comedor. No tienen gimnasio, mientras las aulas en general y las UECO en particular están desbordadas.
Esto es lo que sucede en centros de València, donde las familias no pueden esperar ningún apoyo de quien antes de ser alcaldesa fue la consellera de Educación que eliminó becas de comedor y aconsejó a las familias llevar la comida de sus hijos e hijas en fiambreras. Esta es María José Catalá. Y esta es la realidad que denuncian los profesores de toda la Comunitat Valenciana, que han decidido alzar su voz y tomar las calles. Porque la extraordinaria movilización que ha colapsado València busca proteger a nuestros hijos e hijas frente a una situación de abandono que se agrava en municipios afectados por la dana y todavía pendientes de reparaciones.
La excusa de la falta de recursos del Consell es un insulto. El gobierno valenciano asegura que las reivindicaciones docentes supondrían 2.400 millones de euros, pero ha rechazado 3.669 millones ofrecidos por el Gobierno de España para incrementar los recursos. El PP dice no por puro tacticismo partidista, de la misma manera que aplica regalos fiscales a las rentas más altas desde 2023. Con Mazón, Pérez Llorca y Vox, hemos perdido 1.500 millones de euros, a razón de 370 millones al año. Y por si faltaba algo, el Consell pone sobre la mesa una subida salarial de 75 euros para los profesores, mientras en la Diputación le han doblado el salario a la pareja de Pérez Llorca por la vía de “urgente necesidad”.
Siempre la misma cantinela. Cuando la derecha dice que va a quitar millones del presupuesto, lo que en realidad está diciendo es que va a recortar en Educación y Sanidad. Hoy salimos a la calle a gritar por lo que perdimos en las urnas, pero a un año de las elecciones no debemos olvidar que defender una educación pública de calidad es defender un sistema fiscal justo y progresivo. Es defender el futuro de nuestros hijos e hijas. Es defender la igualdad y el progreso. Por eso, como madre quiero dar las gracias al profesorado que nos ha abierto los ojos y sigue la huelga porque si dejamos de pelear lo perderemos todo.