Hermano, yo sí te compadezco
Calienta que sales, bro. En nada te van a pedir un like en una urna y has de estar convencido de que a los que votarás son los que te van a salvar de una buena. No vale a equivocarse como el CIS. Eres un trabajador precario, pero sabes que te representan los que no han dado un palo al agua; eres un colombiano que acampaste aquí hace años y que aplaudes a un líder estrambótico para tu país de origen que no te aceptaría de vuelta; eres una jubilada reventada de tanto curro acumulado en tus lumbares que has optado por esos señoros que lucen unos gemelos que no serían admitidos ni en la caja fuerte del Zapatero.
Hermano, te has convertido en el referente de dos incautos de tu barrio, un par de followers pirados. Propagas bulos antiguos, ya desmentidos, por tu móvil supersónico, para convertirte en el profeta de los políticos que jamás tienen vacaciones, porque aquí en este país, solo se da chapuzones el Pedro Sánchez en una piscina de Estado situada en una isla a la que acude con el Falcon. Feijóo no descansa; Franco hacía lo propio con el flexo del Pardo siempre encendido, presto a firmar penas de muerte urgentes.
El enorme calor estival ha prendido en tu cuerpo, y ese malestar sólo lo evacúa una Dana mayúscula de memes y ocurrencias ultras. Puedes votar a las derechas valencianas tranquilamente, porque ya han exonerado a 13.307 contribuyentes pudientes del impuesto del Patrimonio y han conseguido fabricar viviendas sociales lujosas más caras que las de venta libre. A ti, pelagatos insulso, con perdón, quizá te rebajen la cuota del gimnasio 20 euros o te descuenten un simbólico porcentaje del IBI de la casa que no tienes y que quizá jamás puedas comprar. Vótales con determinación y orgullo. Ellos han aterrizado en el ático de tu cabeza de lunático y te han hecho creer que los dueños del mundo son los buenos de la película. Asumes, sin atisbo alguno de duda, que los que abominan de la democracia son tus nuevos gurús.
Han colonizado tu escueta mente. Y ahora tienes una causa por la que luchar desde el anonimato de algunas redes sociales. Debes seguir la estela de un mentecato, subvencionado por algún patán con criptomonedas, hasta el más allá. Tu mente está colapsada y hay que achicar como sea tal cantidad de basura nociva. Pareces Drácula, porque muerdes a tus vecinos en el cogote para hacerlos zombis perpetuos de una secta que predica que el poder ha de ser para los que van a privatizar de nuevo las ITV valencianas que dejan buenos dividendos; para los que firman convenios lucrativos con grandes compañías sanitarias para monetizar, como se dice ahora, tu frágil salud; para los que vapulean con furia tu lengua materna y, también, para apuntalar a los que han conseguido encolerizar a todos los docentes públicos. Hazme caso, pide elecciones, anima para que lo de Ceuta se enquiste o se agrave; tatúate en el brazo un lema anodino de esos que se repiten en bucle en el TikTok; procura detestar a los ecologistas, aunque en otoño te caiga la del pulpo; celebra que ya se sabe que las ONG son unas mafias de aquí te espero; muestra tu hartazgo con preceptos feministas que solo hacen que confundir a tu vecina y alístate ya a los grupos neofascistas que ya campan a sus anchas por esta Europa nuestra a la que han conseguido que repudies, como se percibe en tus alocados sermones de sobremesa.
Te compadezco. Estoy resignado a que manden los tuyos, bro. Viviré de okupa en una sociedad sin valores bajo el control parental social. El Gran Hermano sabe cómo involucrarte en su causa: no te resistas. Trabaja desinteresadamente de pregonero para ellos -en plan primo útil- en el poco tiempo libre que te queda. Seguro que gente como tú, adicta al fentanilo mental, añorará muy pronto, dentro de unos pocos años, este presente que algunos os empeñáis en erradicar. Luego, quizá, sea difícil dar marcha atrás.