La historia susurrada al oído
Una de las características de los podcast es el éxito de lo que llamamos temática de nicho: es decir, algo que en principio puede interesar sólo a unos pocos, pero eso sí, muy fieles e interesados. Y dentro de esas temáticas destaca una, aparentemente sesuda y minoritaria, pero que cada vez cosecha más éxito: los podcasts de historia. En la última radiografía del sector sonoro realizada por Prodigioso Volcán, se confirma que la Historia interesa al 32,7% de la audiencia española, sólo por debajo de las Noticias, la Cultura y Sociedad, y la Música. Además, en los últimos tres años la atención ha subido más de cinco puntos porcentuales.
En los inicios de la radio y la televisión Sir John Reith – fundador de la BBC–, enunció las tres patas sobre las que tenían que apoyarse los medios públicos: Informar, Educar y Entretener. Conocer nuestra historia –o la de los otros incluso– creo que entra de lleno entre los objetivos de ese servicio público que perseguía el viejo Reith, que sirve para formar individuos capacitados para integrarse en la esfera pública, esa que Habermas describió como clave para la democracia deliberativa. Y afortunadamente, como hemos visto, esos contenidos gozan de una salud excelente.
En España la oferta es múltiple y variada, tanto que se hace difícil destacar aquí unos pocos podcasts. Ser Historia es todo un clásico con 900 programas a sus espaldas, así como La escóbula de la brújula, presentada por el gran podcaster Fran Izuzquiza. En el que también hablan de cultura y leyendas, pero para los que la historia es temática principal. Dentro de esa peculiaridad de podcasts de nicho, también existen los especializados: como por ejemplo Roma Aeterna de Iban Martín, donde las dramatizaciones, los efectos de sonido y el enfoque en la vida cotidiana son los protagonistas junto a las historias de la civilización latina. A mí me gusta especialmente Acontece que no es poco, de Nieves Concostrina. Incrustado en La ventana, como mucho de lo bueno en audio en nuestro país, o en solitario. En sus programas Nieves combina el rigor con el desenfado y la broma con la interpretación seria, aunque sin demasiadas concesiones a las dramatizaciones ni efectos. Sólo una voz con personalidad y muy reconocible, y una buena narración que no descuida el último mandato de Reith, creo que el más importante, que es el de entretener. Además, Concostrina ha tratado a menudo temas de memoria democrática, lo que creo que sigue siendo una asignatura pendiente en nuestro país, esa que la extrema derecha sigue empeñada en que no aprobemos.
La narrativa de algo tan clásico y académico como la historia no está reñida con la innovación: a mí me gusta especialmente Vida corriente en la Edad Media, de Onda Cero Podcast. Los nombres de los capítulos son ilustrativos: Comer, Aprender, Beber y drogarse, o Follar. Dramatizaciones, efectos, descripciones rigurosas pero desenfadadas, y un personaje con acento valenciano, Francesc Eiximenis, que creo que es todo un acierto. Atrevimiento y rigor. Y además, en la dirección interviene Conchi Cejudo, a la que conozco desde la época de Vidas Enterradas: toda una garantía.
Siempre está bien mirar –mejor oír– a los clásicos: y sin duda, la BBC nos lleva mucha ventaja en esto. La oferta en BBC Sounds –fueron los primeros en cambiar el nombre a su división de audio por internet– es múltiple y variada. Son programas divertidos, que nos enseñan y que además, nos sirven para aprender inglés. Mis preferidos son: A history of the world in 100 objects: dirigido y presentado por Neil MacGregor, director del British Museum, nada menos. La originalidad está en su base transmedia: a partir del programa, se hicieron exposiciones en el museo, libros y contenido accesible por web. El proyecto me pareció tan interesante, que sirvió de inspiración de la exposición #El Mur. Una història de la nostra memòria democrática de la que fui comisario junto a Eduardo Torres en la Fundación Chirivella Soriano de Valencia. Historia y cachondeo: a los británicos les gusta reírse de sí mismos, y lo demuestran en cuanto tienen ocasión. La prueba está en You’re Dead to Me “El podcast de comedia que toma la historia seriamente”. En él hablan por ejemplo del padre de la literatura medieval Chaucer, y los invitados a la tertulia son siempre un sesudo profesor de universidad especialista en la materia, y un actor/comediante. De la interacción entre dos puntos de vista tan dispares, surge la chispa del entretenimiento: son unos podcasts muy divertidos.
Y mi última recomendación en inglés, ahora más allá de la BBC y que acabo de descubrir: Boring history to sleep. El nombre no promete demasiado, pero óiganlos. Sus capítulos tratan cómo era la vida realmente después de la Peste, las rutinas victorianas, o la vida en el Medievo. Entre sus objetivos declarados está la relajación y el descanso: vamos, que te duermas mientras los escuchas. Por eso, su realización es plana y aburrida, aunque los contenidos eso sí, son cercanos y fascinantes. Además, las locuciones son contenidas y monótonas, sin entrevistas ni nada que nos distraiga, lo que favorece la inmersión en la historia, pero también la comprensión para los no nativos. La experiencia puede completarse en las plataformas de vídeo, ya que proponen un acompañamiento simple –basado en dibujos e IA– pero efectivo y sin duda económico. La sencillez y la repetición siempre me han fascinado: son la base de grandes obras como las bandas sonoras de Michael Nyman. Estos programas son minimalistas en extremo, pero seguramente ése es el secreto de su éxito.