A quien lea

El País Valenciano es irrelevante

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“El que encara no som se'ns anticipa

Secret per les artèries i ens imanta les venes.

Sembrat en la cruïlla entre el ja i el més tard,

De nosaltres espera balbucejos, preguntes.

Creixent al fons de tot i en veritat oculta,

No sabem la paraula que un dia ens ha de dir“.

Antoni Ferrer. l'Alcúdia de Crespins. ‘Variacions Goldberg’-2015

Los valencianos pintamos poco. Faltos de líderes políticos que atraigan la atención por su carisma y representatividad. En el fragor de la lucha por el poder que se agudiza en el contexto español los valencianos no pasan de ser un detalle intrascendente. Los detalles carecen de sentido si no forman parte del conjunto. Los valencianos soportan una vida dura. Dispersos en la dualidad. Ni el tren, hoy tan de moda, les define. Con trazados de vías obsoletas viajan de norte a sur sin pasillo ferroviario que les una para integrarse en el Arco Mediterráneo donde encuentran su sentido. Europa les da proyección económica y cultural. En mercancías y personas. Hacia allí van sus mejores mentes y emigra la mano de obra cualificada. Les falla la base socioeconómica. Dualidad campo- ciudad, raíces en un mundo rural que claudica frente a la consistencia del desarrollo industrial. Dualidad interior- litoral, de dentro a fuera, de los emplazamientos tierras adentro a la eclosión turística desordenada que esquilma el territorio sin plan ni previsión. El progreso se fía a la falsa infinitud del espacio y a la eventualidad de los caprichos en la preferencia de los destinos de sol y playa que ejercen los visitantes potenciales. Acusan la pérdida de entidades financieras con base autóctona para despejar su futuro y la suficiente autonomía bancaria comprometida con la realidad social y empresarial.

Preautonomia del País Valencià

Una constatación: la irrelevancia del País Valenciano sobrevuela sus expectativas.Sobre el País Valenciano pesa mucha indiferencia plagada de ignorancia. Hay quien afirma que no existe para no dar pie a los odiados y temidos Paisos Catalans. Todavía proliferan los que dan carta de existencia: periodistas y periódicos, políticos de cortos vuelos, petimetres de la cultura servil, desconocedores de la historia que se fabrican y variada gente que ejerce manifiesta mala fe. Los que forman y abrevan en el pesebre autonómico desconocen y abominan que vienen del Consell Preautonòmic del País Valenciá (1978-1982) en el que muchos contribuyeron con altruismo y generosidad. Presidido por Josep Lluís Albiñana (PSOE) en sus inicios contó con el soporte de todas las fuerzas políticas valencianas, incluida Alianza Popular de don Manuel Fraga Iribarne, el ‘dueño de las calles ‘ y más cosas. La corrupcion valenciana escaló con el Caso Naseiro. Tuvo presencia activa de condimento y cocción el después asesinado Manuel Broseta Pont –natural de Banyeres de Mariola e hijo de represaliado– entonces componedor y aglutinante de las fuerzas políticas sobresalientes, de izquierda a derecha. En la sombra actuó con su discreción y eficiencia habituales don Joaquín Maldonado Almenar.

Uniformismo esterilizador

Soplan vientos de cambio y acción. Cambio en el panorama interior y exterior. Transición de las consecuencias de las guerras mundiales del siglo XX y la guerra incivil española de la que derivó la hambruna de la posguerra autárquica y la involución de 40 años de dictadura. El País Valenciano quedó descabezado en todos los resortes políticos, económicos y sociales, de cuya debilidad deriva la desorientación y la nimiedad de los entes político-económicos que ejercen ahora en el País Valenciano. Al socaire de la guerra civil 1936-39, se implementó la ruptura entre el entramado influyente y representativo frente al aniquilamiento de todo vestigio de lo que fue la urdimbre plural de la sociedad valenciana. Que quedó inerme como vencida en toda su peculiaridad identitaria y a merced de los vencedores. La primavera prometedora del País Valenciano coincidió con la etapa preautonómica, pronto sepultada por el ansia uniformista de UCD y PSOE, secundada por el resto de fuerzas políticas oficiantes, que pronto claudicaron en la denominación y en el “comunitarismo” y en las señas de identidad (Senyera, himno, lengua, provincialidad, derecho civil valenciano). En el marco de ignominioso cajón de sastre del artículo 143 de la Constitución donde se mezclaron las autonomías ‘de albarda’ que no merecieron ser reconocidas en la condición de las llamadas ‘históricas’.

Prueba de fuego

Los valencianos afrontan el desafío cultural, económico-empresarial y social desde la indefinición. La avalancha de barrancadas e inundaciones del 29 de octubre de 2024 y sus consecuencias, abrió una larga secuencia de contrariedades y desatinos que cerró en falso con la tardía dimisión, condicionada y vergonzosa, de Carlos Mazón. Amparado por la cúpula regional y nacional del Partido Popular. Inmersos en los interrogantes y sorpresas que suscita el largo proceso judicial para dirimir responsabilidades, los valencianos se ven abocados a la reconstrucción de viviendas, poblaciones y unidades de producción, para recuperar el pulso en más de 50 municipios con 700.000 afectados. Pasados los gestos de solidaridad ciudadana queda el sacrificio y el esfuerzo de los afectados. La sucesión contemporizadora, aunque en falso, de Pérez Llorca desde el continuismo. no ha aportado el liderazgo suficiente para el cambio de paso en un país traumatizado y ajeno a las desavenencias provinciales–Alicante versus València– en el tráfico de intereses que pugnan en el seno del PP valenciano. Sin el empuje necesario, ahora más que nunca, de la Generalitat Valenciana, –distraída en traer cuadros de Sorolla, - como administración involucrada hasta la médula por su misión y proximidad. Con el olvido de la Administración central detentada por el Gobierno español, absorto y ausente entre corruptelas, crisis ferroviarias y negociaciones de supervivencia en el poder. Sin la más mínima atención eficaz por parte de la oposición, a derecha e izquierda, que no reacciona más que por su infinita sed de poder y cuatro eslóganes manidos y trasnochados que aburren al personal.

Sin perfil político

A los electores les gustaría saber cuál es la misión y los objetivos alcanzados por los europarlamentarios europeos que salieron de las listas implicadas en el País Valenciano, teóricamente para representar y defender los intereses del territorio y sus habitantes: Esteban González Pons(València,1964), veterano del PP y cuatro legislaturas en el Europarlamento. Leire Pajín ( San Sebastián, 1976 y conocida en Alicante) y Sandra Gómez (València,1985, entre los fieles de Ximo Puig), ambas en la lista del PSOE. Vicent Marzá (Castelló de la Plana, 1963. A la caza de un cargo remunerado y de postín) por Més Compromís-Sumar y Diego Soler, vecino de Madrid por el partido ultra ‘Se acabó la fiesta’ del procesado Alvise Pérez(alias) por varios delitos. Este es el palmarés europeo por la cuota valenciana y nadie sabe qué hacen ni a qué dedican su tiempo en Madrid, València ni en Castelló de la Plana ni en sus idas y venidas de Bruselas y Estrasburgo. Únicamente hay tres zonas hispanas que tienen perfil político y personalidad propios: Madrid, Distrito Federal y capital de España; Catalunya,presidida por el liderazgo metropolitano de Barcelona y Euskadi, repartida foralmente entre Bilbao, Álava y Donostia. El País Valenciano tuvo un esbozo de Estatut d’Autonomia en julio de 1936.Como desarrollo de la Constitución de la República, redactado en Castelló de la Plana, quedó arrumbado por el golpe de Estado y posterior guerra civil que enfrentó a hermanos, amigos y vecinos.

Desconfianza

Conviene preguntarse por qué proliferan tantos estudios y publicaciones en torno a la desesperanza, al desencanto, al desaliento y la depresión. En tiempos del mayor bienestar en el período más largo de paz en Europa desde mediados del siglo XX, resulta difícil mirar al horizonte de las nuevas generaciones con seguridad y optimismo. Cuando íbamos firmes hacia el nivel más notable de organización y cooperación los conflictos de Ucrania y Gaza han desestabilizado la escena internacional con ruptura de pactos y alianzas del orden mundial. Lo describe Victoria Camps en su último ensayo, ‘La sociedad de la desconfianza’. Necesitamos compañía, alianzas personales y colectivas, el rostro de otros. ¿Cómo podremos pedir comprensión, credibilidad, sosiego y confianza a los supervivientes ucranianos y gazatíes?. ¿Cómo pueden tener consuelo las víctimas de la Dana de 2024 y los allegados a los 230 fallecidos, abandonados a su suerte entre ramas y escombros? “El rostro que mueve con fuerza el sufrimiento es el rostro de cualquier ser humano en riesgo de perder la dignidad que teóricamente merece. Uno de los deberes a asumir en un mundo que no deja de advertir con las sucesivas crisis que somos frágiles y dependientes, que la necesidad de compañía y afecto es mutua”.

Despegue

Los valencianos necesitan sentir cerca la proximidad y el respaldo en las situaciones difíciles a los vecinos de Castilla- La Mancha, Murcia, Aragón y Catalunya. A los de más allá que pregonan la unidad de España desde la humillación del centro hacia la periferia, encabezada por la conurbación madrileña con casi ocho millones de humanos más cerca de la capitalidad del Estado que de la autonomía. ¿Se la creen de verdad o es una pantalla para enmascarar la ambición de liderazgo territorial donde todo converge en el mismo sentido, hacia la Puerta del Sol? ¿Cuál es el relato autonómico de los madrileños? ¿Frente a la centralidad del Estado o en defensa de los privilegios capitalinos? ¿Son los valencianos necesarios para la gobernabilidad del Estado? Es tiempo para que los valencianos hagan valer la fuerza de sus capacidades conjuntas y la de quien aporta sin exigir sólo réditos. Fueron relevantes y trascendentes. La recuperación de cotas perdidas no se logrará con políticos y dirigentes económico-empresariales dóciles y sumisos. Deslumbrados por el poder absorbente de quienes los utilizan como marionetas ajenas a sus propios intereses. Sin voluntad de ser ni reacción perceptible para revertir la irrelevancia valenciana.