Tiresias y la peste de Tebas

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Cuenta Sófocles que fue Tiresias, profeta ciego i personaje central en la tragedia de Edipo, quien le hizo ver y tomar conciencia de su terrible destino durante la peste de Tebas. La ciudad vivía una situación desgraciada y turbulenta. Según los adivinos, las desgracias de Tebas procedían de una antigua maldición al rey Layo, por haber violado al hijo menor del rey de Elis cuando era su huésped. El oráculo de Delfos presagió a Layo la muerte a manos de su propio hijo. Tratando de eludir la maldición, al nacer Edipo, el rey ordenó a la reina Yocasta que lo matase, pero ella, incapaz de asesinar a su propio hijo, lo entregó a un sirviente, quien lo abandonó en el monte, donde fue rescatado por el pastor Polibo. Ya adulto Edipo sospechó que no era hijo de aquellos pastores y al preguntar al Oráculo de Delfos, solo obtuvo una respuesta “tu destino es aparearte con tu propia madre, y derramar con tus manos la sangre de tu padre.” Desesperado por evitar el terrible destino se alejó de sus padres pastores, y abandonó Corinto rumbo a Tebas. Pero en el cruce con el camino a Delfos, Edipo tuvo un percance con un anciano y sus sirvientes por la prioridad de paso. Cuando el anciano se abalanzó sobre el joven insolente, Edipo arrojó al hombre de su carruaje y lo mató. Se cumplió así la profecía, ya que el anciano era Layo, rey de Tebas, verdadero padre de Edipo.

Al llegar a Tebas, la ciudad estaba atormentada por la maldición de la Esfinge, bestia legendaria con cabeza y pecho de mujer, cuerpo de leona y alas de águila, encaramada en una colina, donde devoraba a los tebanos y a los viajeros que no sabían responder a su pregunta: “¿qué criatura camina sobre cuatro patas por la mañana, sobre dos al mediodía y tres por la noche?” Edipo, inteligente y rápido, respondió: “el hombre”, que gatea a cuatro patas cuando es niño, camina erguido en la madurez, y se apoya en un bastón en la vejez. Vencida por Edipo, la Esfinge se lanzó desde el acantilado, y se rompió la maldición. La recompensa a Edipo por liberar a Tebas de la Esfinge fue ocupar el trono de la ciudad y desposarse con Yocasta, la reina viuda, su madre.

Pero una terrible epidemia devastó la ciudad de Tebas entre 430 y 420 a.C. Para saber el origen del mal, Edipo consultó el oráculo y supo que la terrible plaga era consecuencia de un delito moral no resuelto que lastraba la atmósfera de la ciudad, porque el asesino del rey Layo no había sido capturado y condenado. Edipo juró castigar al asesino y lo maldijo por ser la causa de la epidemia. Para averiguar su identidad llamó a Tiresias, el profeta ciego, quien rehusó hablar aun conociendo la respuesta y pidió a Edipo que desistiese en su búsqueda. Furioso Edipo por la actitud de Tiresias lo acusó de complicidad con el asesino y éste, indignado le espetó: “Tú mismo eres el criminal que buscas”. Profundamente perturbado, Edipo no comprendió la respuesta y se burló de la ceguera de Tiresias, quien le respondió que el ciego era él mientras se marchaba murmurando sombríamente que el asesino era un tebano, hermano y padre de sus propios hijos, e hijo y esposo de su propia madre.

Para tranquilizar el desconcierto de Edipo, la reina quiso persuadirle de que no confiase en los profetas. En prueba de su desatino le contó la profecía del oráculo, que tanto había atormentado a Layo: iba a ser asesinado por su propio hijo. Sin embargo, murió asesinado por unos bandidos en un cruce de caminos hacia Delfos. Edipo entonces comprendió, pidió a la reina detalles de esa muerte, y comprendió que las acusaciones de Tiresias eran ciertas. El lúcido e inteligente Edipo era ciego e ignorante, mientras que la visión y el conocimiento pertenecían al profeta ciego. 

La tragedia de Edipo es rica en contenido simbólico y no solo por la construcción que Freud hace en La interpretación de los sueños; también lo es por la alegoría entre ceguera y conocimiento, y por la gran potencia literaria del sabio profeta ciego, Tiresias. Porque solo después de arrancarse los ojos y quedar ciego de los sentidos, Edipo, consciente de su ignorancia, fue capaz de ver y comprender.