ENTREVISTA FISCAL DELEGADA DE DELITOS DE ODIO EN VALÈNCIA
Susana Gisbert, fiscal: “Lo de Rajoy tiene difícil encaje en el delito de odio, aunque sea un acto de racismo reprochable”
Susana Gisbert es fiscal delegada de delitos de odio y memoria democrática en València, con una larga trayectoria también en materia de violencia de género. Escritora y articulista habitual en varios medios de comunicación, Gisbert (València, 1966) publica Contra el odio (Vincle, 2026), una suerte de guía enfocada a un público amplio sobre una materia de la que se ha convertido en una referencia.
En esta entrevista con elDiario.es, celebrada pocas horas antes del partido de la semifinal del Mundial de fútbol entre las selecciones francesa y española, la fiscal duda de que las polémicas declaraciones del expresidente Mariano Rajoy constituyan un delito de odio y celebra que los clubs de fútbol cada vez colaboren más con la justicia cuando se producen incidentes racistas.
La fiscal Susana Gisbert también destaca la reciente sentencia del Tribunal Supremo que fija el criterio sobre la existencia de delito de odio por insultos racistas y por razón de ser inmigrantes, dictada por una causa instruida en València. “En los delitos de odio, nuestro mayor escollo es la infradenuncia”, alerta Gisbert.
¿Qué balance hace de su etapa como fiscal delegada de delitos de odio?
Me gusta mucho la materia, es muy enriquecedora y tienes posibilidad de hacer cosas que no se habían hecho por la novedad. Pero luego, la verdad es que también lo he vivido con cierta sorpresa, porque aunque piensas que estas cosas pasan, no te puedes imaginar que pasen tanto, y cosas tan gordas y tan inverosímiles, como que una persona por la calle ataque a otra por el hecho de verla besarse con alguien del mismo sexo. La verdad es que es una materia muy enriquecedora, porque recibes mucho feedback de las víctimas. Las víctimas están enseguida muy agradecidas, también tienes la otra parte, que recibes mucho hater del otro lado, pero bueno, en esa parte muy contenta.
Poco a poco parece que se va consolidando.
También tienes ese prurito de ir creando cosas que no se han hecho nunca, como lo de [la condena por los insultos racistas al futbolista] Vinicius, ahora ya hay más condenas en el tema de la violencia racista y homófoba en el fútbol y en los estadios, pero hasta entonces no había ninguna condena. Lo de [las agresiones ultras en] la manifestación del 9 d'Octubre también fue mucho trabajo, y tampoco había previamente una condena por una discriminación por ideología en una manifestación pública. Poco a poco vamos haciendo cosas: la última sentencia que ha creado mucha jurisprudencia y doctrina es del magistrado Vicente Magro en materia de delitos de odio, también viene de una causa que llevamos aquí.
Siendo fiscal delegada de delitos de odio, también ha sufrido muchos discurso de odio en su contra en redes sociales. ¿Cómo ha vivido esta experiencia?
La parte mala es que, además de un feedback, recibes una parte considerable de haters. Si eres visible en redes sociales, yo lo soy (es una decisión personal y no voy a cambiar por eso), de vez en cuando te llevas un disgusto, como lo que ha pasado con [las amenazas del eurodiputado ultra] Alvise o con otro tipo. Pero bueno, creo que ojalá no hubiera que pagarlo, pero es parte de lo que toca. Si la gente te conoce y se dirige a ti porque has hecho determinada cosa, pues era porque esa cosa pica.
La parte mala es que, además de un 'feedback' de las víctimas, recibes una parte considerable de haters
¿Cuál es el abanico de víctimas de los delitos de odio?
Hay que decir que ganan por goleada la xenofobia en todas sus vertientes (homofobia, anti-gitanismo, racismo y demás) y, por otro lado, la homofobia y la LGTBI-fobia. Pero sí que es verdad que en cuanto a las víctimas hay dos grupos importantes. Hay un grupo de víctimas que están más o menos empoderadas y acuden a los servicios públicos, manifiestan, denuncian (o si no denuncian son conscientes de las cosas).
Eso pasa en una parte importante de las víctimas de homofobia, hay una parte del colectivo LGTBI que está empoderado (y otra parte que no). Y pasa también con las víctimas de otro tipo de delitos, como pasa con la ideología. Y hay otro grupo de víctimas, la población migrante, sobre todo la que está en una situación de precariedad económica, que no tiene papeles (con la aporofobia y la discapacidad), que son personas muy vulnerables y que ni siquiera son conscientes o ni siquiera se atreven a denunciar.
Pero bueno, una vez vienen, sí que es muy importante la labor de las ONG que les acompañan. En muchos casos, si no hubiera ONG o entidades del tercer sector acompañándoles no denunciarían.
Para luchar contra la infradenuncia lo primero que tienes que dar es confianza a las víctimas
¿Qué papel juega la empatía?
Aquí hay que tener empatía. Aunque la víctima, si está afuera en el juicio y no he ido yo a ese juicio o ha venido por otra vía, yo siempre trato de hablar con ella y de establecer una relación personal y de darle una confianza. Porque en los delitos de odio, nuestro mayor escollo es la infradenuncia. Y para luchar contra esto lo primero que tienes que dar es confianza a las víctimas, que sepan los derechos que tienen y que tengan un referente. Por ejemplo, el colectivo LGTBI durante el franquismo, no es que no podían defender sus derechos, es que eran penados por ello.
Hay que cambiar esta concepción, que viene de mucho tiempo: de una desconfianza total al sistema a una confianza. Con las personas migrantes también pasa, muchas veces tienen más miedo de que emerja su situación de irregularidad que de defender sus derechos.
Poco a poco, se ha ido creando un cuerpo de doctrina que cada vez es más permeable a los delitos de odio
¿Cómo ha ido asentándose la jurisprudencia en materia de delitos de odio?
La verdad es que cada día, afortunadamente, se consolida más. Yo, al principio, decía muchas veces que esta Fiscalía parecía la Fiscalía de pegarse contra un muro. Era todo a base de recursos porque todo nos lo archivaban o todo lo declaraban delitos leves. Poco a poco, se ha ido creando un cuerpo de doctrina que cada vez es más permeable a los delitos de odio. Y ya no se queda en el simple insulto o en la amenaza. La sentencia de Magro es muy conocida, pero hay varias ya en este sentido de que los insultos son constitutivos, o pueden ser constitutivos si se dan determinadas circunstancias, de delitos de odio.
¿Qué se ha consolidado?
Se ha creado una importante doctrina con los delitos de odio en los que hay alguna parte de acción (un hecho concreto, unas lesiones o unas amenazas). En el discurso de odio aún nos queda camino. El choque con la libertad de expresión todavía tiene que recorrer mucha vía, porque todavía hay mucha absolución. El tipo está redactado de una manera que habla de incitar (si esto es incitación o no es, si la motivación no es y el límite con la libertad de expresión...). Todavía queda trabajo por hacer.
Además en un contexto de auge global de la extrema derecha.
Es evidente que se dan muchos factores. Por un lado, un auge de la extrema derecha en todo el mundo. Las personas que pensaban esto no es que hayan aparecido como un champiñón, había gente que no se sentía legitimada y, al ver que hay personas ejerciendo el poder que piensan estas cosas, se sienten legitimadas para determinados discursos. Y luego la herramienta de las redes sociales es un caldo de cultivo óptimo para que el que tenga estos pensamientos los vierta. Porque, además, aunque se manifiestan en redes sociales con su nombre —también es un problema el anonimato— pero incluso cuando lo hacen con su nombre (lo hacen políticos y demás), el hecho de enfrentarse a una pantalla y no a una persona, como que envalentona al autor y dice cosas que a lo mejor cara a cara no diría.
De hecho, ese límite con la libertad de expresión ha propiciado absoluciones como la del expolicía Ricardo Ferris, que expuso sus tesis racistas en un acto público de Vox.
Está pendiente del recurso de casación de la Fiscalía. El discurso de odio es más complicado. Sí que obtuvimos una sentencia favorable en el caso del encargado de redes de España 2000 (por relacionar la viruela del mono con la homosexualidad), que también está pendiente del recurso interpuesto por él.
¿Las tesis de Mariano Rajoy sobre la selección francesa de fútbol podrían ser constitutivas de un delito de odio?
Vamos a ver, estas cosas hay que pensarlas mucho. Es lo que siempre decimos: ni todo el odio es delito de odio ni ni siquiera para cometer un delito de odio hay que odiar. Cuando dicen 'es que no es una persona racista', no, no se le juzga a nadie por ser racista, se le juzga por haber hecho una manifestación racista. Lo que pasa es que, claro, estamos hablando de un discurso que no está esparciendo ninguna noticia ni ningún hecho que haga que la gente odie a la selección francesa o a los integrantes de la selección francesa. Creo que habría que pensarlo mucho, pero tiene un difícil encaje en el delito de odio; que no quiere decir que no sea un acto discriminatorio de racismo y reprochable, por lo menos a nivel moral desde luego, y tal vez a nivel político.
¿Cree que ha mejorado el panorama del racismo en los estadios de fútbol?
Igual es que soy muy optimista, pero a raíz de esa sentencia los clubes se han cuidado mucho más. Han visto que la Ley del Deporte es dura con ellos, con cosas que antes parece que se miraba hacia otro lado les cierran el estadio, aunque los hechos no sean constitutivos de delito de odio o no se encuentre a los autores. Y, por la cuenta que les trae, tanto los clubes, como las entidades deportivas, como por otro lado los propios aficionados yo creo que se cortan más. Y, por otro lado, creo que también se es mucho más colaborador con la justicia cuando ven que ocurre algo así. De hecho, hay una causa abierta que es por la actividad de un periodista que, como aficionado, fue el que interpuso la denuncia [contra los gritos racistas de un aficionado en el estadio de Mestalla].
La Ley del Deporte es dura con los clubs, con cosas que antes parece que se miraba hacia otro lado les cierran el estadio
¿Qué problemas plantean las redes sociales en relación con los delitos de odio?
Con las redes sociales los problemas que tenemos son varios. Primero, el anonimato. Porque hay gente que pone sus posts con su propio nombre, pero realmente ni X, ni ninguna red social, no te pide más que un correo electrónico (y el correo electrónico Gmail, por ejemplo, no te pide tampoco una identificación). Sobre todo tenemos un problema procesal, que es el de la competencia: quién es competente, cómo nos vamos a dirigir a Facebook o a X, cómo nos van a responder (que normalmente no responden o son muy remisos a responder). Es muy difícil obtener la información y claro, ahí tenemos unas dificultades tremendas, y además la justicia tiene sus tiempos, porque nuestra justicia es garantista —afortunadamente— pero la instantaneidad de las redes sociales es mucho más rápida que si obtenemos un mandamiento de entrada y registro o de cierre de una cuenta.
Muchas sentencias de delitos de odio incluyen un curso sobre igualdad. ¿Por qué se incluye este tipo de cursos?
Es muy importante y el problema que tenemos aquí en València es que encontramos muchos problemas para ver dónde y quién realiza este curso. En el caso de la violencia de género, que sería un caso parejo al ser obligatorio para dar la suspensión de la pena, ya hay unos lugares concretos a donde ir, pero en el caso de los delitos de odio (que está previsto, pero no es obligatorio) es una condición que se puede poner. Nosotros la ponemos, además por acuerdo de las jornadas de fiscales delegados en las que así se estableció. Lo pedimos, pero muchas veces nos encontramos con verdaderos problemas a la hora de ejecutarlo y esto tendría que implementarse, porque el único sitio donde hay uno que está claramente definido es en la prisión. Y si no entran en prisión, es difícil que hagan el curso. Y si hacen el curso para evitar la prisión, es difícil que vayan a la prisión
¿Cómo se ha resuelto en la práctica?
Aquí en Valencia no está acabando de funcionar, estamos encontrando problemas en cada caso y, a veces, hay que buscar o improvisar una solución de que vaya a tal sitio o de que vaya a tal otro. Pero habría que implementar un recurso concreto que fuera automático
¿De dónde nació la idea de publicar el ensayo Contra el odio?
Me lo propuso Manolo Gil, que es mi editor en muchos de los libros que he escrito desde hace tiempo. Además, para la editorial era un cambio por completo de registro. Primero por el idioma (Vincle siempre había publicado en valenciano) y luego por el tema del ensayo (no tenían una colección) y por el formato.
Esta realidad muchas veces si no la ves, no la crees
Se pensó en un formato que fuera asequible, que no fuera un ensayo para profesionales, sino que estuviera destinado a cualquier persona, que la pueden leer los juristas (y seguro que les viene bien), pero sobre todo está pensada para personas no juristas, para que cualquiera entienda estas ideas que parecen esenciales, pero no siempre se saben: que no cualquier persona que odie está cometiendo un delito de odio o que no se juzga el racismo, sino que se juzga el acto racista. Para que se conozcan también esta realidad, que muchas veces si no la ves, no la crees.