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¿Qué precauciones tomar a la hora de beber de una lata?

¿Es suficiente pasar una servilleta a la lata antes de beber directamente de este envase?

Esta acción, que parece ser suficiente a priori y nos da cierta tranquilidad, genera dudas sobre su eficacia: ¿se eliminan todas las bacterias que pueda haber en la superficie? 

Foto:Pexels

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En 1935 aparecía la primera lata de cerveza comercial, de la mano de Krueger, una pequeña cervecería de la ciudad norte-americana de Newark, según la Asociación de Latas de Bebidas, que integra fabricantes de latas de bebidas de España y Portugal. Desde entonces, la evolución que ha protagonizado este envase ha sido importante, como la implantación de la tapa de fácil apertura en 1960, la apertura en 1980 de la primera fábrica de latas de bebidas en España o la introducción, también durante el mismo año, de la anilla stay-on, que evita que la lengüeta se separe de la tapa.

La evolución tampoco ha olvidado el aspecto más estético de la lata, como las latas con forma o con relieve. Además, ha dejado de ser el formato único para bebidas como refrescos para pasar a formar parte de otras bebidas como vino y bebidas alcohólicas aromatizadas, e incluso productos lácteos.

¿De qué están hechas las latas?

La mayoría de las latas están hechas de aluminio y acero laminado resistente a la oxidación. Este tipo de envase, en particular para las bebidas, es una de las principales opciones de almacenamiento por varios motivos: protege la bebida de la luz, le confiere estanqueidad,se enfría rápidamente y es resistente y ligero.

El aluminio es un metal de color blanco plateado, un buen conductor de la electricidad y del calor, que actúa como barrera protectora en la pérdida de aromas de los alimentos, ya que los protege de la contaminación y la humedad. Otra particularidad especial de este material es que permite alargar la vida útil de la bebida sin necesidad de refrigeración.

Beber directamente de la lata

Las latas son, por tanto, cómodas, resistentes y se puede beber directamente de ellas. Y ahí es donde podríamos encontrar uno de los problemas de este envase. Instintivamente, antes de acercarnos la lata a los labios, solemos pasar un pañuelo o una servilleta para limpiar la zona que entra en contacto con la boca. En ocasiones, y a causa de un almacenamiento poco higiénico, puede acumularse suciedad en los bordes, justo en el lugar donde pondremos los labios. Limpiarlas, por tanto, no está de menos.

Pero debe tenerse en cuenta que, si bien la higiene de muchas de ellas es mejorable, no existe riesgo por la contaminación fecal por mamíferos, insectos o aves. Las latas suelen servirse en paquetes protegidos por un plástico retráctil cuya función es alejar el producto de la suciedad. En condiciones adecuadas de almacenamiento, se asegura que las latas no se exponen a agentes nocivos como polvo u otro material.

Debe tenerse en cuenta que para suponer un riesgo para la salud, la carga microbiológica de las latas tendría que ser muy alta. Algunos fabricantes ya protegen estos envases de forma individual con una tapa de plástico, una práctica que da más garantías de seguridad. También existen algunos accesorios en forma de boquilla que se añaden a la lata y nos permiten beber sin llegar a entrar en contacto con la lata. 

Cómo usar la lata para que esta sea más segura

Cuando vayamos a beber directamente de una lata de bebida deberemos prestar atención a aspectos como:

  • Lavar bien antes de abrirla. Pasar una servilleta no elimina los posibles microorganismos patógenos, aunque sí el polvo o algún resto orgánico (la servilleta o el pañuelo limpia, pero no desinfecta).

  • Usar una pajita. Si no nos fiamos de la higiene de la lata, deberemos estar especialmente atentos a beber directamente de ella y la mejor estrategia es usar una pajita de sorber para evitar el contacto directo con los labios.

  • Mirar que no esté hinchada. Si la lata está hinchada puede indicar que hay contaminación bacteriana por una esterilización incorrecta o por la presencia de poros. En estos casos, las bacterias crecen y generan gas que infla la lata. Por tanto, es mejor no beber de ella.

  • La lata no debe estar oxidada ni tener golpes. En el caso de apreciar algún golpe en la superficie, esto podría ser una señal de contaminación química provocada por el óxido de la lata que entra en contacto con el líquido cuando se desprende el esmalte del interior.

La higiene, mejorable

Hace unos años, algunas ciudades como Barcelona advirtieron del riesgo que supone comprar latas de bebidas procedentes de vendedores ambulantes de calle porque no cumplen con las condiciones higiénicas necesarias. Las autoridades sanitarias advertían que estas latas se almacenan y manipulan en lugares no aptos para hacerlo, llenos de insectos y de suciedad, sin tener en cuenta ninguna medida de higiene.

También desde hace unos años circula por internet el bulo que relaciona el consumo de bebidas de lata con las ratas y la muerte de personas provocada por leptospirosis, una enfermedad provocada por la orina de las ratas y que afecta sobre todo a las personas que trabajan en contacto con animales en las granjas. Según esta falsa información, las latas de refrescos se guardan en almacenes infestados de roedores y después se distribuyen y comercializan.

Pero esta noticia es una leyenda urbana. Un elemento que nos indica que se trata de un bulo es que habla de leptospirosis como si fuera un virus cuando en realidad es una bacteria. Además, la información dice que las personas afectadas han muerto tres días después de entrar en contacto con la bacteria, cuando el periodo de incubación es de entre 7 y 12 días. Debe tenerse en cuenta también que un 90% de los casos la enfermedad suele ser leve. 

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