El postre del abuelo o la receta tradicional burgalesa que te sorprenderá por su sencillez

El queso fresco de Burgos, reconocido como uno de los productos más emblemáticos de Castilla y León, ha mantenido su relevancia a lo largo de los años gracias a su textura ligera y sabor suave. Lejos de perder popularidad, este lácteo ha incrementado su presencia en la cocina regional, convirtiéndose en un ingrediente habitual en una gran variedad de preparaciones, desde aperitivos hasta postres, consolidando su estatus dentro de la gastronomía local.

Entre ellos, un postre tradicional ha acompañado a generaciones, conocido popularmente como postre del abuelo. Esta receta sencilla destaca por la importancia de los productos autóctonos y por la capacidad de la cocina regional de generar sabores auténticos con mínima elaboración.

Su valor reside en la combinación equilibrada de pocos ingredientes y la ausencia de cocción, lo que permite disfrutar de un plato fresco y representativo de la tradición burgalesa, demostrando que la calidad de los elementos locales es suficiente para crear una experiencia gastronómica completa.

Receta e ingredientes

Para preparar este postre para cuatro personas se necesitan los siguientes ingredientes:

  • entre 400 y 500 gramos de queso fresco de Burgos
  • 100 gramos de nueces peladas
  • aproximadamente 125 gramos de miel.

La receta destaca por la facilidad de uso de los productos, sin necesidad de pasos complejos ni cocinado previo, manteniendo intacta la frescura y textura de cada elemento.

La preparación comienza cortando el queso fresco en porciones individuales, de manera que cada comensal reciba su ración directamente en el plato. Esta disposición inicial permite un montaje ordenado y facilita que los siguientes ingredientes se distribuyan de manera uniforme sobre el queso.

A continuación, se incorporan las nueces peladas, colocándolas sobre o alrededor de las porciones de queso según la preferencia. Este paso genera un contraste de textura y sabor con el lácteo, aportando un toque crujiente que acompaña la suavidad del queso y complementa el dulzor que se añadirá posteriormente.

Finalmente, se rocía el conjunto con miel, preferiblemente justo antes de servir para conservar la firmeza del queso y la frescura de los ingredientes. Esta acción aporta el equilibrio final entre dulzor y textura, completando un postre rápido, sencillo y representativo de la cocina burgalesa, listo para disfrutarse frío y sin complicaciones.