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La dimisión de Puente nunca ha sido el 'quid' de la cuestión

4 de noviembre de 2026 22:14 h

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Desde que se produjo el accidente de Urda parecería que no ha habido tema más presente en el escenario político que la dimisión del ministro Óscar Puente. Apenas si se ha hablado y escrito de otra cosa durante los seis días transcurridos desde el accidente hasta la comparecencia a petición propia del ministro en la Diputación Permanente del Congreso de los Diputados.

Y, sin embargo, mi impresión es que, aunque formalmente se ha estado hablando y escribiendo de la dimisión del ministro, materialmente se ha estado haciendo algo distinto: intentar conseguir lo que se lleva intentando desde que empezó la legislatura: poner fin a la presencia de Pedro Sánchez en el sistema político, evitando que pudiera concurrir a las próximas elecciones como candidato a la presidencia del Gobierno en representación del PSOE. Formalmente, se apuntaba a Óscar Puente. Materialmente, se disparaba contra Pedro Sánchez. 

Óscar Puente no ha gastado ni un minuto de su tiempo en diseñar una estrategia para eximirse de la responsabilidad política por el accidente de Urda. Esto es lo que lo diferencia de la conducta de Federico Trillo en el YAK-42, de Ana Pastor en el accidente de Angrois o de Carlos Mazón por la dana o de Isabel Díaz Ayuso por los 'protocolos de la vergüenza'. Con más vidas perdidas en todas ellas que en el accidente de Urda.

Esta es la razón por la que el ministro compareció ante los medios de comunicación y dio respuesta a todas las preguntas que se le formularon por los diferentes periodistas de todos los medios de comunicación sin dejar de atender a ninguno de ellos. Y a continuación solicitó la comparecencia en la Diputación Permanente del Congreso de los Diputados para dar explicaciones ante los representantes de los diferentes grupos parlamentarios, oír sus críticas y responder a sus preguntas.

La traslación de la respuesta al accidente de la rueda de prensa a la sede parlamentaria es lo que para la derecha española ha resultado insoportable, cuando debería haber sido lo contrario. Para los parlamentarios de PP y Vox debería ser tan obvio, como lo ha sido para el ministro, que una rueda de prensa no es lo mismo que una comparecencia en la Diputación Permanente. Por mucho que sea el respeto que se tenga por los periodistas en el ejercicio de la función constitucional de transmitir información veraz, no puede equiparse su posición a la de los portavoces de los diferentes grupos parlamentarios que conjuntamente representan la soberanía nacional en el ejercicio de control de la acción de Gobierno. La cita del 3 de noviembre ha sido la forma que ha tenido el ministro de expresar su respeto a las víctimas de la tragedia y a sus familiares. Y de respeto también al Congreso de los Diputados. No había forma más solemne de hacerlo. 

No se hizo con las víctimas del YAK-42, con las del accidente de Angrois, con las de la dana de Valencia o con las de los 'protocolos de la vergüenza' de Madrid. Con algunas ha habido funerales de Estado, como los va a haber también con las del accidente de Urda. Pero un funeral de Estado no es, ni de lejos, comparable a una comparecencia parlamentaria en la que los representantes del “pueblo español” tiene la posibilidad de fijar su posición sobre lo ocurrido.  

De esto es de lo que se ha preocupado el ministro. Las familias de las víctimas y el conjunto de la sociedad disponen hoy de una explicación detallada de todo lo que se sabe de lo ocurrido por parte del ministro con las opiniones de todos los grupos parlamentarios. Tal vez se debería tomar como modelo para aprobar un protocolo de cómo se debe de proceder en el futuro.

La reacción de PP y Vox ante la respuesta parlamentaria únicamente resulta explicable si el objetivo no era Óscar Puente, sino Pedro Sánchez. La derecha española, en connivencia con algunos de los que fueron máximos dirigentes del PSOE, con el concurso de jueces y magistrados de diversos tribunales de varias comunidades autónomas, así como de la Audiencia Nacional y del Tribunal Supremo, lleva intentando conseguir a lo largo de toda la legislatura que Pedro Sánchez no sea el candidato a la presidencia del Gobierno en las próximas elecciones generales.

Hasta el momento no lo han conseguido, aunque lo han intentado en este final de legislatura con Ceuta y han entrevisto la posibilidad de hacerlo con Urda. Para ello la figura de Óscar Puente era un obstáculo. Una dimisión sin explicación en sede parlamentaria del accidente por el ministro, permitía trasladar la responsabilidad inmediata del accidente al presidente del Gobierno, al que tal vez se le hubiera exigido que compareciera ante la Diputación Permanente con carácter urgente. Ya que no podemos impedir que se presenta, ensuciemos su figura lo más posible inmediatamente antes de que empiece la campaña electoral. 

La decisión, impecable desde un punto de vista político-constitucional de Óscar Puente, de comparecer y dar explicaciones en sede parlamentaria y después dimitir ha frustrado la estratagema del PP.

Las reacciones posteriores de los dirigentes del PP están dejando clara su frustración. En un corte en Hora 14 de la SER he oído que Alberto Núñez Feijóo ha calificado la dimisión en sede parlamentaria de Óscar Puente como la “forma más indigna” de dimitir. 

¿Qué entenderá Núñez Feijóo por dignidad?