La retirada de obras de arte vinculadas a la izquierda y a los movimientos sociales enciende las protestas frente al Museo Nacional de Colombia
El Museo Nacional de Colombia abrió sus puertas el pasado jueves con una sorpresa para sus visitantes: espacios vacíos en tres salas de exposición. El motivo: la retirada de más de treinta obras, relacionadas con los movimientos feministas y LGTBI, las víctimas de la violencia política y el acuerdo de paz firmado en 2016 entre el Estado colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
Una acción que responde a la “contrarrevolución cultural” que el nuevo presidente del país, Abelardo de la Espriella, anunció en su visita al Ministerio de Cultura la semana pasada, donde ordenó a la ministra Paola Holguín a eliminar de los espacios públicos las representaciones que considera “apología del terrorismo”.
Entre las piezas retiradas estaban una bandera del orgullo perteneciente a la activista Elizabeth Castillo, un afiche de la campaña presidencial de Bernardo Jaramillo Ossa, candidato de la Unión Patriótica asesinado en 1990, y el llamado Balígrafo, una pluma elaborada a partir de una bala con la que se firmó el acuerdo de paz. El medio de comunicación colombiano La Silla Vacía ha elaborado un catálogo en el que pueden consultarse cuáles son las 47 obras y dónde se ubicaban dentro del centro.
“Instrumento de adoctrinamiento político”
Un día después, la ministra de Cultura de Colombia, Paola Holguín, defendió el retiro de obras alegando que la institución no puede servir como instrumento de “adoctrinamiento político” ni difundir versiones sesgadas de la historia.
“El Museo Nacional, como parte del Estado, tiene el propósito de conservar, restaurar, proteger y socializar nuestra cultura”, escribió Holguín en su cuenta de X en respuesta a informaciones periodísticas que daban cuenta de la retirada de 30 objetos relacionados con el feminismo, el movimiento LGTBI y los conflictos armados en el país.
En ese sentido, añadió que la vocación institucional del museo “no consiste en servir como instrumento de adoctrinamiento político, foco de difusión de versiones sesgadas de nuestra historia, ni mucho menos en medio multiplicador de la agenda gubernamental”. Ni tampoco un “espacio de apología al delito o revictimización”.
Varios jóvenes pegan copias de las obras como protesta
Una docena de jóvenes pegó este sábado frente al Museo Nacional en Bogotá copias de las obras que mandó retirar del centro el Gobierno de Colombia, para protestar contra lo que consideran un intento de borrar parte de la memoria histórica del país. Entre ellas, LATEREM, El Bloque Nos Une, del artista Sergio Mendoza.
“Si quitan 30 piezas, las vamos a pintar la mayoría de las veces que podamos en la calle”, dijo a EFE Alejandro, estudiante de Antropología que participó en la acción y también en el plantón “pacífico” y “cultural” con el que bloquearon una parte de la carrera séptima, una de las principales vías de la capital.
Este joven explicó que las piezas retiradas estaban relacionadas con los derechos de las mujeres, las comunidades LGBTI y la historia de los pueblos negros e indígenas: “A través de esta intervención artística buscamos defender la memoria, defender la historia de nuestro pueblo”.
La Policía antidisturbios intervino la protesta, cuyo despliegue fue considerado por autoridades como “innecesario y desproporcionado”, con cerca de 500 personas que se manifestaron frente al museo para rechazar la retirada de las obras.
Por su parte, la defensora del pueblo, Iris Marín, expresó su preocupación por el despliegue policial y señaló que, según el reporte recibido, la manifestación había transcurrido de manera pacífica.
“Estas afectaciones, por sí solas, no justifican la intervención de la Fuerza Pública ni la disolución de una manifestación. Expresamos nuestra preocupación por el excesivo despliegue que (…) consideramos innecesaria y desproporcionada frente al carácter pacífico de la manifestación”, expresó en X.
Asimismo, la exsenadora María José Pizarro denunció que miembros de antidisturbios vestidos de civil grabaron a los asistentes desde el inicio del plantón, y según afirmó, entre los participantes había niños, adultos mayores, mujeres y jóvenes, y consideró injustificada y desproporcionada la violencia empleada.
Rechazo de otros museos colombianos
Por su parte, varios museos de arte moderno de Colombia expresaron en una declaración conjunta su “profunda preocupación” por la retirada de obras y objetos del Museo Nacional “por razones ideológicas” y pidieron a la ministra de las Culturas, Paola Holguín, que garantice la autonomía de estas instituciones.
Los firmantes, entre ellos el Museo de Arte Moderno de Bogotá (Mambo), el de Barranquilla, el de Cartagena y el de Medellín, defendieron que los museos deben permitir conocer la complejidad de la historia, incluso aquellos aspectos que resultan incómodos, y señalaron que retirar obras de la mirada pública “empobrece nuestra capacidad de comprendernos como sociedad”.
“Ningún gobierno debería decidir qué podemos ver de nuestra historia según sus afinidades políticas, ni imponer una versión que suprima las demás”, afirmaron. Los museos también pidieron una revisión pública y fundamentada de las decisiones adoptadas, con la participación de los equipos curatoriales y de las comunidades vinculadas a las piezas retiradas.
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