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Opinión

El cine subvencionado que odia la derecha española conquista el resto del mundo

9 de abril de 2026 22:15 h

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Cualquier noticia sobre el cine español, y especialmente si afecta a cineastas que se mojan en asuntos políticos y sociales (con Pedro Almodóvar a la cabeza), se llena de insultos cada vez que se comparte en redes sociales. Da igual que sea una crítica, una entrevista… siempre ocurre lo mismo. Los adjetivos no son muy variados. Abundan los insultos despectivos y faltones, pero sobre todo se recurre a la palabra favorita de los haters del cine español: subvencionados.

La palabra, usada como insulto, tiene ya tiempo. Fue la derecha española, con el PP a la cabeza como venganza por el posicionamiento del cine español en el 'No a la guerra' del 2003, quien comenzó un acoso y derribo. Colocar al sector como unos jetas mantenidos fue su principal batalla. Lanzaron un mensaje en sus votantes: que el cine español no lo veía nadie, no interesaba a nadie y lo pagábamos todos con nuestros impuestos.

Nunca les dijeron que España ha sido, históricamente, uno de los países que menos dinero público ha dado a su industria del cine; que los rodajes y las películas devuelven con creces en forma de impuestos y contratos lo que reciben del estado, o que hay otros muchos sectores (como el automovilístico) que reciben muchísimo más dinero sin que nadie se lo eche en cara. Por supuesto nunca se les pasó por la cabeza dejar claro que la cultura no debería regirse por un principio de rentabilidad.

Desde hace unos años, y empujados por una extrema derecha que recupera esos viejos mantras, la derecha ha vuelto a retomar la virulencia contra el cine español. Lo ocurrido en los últimos meses lo deja claro: la aparición de Juanma Bajo Ulloa en Horizonte denunciando que el cine español estaba regido por la agenda woke y castigaba a quien saliera de ella; y el estreno de Torrente Presidente han tensado la cuerda. 

Las últimas semanas han sido un hervidero de insultos al cine español y a las subvenciones. Todos y cada uno de los videopodcast de los popes de la derecha cultural mediática han realizado especiales cargando contra el sistema de ayudas. Según ellos el cine español no le importa a nadie y no debería recibir dinero público. Da igual que los argumentos de Bajo Ulloa no fueran ciertos. Incluso les ha dado igual que el propio Santiago Segura haya repetido una y otra vez que está a favor de las ayudas públicas. De hecho, aunque esta entrega de Torrente no la haya recibido, las anteriores sí la tuvieron y casi todas las películas producidas con su empresa la tienen. 

Las noticias que llegaron desde el Festival de Cannes le quitan, de nuevo, la razón a esa derecha reaccionaria. España es, después de Francia y junto a Japón, el país que más películas tiene elegidas en la Sección Oficial del festival más importante del mundo. Cada año se presentan miles de títulos que aspiran a entrar en un selecto club que escoge lo mejor de cada añada. Este 2026, de los 21 elegidos tres son españoles. Un 14,2% han sido producidas aquí…. Y sí, con dinero público. Todas y cada una de ellas tiene dinero de las subvenciones al cine español. Amarga Navidad, de Pedro Almodóvar obtuvo un millón, la misma cantidad que La Bola Negra, de Javier Calvo y Javier Ambrossi. El ser querido, de Rodrigo Sorogoyen, 1,2 millones. Por cierto, Amarga Navidad ya ha recaudado en la taquilla española más del doble de lo que recibió.

Es irónico que mientras el resto del mundo se rinde al cine español, en España la mitad del país les ataque por lo que es parte de su éxito. Para que películas como estas existan es necesario que sean apoyadas por el Estado, y también que haya productores y plataformas como Movistar Plus+ que entren en su creación. Para que talentos como los de Sorogoyen y los Javis puedan dar rienda suelta a sus ideas debe haber un Ministerio de Cultura que apueste por el cine que triunfa fuera. 

La elección de Cannes es un apoyo sin fisuras a las políticas públicas españolas y al cine que se está haciendo. Hasta el propio Thierry Fremaux hizo un parón en el anuncio de la Sección oficial de Cannes para hablar del gran momento del cine español. “Hay un movimiento en el cine español. Está encontrando la forma de sacar adelante películas con buenos presupuestos y se está notando”, dijo. Esa forma es con un apoyo claro desde lo público. 

También se acordó de que Carla Simón estrenaba justo esta semana Romería en Francia. Porque ahí está el otro dato que mata el relato de que el cine español no interesa a nadie. No es solo Cannes, un grupo de cinéfilos desde su atalaya, es que el resto del mundo quiere ver cine español. Las películas se venden a todos los países. Unas ventas internacionales que hacen muy rentables a los filmes. Sirat lleva recaudados casi 13 millones de dólares en todo el mundo. Almodóvar, en su carrera, lleva más de 530 millones de dólares recaudados, la más alta para un cineasta que rueda en español, como recordaba hace poco el analista Pau Brunet desde su perfil en X. 

Ayer fue un buen día para el cine español, y uno muy malo para aquellos que llevan meses resucitando con fuerza los mantras del pasado. El cine español, el cine subvencionado, gusta y mucho. Lo de ayer debería hacer que se refuerce el apoyo público a la producción. Porque el cine español es Torrente, pero también es Almodóvar, Carla Simón, los Javis y Sorogoyen.