Entrevista
Lolita Flores: “Tengo 68 años. Esta es mi cara y estas son mis arrugas, y la arruga es vida”
El Goya que ganó en 2003 por Rencor vigila desde una estantería de la casa de Lolita Flores. De alguna forma hay un hilo que une aquel personaje con el que la trae de nuevo al cine 23 años después. Entre medias unos cuantos papeles, pero ninguno que nos hubiera devuelto a esa actriz pasional, de puro instinto y fuerza torrencial. Hasta ahora. El encargado ha sido David Ilundain, que vio en ella todo lo que necesitaba para dar vida a Chusa, la matriarca de Son Canal, un poblado que es el epicentro del narcotráfico de la isla donde ella maneja el negocio en Mallorca Confidencial.
Pero su Chusa es mucho más. Es una mujer que se deja la piel por los suyos, que intenta, a su manera, dar una vida mejor a su familia y amigos, y que hasta se enfrenta a la especulación inmobiliaria que quiere echar al poblado gitano de unos terrenos que empiezan a valer mucho dinero en una época donde el ladrillo empezaba a ser un bien demasiado preciado.
Lolita habla sin tapujos. Deja claro que no ha hecho más cine porque no le han ofrecido nada que le gustara, y toca madera porque este papel le traiga las mismas alegrías que el de la película que hizo junto a Miguel Albadalejo. Abre las puertas de su casa a elDiario.es para hablar del filme, que ya se puede ver en salas de cine, pero también de su carrera, de prejuicios, vivienda o su familia.
Mallorca Confidencial está basada en un personaje real, una matriarca de la droga…
Es un personaje que puede estar en cualquier poblado de cualquier parte del mundo, no solamente de España. Sí, hay mujeres que por situaciones en la vida, que se quedan viudas o que no tienen otros recursos, tienen que sacar su familia adelante y bueno, tienen que hacer ese oficio que es vender muerte, como yo digo siempre. Pero que sea realmente la vida de alguien en particular… no lo creo. Puede que el guion se haya basado en hechos reales, pero no es precisamente la vida de esa persona.
Es un personaje que es muchas más cosas que una traficante. Es un retrato más poliédrico.
Sí. Lógicamente, la quieren echar de su tierra, de su poblado. Eso ya lo hicieron los americanos con los indios hace muchos años. Aquí quieren coger terreno para edificar o para hacer centros comerciales. Igual que nos quitan teatros para hacer oficinas o para hacer otro tipo de cosas. La gente especula un poco con el terreno y en ese caso quieren quitar ese poblado, quieren que los gitanos se vayan de sus casas para poder edificar y lucrarse de alguna manera. Entonces ella lucha por su familia, lucha por su gente y lucha por ella misma también.
Ese tema de la vivienda trae la película al presente, a ese problema de la especulación. Como si dijera que de aquellos polvos estos lodos.
Claro. Date cuenta de que todo es una rueda. Empezó en aquella época, pero ahora los fondos buitres existen y hay mucha gente que no puede pagar un alquiler, que no puede pagarse un piso. Y es todo por eso, porque han subido muchísimos alquileres y porque se especula muchísimo. La gente tiene derecho a una vivienda digna.
¿Qué pensó cuando leyó el guion?, ¿le dio miedo que se perpetuaran estereotipos hacia los gitanos?
Yo creo que eso es la mente de cada persona. Los gitanos ya hoy en día estudian, saben idiomas, saben de leyes, son políticos, son arquitectos. Mi raza ya no está excluida, está incluida en la sociedad. En la viña del Señor, hay de todo, pero no solamente son los gitanos los que venden droga. Hay mucha gente que no es gitana, que se dedica a vender drogas, a vender muerte.
La película comienza con un personaje contando ‘chistes de gitanos’ que muestran esos prejuicios, ¿han cambiado?
Eso tendrías que preguntárselo a la gente. Yo creo que todo se basa en la educación. Lo he dicho siempre. Depende de que tú críes a tus hijos con la mente abierta, con la libertad de ver gitanos, árabes, chinos, rusos y de cualquier etnia o cualquier raza, y que los trates como a un igual porque son iguales que tú. Con un color diferente a lo mejor, pero son seres humanos igual que tú y que yo. Depende mucho de la educación.
Habla mallorquín en la película, ¿ha sido el mayor reto?
Para mí no ha habido ningún reto, es decir, para mí simplemente ha sido hacer un papel dignamente, con todo el respeto del mundo, porque soy de raza gitana. Yo soy una gitana privilegiada, me he criado en otro ambiente, me han dado una educación y no he tenido que dedicarme a otra cosa nada más que cantar y bailar. Y ahora soy actriz. Pero mis padres no venían ninguno de la pata del Cid. Es decir, han tenido que luchar mucho para darnos a sus hijos una educación. Yo soy una gitana que he tenido en el colegio algún racismo que otro cuando era más pequeña, pero hoy en día yo creo que ya está la cosa muy, muy tranquila.
Me parece curioso lo que ha mencionado, que incluso siendo privilegiada, incluso siendo hija de quien era, de pequeña sí que ha sufrido racismo.
Claro, era otra época también en el colegio. De hecho, hace poco se vio en la televisión que había padres que no querían llevar a sus niños al colegio porque no sé si eran marroquíes los que estaban o eran gitanos. Es decir, que todavía existe, desgraciadamente. Sigue habiendo esa rueda. Y te vuelvo a decir, creo que es educación, ignorancia. La falta de la ignorancia te puede llegar a muchas cosas, al miedo, a la incertidumbre, al no conocer a la persona que tienes al lado, simplemente porque tengo un apellido diferente al tuyo o porque tenga un color distinto o incluso una religión diferente.
No se ha prodigado mucho en el cine, ¿ha habido muchos noes o no ha habido tanta oferta como se pudiera pensar?
El problema es que no me han llamado. No ha habido ofertas, porque si hubiera habido muchas ofertas hubiera hecho mucho cine. Lógicamente, ha habido alguna, pero no me ha cuadrado o por fechas o porque el guion no lo veía para mí. Pero realmente no he tenido tantas ofertas de cine.
No fue su primer papel estrictamente, pero sí que de alguna forma entra con ese personaje de Rencor que es arrollador.
Sí, es un poco arrollador como esta Chusa. Las dos empiezan con 'Ch'. Chelo Zamora, que era la de Rencor y esta que es Chusa, en Mallorca Confidencial. A ver si me trae suerte.
Mis padres no venían ninguno de la pata del Cid. Es decir, han tenido que luchar mucho para darnos a sus hijos una educación
Ese papel le dio un Goya. ¿Cómo recuerda ese momento que además fue en una gala histórica?
Sí, la del ‘No a la guerra’, cuando estábamos todavía con el PP de Aznar y fue el 'No a la guerra'. Lo recuerdo con mucha emoción. Me lo dio Javier Bardem y fue algo maravilloso. Está ahí, mi Goya —señala con la mirada la estantería donde se encuentra— y bueno, no me importaría tener otro.
Este año la hemos visto también de alguna forma en el documental de Flores para Antonio. Cuando entrevistamos a Alba Flores le preguntamos si el arte está en los genes, porque toda la familia ha acabado dedicándose a ello.
Bueno, venimos de una familia de arte. Mi padre, mi madre, mi tía… todos somos artistas. Yo creo que el arte viene en los genes, lo que pasa que luego también tienes que estudiar y tienes que perfeccionarlo. No vale con decir, “venga, ya está, ya sé cantar y bailar o sé hacer cine o teatro”. Tienes que estudiar y hacerlo bien. Entonces no todo el mundo que viene de una familia con arte en las venas son artistas.
¿Cómo ha vivido la llegada del documental? Siento que es pudorosa, que no le gusta en exceso hablar de su vida privada.
Bueno, eso lo ha hecho Alba. Yo creo que la familia Flores no somos tan herméticos. Al contrario, yo creo que desde mi madre, que ha expuesto a sus hijos, su familia, sus hermanos… Hemos sido gente muy mediática y gente muy popular. Lo que ha hecho Alba no es extraño. Una cosa es tu vida personal, privada, tus amores, tu vida, que eso sería un reality y yo realities no he hecho ni creo que los vaya a hacer. Pero hacer un documental como el que ha hecho ella… Creo que era necesario, sobre todo para mi sobrina, y si es necesario para mi sobrina, vamos todos de cabeza.
¿No han sentido que era reabrir la herida de alguna forma?
Era un documental de sanación y para ella ha servido para eso.
¿Pesa mucho el apellido Flores?
Yo creo que le pesará más a la gente. A mí no me pesa nada en absoluto. Yo estoy muy orgullosa de llamarme González Flores, aunque artísticamente soy Flores porque es más corto y porque los Flores somos los Flores, aunque el González también lo tenemos muy arraigado en nuestras venas y orgullosísima de mi padre.
En cine no ha tenido tantos papeles, pero en teatro sí, ¿siente que allí le han ofrecido papeles más diversos?
No he parado de hacer teatro. Empecé con Ana en el Trópico en 2005 y estamos en 2026. Llevo 21 años. De ahí pasé a La Plaza del Diamante. Hice un Don Juan Tenorio en Alcalá de Henares en verso, hice Asamblea de mujeres, Fedra, Poncia, Prefiero que seamos amigos, Llévame hasta el cielo… En fin, he hecho ya unas cuantas, sí. Y además temporadas largas.
¿Y qué le ha ofrecido el teatro, aparte de una continuidad como actriz?
El directo. Ahí sí que no hay planos. Ahí si te equivocas, amigo mío, te has equivocado y tienes que tirar para delante. Eso es esencial. Yo creo que para cualquier actor eso significa medirse con uno mismo, pisar una tabla y tener a la gente enfrente en directo.
Decía hace poco Aitana Sánchez Gijón dice ahora que se habla tanto de inteligencia artificial el cine a lo mejor aguanta, pero el teatro aguanta seguro.
Yo espero que el cine también aguante. La inteligencia artificial está bien para preguntarle cosas, pero yo creo que el ser humano encima de unas tablas, haciendo teatro, haciendo cine, haciendo televisión… La energía que te da un ser humano no te lo va a dar nunca una inteligencia artificial, por muy bien hecha que esté. Así que yo espero que no nos cambien por inteligencia artificial. La inteligencia está muy bien para aprender, pero nunca para sustituir.
Me imagino que el teatro también es físicamente muy exigente.
Sí, es cansado, pero igual que el cine. El cine, aunque haces diferentes cosas todos los días porque las escenas cambian, te tienes que levantar también muchas veces a las tres de la mañana y estar a lo mejor hasta las seis de la tarde. Es decir, que es cansado. Pero si es tu profesión y es lo que te gusta, pues lo haces con muchas ganas.
Después de esas giras tan intensas, ¿no se plantea un parón?
Hombre, sí. Tendré un mes de vacaciones como todo el mundo. Pero más allá de eso yo espero no tener parón. No me gusta estar parada. A mí me gusta trabajar. Me aburro mucho cuando no estoy trabajando.
Le he visto en alguna entrevista haciendo una reflexión sobre envejecer que ha sido muy celebrada. Es llamativo que haya todavía que reivindicar eso.
Yo no he reivindicado nada. Yo tengo 68 años y esta es la cara y el cuerpo que tengo con 68 años. Lo único que le pido a Dios es salud. Mis arrugas, lo digo siempre, son mis llantos y mis alegrías, mis viajes y mis teatros, mis películas, mis canciones. Me han costado. La arruga es bella porque es vivencia. Es vivir. Y yo, gracias a Dios, he vivido mucho y espero seguir viviendo mucho.
Hacia la mujer siempre ha habido mucha presión. ¿Lo ha sufrido también?
Las modas de la sociedad dicen que hay que estar más delgada de lo normal, que hay que tener unos labios más gruesos de lo normal. Que hay que tener la cara superestirada, aunque luego las manos no se pueden operar. Yo creo que todo va en concordancia con la edad y con el físico que tú tengas y como tú te encuentres. Yo creo que la edad está aquí [se señala la cabeza] y aquí, en el corazón. Yo me veo una mujer todavía joven, aunque tenga la edad que tenga. Y lo único que quiero, ya te digo, es seguir estando así para ver crecer a mis nietos y a mis hijos y tener salud y punto. Y una arruga más, una arruga menos… bueno, intentaré usar cremas y buenos masajes. Que sean más bonitas. Que no sea una señora muy mayor, muy arrugada. Pero no soy una esclava de la moda ni de las cirugías ni de nada de eso.
¿Hay menos presión ahora?
La sociedad te presiona, internet te presiona, tienes que tener unas tallas, una cara, un pelo, unas uñas, unas manos… Como las Barbies. Y yo no soy la Barbie gitana, te lo aseguro.
Ha mencionado internet. También ha cambiado mucho el periodismo, las entrevistas, ¿lee lo que se publica sobre usted?
No. Porque muchas veces sacáis… Bueno te meto a ti porque eres periodista.
Puede incluirme.
Sacáis muchas veces cosas de contexto. Cosas que se han dicho dentro de una conversación. Por ejemplo, yo ahora mismo he dicho que no soy una Barbie gitana, pero no me meto con la Barbie, que fue una muñeca que adoré y que quise tener toda mi vida. Y no la tuve porque solamente las había en Estados Unidos. No me meto con nadie que quiera hacerse estética, al contrario, las aplaudo. Yo soy miedosa. Pero muchas veces eso se saca de contexto. Entonces “Yo no soy una Barbie gitana”, sería un titular.
Hombre es que sería un titular muy bueno, Lolita, no voy a mentir…
Ya, pero dilo dentro de un contexto, ¿no?
Entonces le da más miedo enfrentarse a una entrevista ahora que antes.
A mí sí. Sí me da más miedo. Me da más miedo hablar con el corazón, porque a veces tú hablas con el corazón y luego te sacan las entrañas.
Va con el freno de mano.
Yo ya voy con el freno de mano puesto. Pero no todos, te he metido a ti porque eres periodista, pero gracias a Dios todavía se puede hablar tranquilamente con periodistas y hacer entrevistas con gente que sabe preguntar o que sabe que la contestación que te da una persona está dentro de unos límites y de un contexto. Yo sigo hablando con el corazón porque soy así. Yo soy transparente. No podría ser de otra manera.