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Ricardo Darín busca “justicia, ética y moral” ante los crímenes de la dictadura en 'Argentina 1985'

Javier Zurro

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El cine es un arma para hacer memoria, para que la gente no olvide la historia. Es una forma de recordar, de dejar legado. Decía Pedro Almodóvar hace dos años, cuando presentó Madres paralelas en el pasado Festival de Venecia, que había incluido una frase de Mariano Rajoy jactándose de no dar dinero para la Memoria Histórica para que quedara grabada para siempre. Para que quedara escrita a fuego en la historia del cine en una de sus películas. Que quien la viera dentro de años recordara que hubo un presidente que se negó a abrir fosas y a ayudar a las víctimas del franquismo.

Política, historia y contradicciones de Palito Ortega, el rey de la música popular argentina

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El cine argentino no tiene miedo a hablar de la dictadura de Videla. De sus crímenes, de sus víctimas y hasta de sus consecuencias. Incluso cuando hablan de un tema contemporáneo siempre tiene un poso sobre las heridas que dejó en toda una sociedad. Sin embargo, ellos también tenían una deuda con su memoria. El cine no había tratado, todavía, el juicio a los militares de la dictadura. Un evento que dejó paralizado a un país que todavía tenía miedo y que miraba al futuro con ilusión. Argentina 1985 es una película que emociona, que entretiene y, sobre todo, deja clara la necesidad de poner luz en hechos del pasado para alumbrar el presente y el futuro. 

El día antes de la presentación de la película en el Festival de Venecia se producía el intento de asesinato de Cristina Fernández de Kirchner. Aquellas palabras del fiscal Strassera que se escuchan en el filme defendiendo que la violencia nunca puede ser la vía para hacer política sonaban más fuertes que nunca. Una película que pone los pelos de punta, y que a los españoles nos toca como si fuera nuestra. Aquí no se juzgó a Franco. El dictador murió en su cama y dejó todo atado y bien atado. En España nunca se han juzgado los crímenes del franquismo y una ley de amnistía hizo que se mirara para otro lado. Pero, precisamente en Argentina, la jueza María Servini instruye una querella contra algunos de los responsables de los crímenes franquistas.

Argentina 1985 es la película que nos gustaría tener en España, y su conexión con el público de aquí la deja clara el premio del público que ha recibido en San Sebastián con una nota de 9,14 sobre 10, la segunda más alta de la historia del festival. Su protagonista, Ricardo Darín, confiesa que todos los españoles le dicen que aquí esta película resuena más por la ausencia de juicio. “Todos me lo están diciendo. Lo que pasa es que si quisiéramos o intentáramos, lo cual no sé si tiene mucho sentido, poner en la balanza ambas historias, hay una diferencia de peso, no solo por número, sino por dimensión, por la cantidad de tiempo que fue necesario para cometer semejantes barbaries. El drama español es muy profundo y es entendible que cueste mucho levantar esa tapa porque hay mucho dolor ahí adentro. Mucho dolor. Es un dolor de décadas, y hay procesos que necesitan más maduración. A algunos les lleva más tiempo que a otros”.

Durante el rodaje de la película que ha dirigido Santiago Mitre, todos sentían que estaba haciendo algo importante. Los actores sabían “qué material teníamos entre manos”. Por si fuera poco rodaron dentro del Palacio de Justicia, en la misma sala donde se realizaron aquellos juicios y eso hizo que tomaran “conciencia exacta” de lo importante del tema que estaban tratando. Una película que conecta, y Darín tiene claro por qué: “Todo intento de reivindicación o búsqueda de justicia, ética o moral, puesto sobre la mesa, innegablemente tiene llegada”. 

El drama español del franquismo es muy profundo y es entendible que cueste mucho levantar esa tapa porque hay mucho dolor ahí adentro y hay procesos que necesitan más maduración

El punto de vista de la película hace que nadie pueda apartar la mirada. Nadie puede negar el dolor de aquella madre que tuvo que parir esposada y en un suelo mientras se reían de ella y la vejaban. Son testimonios reales de las barbaridades cometidas durante años y que durante el juicio se emitieron en televisión, logrando que la gente escuchara lo que muchos no querían ver. “Creo que se ha contado de una forma en que es muy difícil no subirte a lo que es la historia. Es como cuando nos cuentan un cuento que nos hace comprender exactamente qué es lo que se persigue. Los obstáculos que tuvo que atravesar y la dimensión y la importancia de su objetivo. Y yo creo que es prácticamente imposible que eso no tenga rebote y llegue a todas las partes del mundo”. Darín confiesa que cuando vio la película en San Sebastián y escuchó las risas y las lágrimas de la gente se dio cuenta de que esta película “te deja sonreír por momentos para que no te des cuenta de que estás llorando muy despacito y muy profundo”.

En Argentina 1985 es muy importante el tono que han imprimido Mitre y Mariano Llinás al guion, que se permite ser divertido e introducir notas de humor. Darín deja claro que eso ya estaba en el libreto que leyeron, pero que por su parte hubo un ejercicio para “no rechazarlo, no tener pudor, y en realidad es una tontería porque la vida misma es así, que estás en una situación hipertensa, dramática y ocurren cosas que te sacan”. “En términos de relato, creo que lo que ocurre en este caso es que funciona muy bien porque te permite respirar, te permite no llegar al agobio, desacraliza un poco algunas situaciones que lo permiten, y en otras no lo hace porque no cabe esa opción”.

Aunque la película la ha producido Amazon Prime Video, tanto en España como en Argentina llegará a salas. El actor se muestra nervioso por la recepción en su país, porque aunque la repercusión en los festivales ha sido excelente, “no hay nada más finito, por decirlo de alguna manera, que la repercusión que va a tener en Argentina, porque ahí todavía hay mucha gente que ha atravesado esa historia, esa realidad, y es importantísimo saber cómo los va a atravesar este relato”.

El cine es un arma para hacer memoria, para que la gente no olvide la historia. Es una forma de recordar, de dejar legado. Decía Pedro Almodóvar hace dos años, cuando presentó Madres paralelas en el pasado Festival de Venecia, que había incluido una frase de Mariano Rajoy jactándose de no dar dinero para la Memoria Histórica para que quedara grabada para siempre. Para que quedara escrita a fuego en la historia del cine en una de sus películas. Que quien la viera dentro de años recordara que hubo un presidente que se negó a abrir fosas y a ayudar a las víctimas del franquismo.

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El cine argentino no tiene miedo a hablar de la dictadura de Videla. De sus crímenes, de sus víctimas y hasta de sus consecuencias. Incluso cuando hablan de un tema contemporáneo siempre tiene un poso sobre las heridas que dejó en toda una sociedad. Sin embargo, ellos también tenían una deuda con su memoria. El cine no había tratado, todavía, el juicio a los militares de la dictadura. Un evento que dejó paralizado a un país que todavía tenía miedo y que miraba al futuro con ilusión. Argentina 1985 es una película que emociona, que entretiene y, sobre todo, deja clara la necesidad de poner luz en hechos del pasado para alumbrar el presente y el futuro. 

El día antes de la presentación de la película en el Festival de Venecia se producía el intento de asesinato de Cristina Fernández de Kirchner. Aquellas palabras del fiscal Strassera que se escuchan en el filme defendiendo que la violencia nunca puede ser la vía para hacer política sonaban más fuertes que nunca. Una película que pone los pelos de punta, y que a los españoles nos toca como si fuera nuestra. Aquí no se juzgó a Franco. El dictador murió en su cama y dejó todo atado y bien atado. En España nunca se han juzgado los crímenes del franquismo y una ley de amnistía hizo que se mirara para otro lado. Pero, precisamente en Argentina, la jueza María Servini instruye una querella contra algunos de los responsables de los crímenes franquistas.

Argentina 1985 es la película que nos gustaría tener en España, y su conexión con el público de aquí la deja clara el premio del público que ha recibido en San Sebastián con una nota de 9,14 sobre 10, la segunda más alta de la historia del festival. Su protagonista, Ricardo Darín, confiesa que todos los españoles le dicen que aquí esta película resuena más por la ausencia de juicio. “Todos me lo están diciendo. Lo que pasa es que si quisiéramos o intentáramos, lo cual no sé si tiene mucho sentido, poner en la balanza ambas historias, hay una diferencia de peso, no solo por número, sino por dimensión, por la cantidad de tiempo que fue necesario para cometer semejantes barbaries. El drama español es muy profundo y es entendible que cueste mucho levantar esa tapa porque hay mucho dolor ahí adentro. Mucho dolor. Es un dolor de décadas, y hay procesos que necesitan más maduración. A algunos les lleva más tiempo que a otros”.

Durante el rodaje de la película que ha dirigido Santiago Mitre, todos sentían que estaba haciendo algo importante. Los actores sabían “qué material teníamos entre manos”. Por si fuera poco rodaron dentro del Palacio de Justicia, en la misma sala donde se realizaron aquellos juicios y eso hizo que tomaran “conciencia exacta” de lo importante del tema que estaban tratando. Una película que conecta, y Darín tiene claro por qué: “Todo intento de reivindicación o búsqueda de justicia, ética o moral, puesto sobre la mesa, innegablemente tiene llegada”. 

El drama español del franquismo es muy profundo y es entendible que cueste mucho levantar esa tapa porque hay mucho dolor ahí adentro y hay procesos que necesitan más maduración

El punto de vista de la película hace que nadie pueda apartar la mirada. Nadie puede negar el dolor de aquella madre que tuvo que parir esposada y en un suelo mientras se reían de ella y la vejaban. Son testimonios reales de las barbaridades cometidas durante años y que durante el juicio se emitieron en televisión, logrando que la gente escuchara lo que muchos no querían ver. “Creo que se ha contado de una forma en que es muy difícil no subirte a lo que es la historia. Es como cuando nos cuentan un cuento que nos hace comprender exactamente qué es lo que se persigue. Los obstáculos que tuvo que atravesar y la dimensión y la importancia de su objetivo. Y yo creo que es prácticamente imposible que eso no tenga rebote y llegue a todas las partes del mundo”. Darín confiesa que cuando vio la película en San Sebastián y escuchó las risas y las lágrimas de la gente se dio cuenta de que esta película “te deja sonreír por momentos para que no te des cuenta de que estás llorando muy despacito y muy profundo”.

En Argentina 1985 es muy importante el tono que han imprimido Mitre y Mariano Llinás al guion, que se permite ser divertido e introducir notas de humor. Darín deja claro que eso ya estaba en el libreto que leyeron, pero que por su parte hubo un ejercicio para “no rechazarlo, no tener pudor, y en realidad es una tontería porque la vida misma es así, que estás en una situación hipertensa, dramática y ocurren cosas que te sacan”. “En términos de relato, creo que lo que ocurre en este caso es que funciona muy bien porque te permite respirar, te permite no llegar al agobio, desacraliza un poco algunas situaciones que lo permiten, y en otras no lo hace porque no cabe esa opción”.

Aunque la película la ha producido Amazon Prime Video, tanto en España como en Argentina llegará a salas. El actor se muestra nervioso por la recepción en su país, porque aunque la repercusión en los festivales ha sido excelente, “no hay nada más finito, por decirlo de alguna manera, que la repercusión que va a tener en Argentina, porque ahí todavía hay mucha gente que ha atravesado esa historia, esa realidad, y es importantísimo saber cómo los va a atravesar este relato”.

El cine es un arma para hacer memoria, para que la gente no olvide la historia. Es una forma de recordar, de dejar legado. Decía Pedro Almodóvar hace dos años, cuando presentó Madres paralelas en el pasado Festival de Venecia, que había incluido una frase de Mariano Rajoy jactándose de no dar dinero para la Memoria Histórica para que quedara grabada para siempre. Para que quedara escrita a fuego en la historia del cine en una de sus películas. Que quien la viera dentro de años recordara que hubo un presidente que se negó a abrir fosas y a ayudar a las víctimas del franquismo.

Política, historia y contradicciones de Palito Ortega, el rey de la música popular argentina

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El cine argentino no tiene miedo a hablar de la dictadura de Videla. De sus crímenes, de sus víctimas y hasta de sus consecuencias. Incluso cuando hablan de un tema contemporáneo siempre tiene un poso sobre las heridas que dejó en toda una sociedad. Sin embargo, ellos también tenían una deuda con su memoria. El cine no había tratado, todavía, el juicio a los militares de la dictadura. Un evento que dejó paralizado a un país que todavía tenía miedo y que miraba al futuro con ilusión. Argentina 1985 es una película que emociona, que entretiene y, sobre todo, deja clara la necesidad de poner luz en hechos del pasado para alumbrar el presente y el futuro.