El derrumbe del Palacio de los Hurtado: esplendor y caída de un edificio gótico abandonado a su suerte
“En 1949, cuando se cerró el casino, bajaron el piano de cola descolgándolo con poleas por el balcón”. El cronista oficial, José Ángel Márquez, rememora una de las anécdotas más populares en Almazán acerca del Palacio de los Hurtado de Mendoza, piedra angular del paisaje urbano de esta villa soriana (5.693 habitantes), que el martes por la mañana se despertó con el derrumbe de dos plantas y parte de la fachada posterior del edificio histórico.
Su antiguo uso como casino —en la época, era uno de los tres que había en el municipio—supuso uno de los escasos momentos en que los vecinos pudieron acceder al interior y disfrutar de algunas de sus estancias. Los propietarios de este conjunto gótico del siglo XV —que se amplió en el XVI en estilo renacentista— han mantenido cerrado al público cualquier tipo de acceso en las últimas décadas. Una circunstancia contraria a su declaración de bien de interés cultural (BIC) en 1991, una protección que obliga a los dueños a mostrarlo de forma regular. Ese hermetismo no ha mermado ni un ápice la devoción por “el palacio”, como lo conocen los habitantes de Almazán. “El derrumbe ha sido una tragedia”, reconoce Márquez, resumiendo la reacción de sus convecinos a lo ocurrido.
“El deber de mantenimiento es de la propiedad”, afirma Jesús María Cedazo. El alcalde de Almazán apunta a uno de los principales responsables del colapso. Aunque no el único. “Tendríamos que hablar también de lo poco ágiles que son las administraciones a la hora de exigir a los propietarios que cumplan con sus obligaciones”, añade. Ni a los dueños ni a la Junta de Castilla y León —que tiene las competencias de Patrimonio— les ha pillado el suceso del pasado martes por sorpresa.
Ya en 2024, la Junta instaló un soporte provisional que frenó los visibles problemas de estabilidad del edificio, después de que el Ayuntamiento alertara con insistencia de un riesgo inminente de desplome. “En estos dos años, se ha instado a la propiedad a que presentara la documentación de un plan de refuerzo y reconstrucción de esa fachada, pero no se ha hecho”, revela Cedazo. Ahora, el estado del inmueble sigue preocupando. “No hace falta ser muy entendido para ver que hay peligro en parte del tejado, en una de las arcadas y en el punto opuesto de la galería que ha caído”, reconoce el regidor, después de mantener una primera reunión con los técnicos de Patrimonio para evaluar los daños.
Entre los vecinos cunde la desazón. “El palacio es el mejor edificio civil de Almazán”, valora el cronista José Ángel Márquez. “Está cargado de historia”, añade. No solo porque fue construido por los Hurtado de Mendoza, una poderosa familia nobiliaria que ostentó el señorío de Almazán desde finales del siglo XIV hasta principios del XIX. Uno de los hitos más llamativos fueron las visitas de los Reyes Católicos, que residieron en el palacio durante meses.
Márquez señala además que Juan, el príncipe heredero, tuvo corte propia en la residencia de los Hurtado. “La reina quería que su hijo aprendiese tareas de gobierno y qué mejor que practicándolas”, precisa. El evidente peso histórico del lugar no ensombrece su valor artístico. “Lo más importante es la galería, del último gótico y con once arcos rebajados, con pilares fasciculados (formados por columnillas), típicos de finales del siglo XV”, describe el erudito. Cinco de esos arcos se han venido al suelo. También ha sufrido daños serios otro de los elementos de mayor categoría: el artesonado policromado que cubre la zona afectada. El interior del palacio ha quedado ahora completamente expuesto, con los escombros acumulados en la vía inferior.
La vista de Almazán, distorsionada
Y todavía hay un aspecto más que explica las espectaculares imágenes —por lo dramático— del derrumbe: la propia arquitectura. “Es un edificio muy bueno, con una fachada potente a la Plaza Mayor y, sobre todo, con esa galería volada por fuera de la muralla que mira al río”. El arquitecto Fernando Cobos sabe de lo que habla. Su estudio realizó el plan director de las murallas de Almazán, con actuaciones que han recuperado los últimos restos del antiguo recinto fortificado sobre el que se asienta el palacio, obras que han merecido reconocimientos internacionales.
Cobos destaca también la categoría de la fachada renacentista, incorporada durante la ampliación de las dependencias en el siglo XVI, y atribuye autoría y mérito a Bartolomé Carlone, arquitecto vinculado a la construcción del monasterio de El Escorial. A su juicio, lo ocurrido es “una pena” porque distorsiona “una de las imágenes importantes de Almazán”. Se refiere a la vista clásica que se obtiene desde el río Duero del palacio y la singular iglesia románica de San Miguel, justo al lado.
Cuestión distinta es qué papel puede (o debe) desempeñar hoy un inmueble de hace quinientos años. Sobre todo, si se tienen en cuenta sus dimensiones que, en el caso del palacio de los Hurtado de Mendoza, el cronista José Ángel Márquez calcula en cinco mil metros cuadrados. “Es una auténtica barbaridad”, juzga Fernando Cobos, quien se muestra categórico sobre la situación: “Mantener un edificio que no usas y que no genera ningún aprovechamiento es una ruina”.
Pero hay más. La dificultad se agrava cuando la propiedad pasa de generación en generación, y las distintas ramificaciones familiares heredan sus partes. El número de propietarios, entonces, va creciendo con el tiempo. “La herencia se puede dividir, pero el edificio es único”, precisa el arquitecto. “Si lo partes en trozos, lo estás destrozando”, apuntilla. En el caso de Almazán, el edificio gótico original —el que ha sufrido el derrumbe— está en manos de tres familias diferentes. Una circunstancia que tampoco facilita la inversión y la conservación del inmueble. El otro problema es permanecer cerrado. “La zona que se ha hundido lleva veinte o treinta años sin usarse”, informa Márquez. En cambio, la familia propietaria de la parte renacentista la mantiene en uso y perfecto estado de revista, según el cronista.
El edificio gótico original, el que ha sufrido el derrumbe, está en manos de tres familias diferentes. En cambio, la familia propietaria de la parte renacentista la mantiene en uso y perfecto estado de revista
Es aquí cuando emerge la figura del Ayuntamiento de Almazán. Al fin y al cabo, puede que el colapso sirva para desbloquear una situación enquistada. “Espero que este suceso lamentable sea el principio de algo que debería haber pasado hace años”, reflexiona Jesús María Cedazo. El alcalde se refiere a la posibilidad de que el municipio adquiera el inmueble afectado, algo que alguna de las familias con las que ha hablado Cedazo vería ahora con buenos ojos. La operación, junto con la necesaria restauración, tendría un coste millonario, y precisaría del apoyo de otras administraciones.
Pero ¿qué haría la villa con él? “Tiene que haber un uso mixto”, sostiene el regidor: espacios públicos junto a servicios o negocios de carácter privado. “El palacio debe ser un catalizador de la hostelería y la restauración de la comarca y de la provincia”, plantea Cedazo, quien reconoce que ya ha tenido “conversaciones con responsables del Gobierno de España para que apoyen un proyecto que no puede perderse”. La idea de transformar la residencia de los Hurtado de Mendoza en parador de turismo, por ejemplo, no es ninguna novedad. Entretanto, las instituciones instarán a la propiedad a valorar si pueden presentar un plan viable de conservación, mientras se estudia cómo reconstruir las estancias afectadas por el derrumbe.
La integridad del edificio, una prioridad
En el caso de optar por la transformación en hotel, el arquitecto Fernando Cobos sitúa la conservación del palacio como prioridad fundamental. “He visto rehabilitaciones de palacios maravillosas, que generan hoteles preciosos, pero también he visto otras horribles, que trocean las galerías para sacar habitaciones”, reconoce el especialista. Para evitar ese resultado no deseado, la solución debe arrancar en “un buen proyecto con soluciones razonables que permitan mantenerlo”, según Cobos. La conversión en alojamiento estaría entre ellas. Al fin y al cabo, los palacios —a diferencia de los castillos— ya fueron lugares residenciales, como los monasterios.
Hay iglesias románicas que se están cayendo, palacios que se vienen al suelo… y aquí no pasa nada
Aunque la situación de Almazán no es nueva ni única. El arquitecto Fernando Cobos ha encontrado en Castilla y León numerosos casos similares, con “palacios que sobreviven de mala manera”. El fenómeno de la despoblación, unido a la falta de dinamismo económico de estas zonas, pone contra las cuerdas el futuro de muchos de ellos: “Hay palacios increíbles en pueblos que tienen ocho habitantes”. Conocedor y consciente del problema, el cronista José Ángel Márquez apunta a las políticas y los políticos como responsables, con una visión no del todo optimista. “Hay iglesias románicas que se están cayendo, palacios que se vienen al suelo… y aquí no pasa nada”.