Entrevista

Miriam Garlo: “Las personas con discapacidad importamos si somos unas campeonas, pero no si tenemos un mal día”

“Ninguna persona sorda es muda, tenemos identidad y voz propia”. Estas fueron las palabras con las Miriam Garlo protagonizó uno de los momentos más emocionantes de los últimos Premios Goya, en los que fue reconocida como la Mejor actriz revelación. Una noche en la que hizo historia por convertirse en la primera intérprete no oyente en obtener el galardón por su trabajo en Sorda, la ópera prima de su hermana, Eva Libertad, que mostró las barreras sociales a las que se enfrenta una mujer sorda que quiere ser madre.

Año y medio después de su estreno, Garlo sigue expandiendo su universo creativo –es doctora en Bellas Artes, y también pinta y fotografía– con Volar con un ala rota (Roca Editorial), su primera novela. En ella, a través del personaje de Saika, ha reescrito su propia historia, desde la infancia en la que en el colegio le decían que era “despistada” en vez de entender las limitaciones de la sordera, o cómo decidió, pasados los treinta, aprender la lengua de signos. “Que las personas sin discapacidad nos usen como referentes para decir 'si ella puede, tú también' es muy peligroso”, afirma.

¿Cómo es posible que en el colegio se tache de “despistada” a una persona que no tiene la misma capacidad auditiva que el resto?

Tenemos un sistema educativo que todavía no está todo lo bien que debería, y por el que hay que seguir apostando, y además desde lo público, porque es el que va a responder por la diversidad del alumnado. Hay muchas carencias. Falta mucha pedagogía, mucho acompañamiento y entender. Hay que entender la identidad sorda. Los docentes tienen que comprenderlo para acompañar al alumnado teniéndole respeto. El sistema educativo debería ser un poquito más competente y subir el rigor y el cariño.

Nadie recomendó a sus padres que acudieran a alguna institución especializada en personas sordas para saber cómo podían ayudarla y generar red. ¿No es sorprendente que no surgiera ni desde el colegio?

De un tiempo a esta parte están conviviendo dos filosofías muy diferentes en torno a la sordera en las aulas. Una apuesta más por considerarla desde un punto de vista biomédico, como más científico. Pretende sanarte con tecnología, una operación, un implante. Llevarte por un sistema educativo para oralizarte y que aprendas a hablar, porque se piensa que eso va a ser lo mejor para ti porque va a ser más fácil que te adaptes.

Hay otro punto de vista, que se aprende o no más adelante, dependiendo si tienes cerca personas con identidad sorda que hayan formado parte de asociaciones o hayan entrado en el movimiento sordo que hay en España; que saben que hay una cultura sorda, con una identidad, una historia, unas costumbres y unas tradiciones.

Una información que a ti como persona que no oye bien te coloca en otro lugar, porque tú ya no estás ni rota ni enferma ni debes curarte. Sino que como tú y yo, hay más gente, y esa gente sale adelante, tienen su propia lengua y manera de estar en el mundo. Qué menos que concederte el derecho de que por lo menos les conozcas, te acerques, veas qué hay ahí y ya luego tú elijas. La libertad de poder decidir.

Esa sería una perspectiva antropológica de la sordera, que es mucho más rica, donde no tenemos que repararnos, sino exigir y demandar que se entienda que nuestros derechos tienen que cumplirse y que la accesibilidad no es un lujo.

Son las dos corrientes que están conviviendo. Hay mucha lucha entre ellas. En una, prima la lengua de signos porque así se respetan tus procesos cognitivos, y la otra está más vinculada a homogeneizarnos. La visión médica tiene más que ver con que la persona sorda se parezca más a la que no lo es, para que no tengas que cambiar cómo funciona un teatro, y puedan estar exactamente igual que el resto. Imagina que hacemos eso con todas las discapacidades, o cualquier persona que viene de fuera. ¿En qué nos convertimos? En una ciudadanía militarizada, y es horroroso. Es un planteamiento reduccionista.

La meritocracia que impera en el sistema excluye todavía más a las personas sordas o que no cumplan todos los supuestos requisitos para poder convertirse, por ejemplo, en la próxima astronauta.

Sí. No sé si conoces el término porno inspiracional. Viene de la pornografía, que es cosificar el cuerpo de las mujeres. En este caso es cosificar los cuerpos de las personas con discapacidad. En cuanto nos ponemos en la calle, nuestro cuerpo es político. Ya está haciendo activismo por las 800.000 adaptaciones que tienes que hacer en tu vida diaria para poder hacer lo que quieres hacer. Nadie las ve, pero tú sí las sientes. Eso genera un montón de cosas a tu alrededor.

Una de ellas es que la sociedad que no tiene discapacidad, te usa a ti como referente para decir “si ella puede, tú puedes”, “ánimo”, “no te vengas abajo que tú eres supervaliente y supercampeona”. Cuidado. Eso es muy peligroso, porque tú estás cogiendo a una persona cuya realidad es dura, que tú no vives ni te adentras en ella, como referente para lo que a ti te interesa. Y tú, como todas las personas, tienes muy malos días. No siempre estás “puedo con todo”.

¿Eso dónde lo compartes? ¿A quién le interesa? A la sociedad le interesa lo bueno, lo que va bien, lo campeón, pero cuando tú tienes un mal día no hay espacios donde puedas llorar, gritar, saltar, enfadarte y golpear cosas. De la discapacidad nos interesa y cogemos lo que queremos, lo que tiene pelito, para parecer peluchitos. Pues no.

Que las personas sin discapacidad nos usen como referentes para decir 'si ella puede, tú también' es muy peligroso

En su caso, que viene de ganar un Goya, ¿ha sentido que se le ha querido utilizar para esto?

Sí. Lo percibo bastante. Hay muchas estrategias de instrumentalización. Te ven como una herramienta para conseguir algo. Ahí yo tengo que poner límites y muchas veces decir que no, porque no tengo el día o porque hay una parte de mí que dice: “Vale, soy sorda, pero mil millones de cosas más”. Si me metes en esa cajita y no me dejas salir de ahí, estás coartándome mi libertad. La preocupación sobre si me van a encasillar como actriz, como artista, siempre está ahí. Ya veremos cómo voy transitando todo eso.

Nerea Pérez de las Heras cuenta que, tras el accidente por el que perdió parte de su pierna, lo peor han sido los trámites burocráticos. ¿Cuál ha sido su experiencia?

Las dificultades de las gestiones son de todo tipo. No puedes tener autonomía. Es ir al dentista, pasar la ITV, ir a la farmacia, ir al Ayuntamiento. Todo es un trago. ¿Cómo puede ser que un Ayuntamiento no haya un gabinete de discapacidad para adaptar todas las instituciones públicas a las personas sordas, que están en silla de ruedas, neurodivergentes. Si ya tenemos muchísima información, ¿por qué nos permitimos eso? ¿Por qué la prioridad es el dinero? Eso es lo que tenemos que revisar. Pero sí, esta es la realidad que tenemos y es frustrante, dolorosa y te hace sentir sola. E infantil.

Así que si luego vemos a personas con discapacidad que no son todo lo simpáticas que nos gustaría, preguntémonos si quizás hemos agotado su nivel de simpatía porque han tenido que dar muchas explicaciones muchas veces. Se les intenta convencer de que no pasa nada, de que lo suyo no es importante, de que no se enfaden. Y bueno, a lo mejor no eres tú quien tiene que decidir eso. Podemos acomodar los espacios mejor. No solo a una forma de ser, hay muchas.

Si vemos a personas con discapacidad que no son todo lo simpáticas que nos gustaría, preguntémonos si quizás hemos agotado su nivel de simpatía porque ha tenido que dar muchas explicaciones muchas veces

Acceder a la cultura es un derecho, ¿pueden ejercerlo las personas con discapacidad? ¿Usted puede improvisar ir por la tarde a ver la película o la obra que quiera al cine o al teatro?

No. Yo con mis amigas me encargo de buscar qué obras son accesibles, les digo a las que voy a ir y si quieren que les saque entradas; porque si no, no puedo ir. Ellas pueden ir a todas, pero yo no. Lo mismo pasa con el cine. Yo vivo en Murcia, donde solo una sala con cine subtitulado. Y las que subtitulan son las de Hollywood, no hay ni españoles ni de cine independiente. Yo no puedo decir “voy al cine” y eso genera sensaciones grises.

Estoy contenta porque se está avanzando en mejorar la accesibilidad, pero hay que revisarlo continuamente. Si no, se convierte en un check. Lo es en festivales y millones de eventos a los que voy, ese “esto ya lo cumplimos”. Pero espera, ¿se está haciendo bien? ¿Tienes a alguien en tu equipo que viva con ello y te diga si está funcionando o no?

Si voy a un festival, una sala de cine o lo que sea, y el escenario está en un sitio, pero me ponen a la intérprete lejos, como apestada, como aislada, eso nos afecta. No estamos formando parte del evento, pero tú estás cumpliendo la accesibilidad. ¿Cuánto de problema hay en que la intérprete esté en el escenario, yo pueda mirar y ver las dos cosas? Si sigue teniendo prioridad la gente que no lo necesita, estamos creando guetos. No estamos haciendo red.